Morena quiere Querétaro. Lo quiere como trofeo, como símbolo y como venganza contra un panismo que lleva 12 años en el poder estatal. El problema no es la ambición —legítima en cualquier partido—, sino que a un año de la elección, el morenismo queretano parece un rompecabezas al que le sobran piezas y le falta el diseño.
Las encuestas más recientes de Arias Consultores, levantadas en febrero de 2026, revelan un dato que debería encender todas las alarmas en la dirigencia guinda: 46.8% de los simpatizantes de Morena no sabe quién debería ser su candidato a la gubernatura Querétaro 2027. Prácticamente la mitad. Santiago Nieto encabeza las preferencias internas con 25.2%, seguido por Gilberto Herrera con 9.8% y Celia Maya con apenas 7.1%. En un escenario de careo directo contra el panista Felifer Macías, Nieto obtiene 29.7% frente al 42.6% del alcalde capitalino. La diferencia es de casi 13 puntos.
Pero las cifras son solo la superficie. Lo que hay debajo es más revelador —y más incómodo— para un partido que se presenta como la alternativa para la gubernatura de Querétaro.
Santiago Nieto: el "zar anticorrupción" que cayó por una boda en Guatemala
Santiago Nieto Castillo, originario de San Juan del Río, es licenciado en Derecho por la UAQ y doctor en Derecho por la UNAM. Su currículum es, en papel, impecable: fue titular de la FEPADE bajo Peña Nieto —de donde salió por denunciar presiones en el caso Lozoya— y posteriormente encabezó la Unidad de Inteligencia Financiera durante los primeros tres años del gobierno de López Obrador. Desde ahí se ganó el apodo de "zar anticorrupción" y se convirtió en uno de los funcionarios más mediáticos del sexenio. Hasta que se casó.
En noviembre de 2021, su boda con la consejera del INE Carla Humphrey en Antigua, Guatemala, se convirtió en escándalo nacional. La celebración —a la que asistieron empresarios, políticos panistas y funcionarios federales en jets privados— chocó frontalmente con el discurso de austeridad republicana del gobierno. López Obrador calificó el evento como "escandaloso" y, según diversas fuentes periodísticas, le pidió directamente que dejara el cargo. Nieto renunció esa misma noche. La secretaria de Turismo de la Ciudad de México, Paola Félix, también cayó en el mismo episodio tras viajar en un avión privado con 35 mil dólares no declarados del dueño de un periódico nacional.
Ahora Nieto busca regresar. Desde la dirección del Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI), ha construido una narrativa de cercanía con Querétaro: inauguró una oficina regional en El Marqués y ha trabajado con productores de mármol en Vizarrón y con la muñeca Lelé en Amealco. Asegura tener "otros datos" que lo colocan en empate técnico con el PAN y repite con insistencia que la alternancia en 2027 es "un orden natural de las cosas".
Lo que juega a su favor. Es el morenista más conocido en Querétaro. Todas las encuestas —RUBRUM, C&E Research, Massive Caller, Poligrama— lo colocan al frente de la contienda interna por la gubernatura Querétaro 2027 Morena. Tiene formación académica sólida y una narrativa de combate a la corrupción que conecta con el discurso nacional de Morena. Según Massive Caller, concentra 43% de las preferencias internas del partido.
Lo que juega en su contra. La boda de Guatemala no es un episodio menor. Es la demostración de que el hombre que persiguió el lavado de dinero desde la UIF celebró su enlace rodeado de los mismos actores que supuestamente combatía. Dos sexenios, dos renuncias forzadas por escándalo: salió de la FEPADE por el caso Lozoya y salió de la UIF por su propia boda. El patrón es inquietante. Además, no logró un escaño en el Senado en 2024, lo que sugiere que su popularidad tiene límites electorales concretos. Y hay un dato que pocos mencionan: destacó su ausencia en la reunión que los aspirantes de Morena sostuvieron con las dirigencias del partido, PT y PVEM apenas el 15 de febrero. Quien quiere ser candidato no falta a esas mesas.
Gilberto Herrera: el académico que controla Morena pero divide a la militancia
Gilberto Herrera Ruiz, nacido en la Ciudad de México en 1965, es un caso atípico en la política mexicana: científico de formación, exrector de la Universidad Autónoma de Querétaro, con doctorado en Hungría, más de 60 artículos publicados, patentes y el Premio de Investigación de la Academia Mexicana de Ciencias. Su salto a la política fue con Morena en 2018, cuando obtuvo un escaño en el Senado por primera minoría con 285 mil votos.
Pero en lugar de legislar, pidió licencia casi de inmediato para convertirse en "superdelegado" federal en Querétaro —coordinador estatal de los Programas de Desarrollo—, cargo desde el cual operó la distribución de programas sociales del gobierno federal. Actualmente es diputado federal por el Distrito 1 de Querétaro.
Herrera es, probablemente, quien más poder real tiene dentro de Morena en Querétaro. Controla la mayoría del consejo estatal del partido, lo que le permite influir en la designación de dirigentes y candidaturas. Este dominio ha generado una facción opositora interna conocida informalmente como "TUCOGIL" —Todos Unidos Contra Gilberto—, integrada por figuras como Luis Humberto Fernández, Sinuhé Piedragil, Santiago Nieto y Mauricio Ruiz.
Lo que juega a su favor. Su perfil académico le da credibilidad intelectual que otros aspirantes no tienen. Conoce la operación territorial de los programas federales en Querétaro como nadie, lo que le otorga una base de contactos en comunidades y municipios. Su discurso sobre el agua como derecho humano y su defensa de comunidades indígenas en Amealco y la Sierra Gorda le dan una agenda social diferenciada. Legisladores del PAN lo consideran un adversario serio.
Lo que juega en su contra. Las acusaciones del PAN no son gratuitas: el coordinador panista Guillermo Vega Guerrero lo señaló de tener "una fijación mental contra el PAN y una obsesión con ser candidato a gobernador", y de ser "el servidor público más caro que hemos tenido, sin resultados". Más allá de la descalificación partidista, lo grave es que el propio morenismo lo cuestiona. La existencia del TUCOGIL revela que su estilo de control interno genera rechazo entre sus propios compañeros. En las encuestas, sus números no pasan del 10% en preferencia interna y del 27% en los escenarios más generosos. Además, fue señalado por supuestamente incitar protestas en Peñamiller que terminaron con la toma de la presidencia municipal. Un candidato a gobernador asociado a conflictos sociales violentos es un riesgo que Morena debería calcular con cuidado.
Celia Maya: la eterna candidata que Morena no se atreve a jubilar
Celia Maya García, nacida en 1949, es la decana del morenismo queretano. Licenciada en Derecho y Contaduría Pública por la UAQ, con maestrías en Derecho Fiscal e Impuestos y doctorado en Derecho, fue magistrada del Tribunal Superior de Justicia de Querétaro durante 33 años, de 1985 a 2018. Su vínculo con López Obrador viene desde 2012, cuando ambos fueron candidatos del PRD.
Ha buscado la gobernatura de Querétaro en tres ocasiones: 2003 con 6.5% de los votos, 2015 con 5.6% y 2021 con 24.02%. Tres derrotas consecutivas ante candidatos panistas. También fue propuesta dos veces por López Obrador para la Suprema Corte de Justicia de la Nación. En ambas ocasiones, el Senado la rechazó sin otorgarle un solo voto a favor.
En junio de 2025, fue electa presidenta del Tribunal de Disciplina Judicial del Poder Judicial de la Federación, cargo que actualmente ocupa.
Lo que juega a su favor. Es la figura más reconocida de la izquierda histórica en Querétaro. Su persistencia le ha ganado lealtades entre la militancia de base. El factor género podría beneficiarla si Morena decide aplicar paridad y postular a una mujer, como ocurrió en la Ciudad de México en 2024 cuando Omar García Harfuch lideraba encuestas pero la candidatura fue para una mujer.
Lo que juega en su contra. Tres derrotas por la gubernatura son un expediente difícil de justificar ante un electorado que busca competitividad. Pero hay algo más delicado: durante su comparecencia en el Senado en 2019 para aspirar a la Suprema Corte, expresó posturas abiertamente contrarias a la adopción homoparental, argumentando que los niños en familias del mismo sexo sufrirían discriminación de sus compañeros. La declaración le valió cero votos y duras críticas de organizaciones de derechos humanos. Un partido que se presenta como abanderado de las libertades tendría que explicar cómo concilia esa narrativa con una candidata que expresó prejuicios contra la diversidad sexual desde una tribuna legislativa. Además, con 76 años cumplidos, el tema generacional también pesa en un electorado que demanda renovación.
¿Quién decidirá la candidatura de Morena en Querétaro?
La dinámica interna de Morena rumbo a la gubernatura Querétaro 2027 no se entiende sin tres factores que las encuestas no miden.
Primero, la fragmentación tribal. El morenismo queretano está dividido en al menos tres corrientes que no se toleran entre sí. El grupo de Herrera controla el aparato partidista. El de Nieto tiene visibilidad mediática y conexiones con el gobierno federal. Y un tercer bloque —Luis Humberto Fernández, Andrea Tovar, Astrid Ortega— opera desde cargos legislativos y municipales con agenda propia. La reunión del 15 de febrero con las dirigencias de Morena, PT y PVEM incluyó a Herrera, Ortega, la senadora Beatriz Robles y Fernández, pero no a Nieto. Esa ausencia dice más que cualquier encuesta.
Segundo, la decisión final no se tomará en Querétaro. Como en cada proceso de Morena, la candidatura se definirá desde la Ciudad de México, donde la presidenta Claudia Sheinbaum y la dirigencia nacional tendrán la última palabra. El precedente de 2021 es ilustrativo: Nieto y Herrera eran los favoritos, pero la candidatura fue para Celia Maya. En 2024, la historia se repitió en la Ciudad de México con García Harfuch. Morena tiene el hábito de sorprender a sus propias bases.
Tercero, el factor género. Si la dirigencia nacional decide que Querétaro debe postular a una mujer por razones de paridad, los tres aspirantes principales quedarían fuera. En ese escenario, nombres como Astrid Ortega, alcaldesa de Cadereyta; la senadora Beatriz Robles, o la diputada Andrea Tovar podrían emerger como opciones de compromiso. Sería un golpe para Nieto y Herrera, pero no sería la primera vez que el partido nacional pasa por encima de sus propios números.
El 46.8% de indecisos dentro de Morena no es señal de que el partido tenga demasiadas opciones buenas. Es señal de que no tiene ninguna que convenza del todo. Y esa es, quizá, la mayor ventaja que el PAN tiene rumbo a la gubernatura Querétaro 2027: no necesita ser perfecto, solo necesita que Morena siga siendo Morena.


















