El póker queretano: todos enseñan cartas, nadie muestra la mano
Querétaro entró oficialmente en modo electoral esta semana, aunque todos juran que todavía no. Es el ritual mexicano de siempre: nadie hace campaña, pero todos recorren colonias; nadie destapa candidatos, pero todos publican encuestas; nadie se adelanta a los tiempos, pero la app para registrarte ya está en camino. En cinco días, PAN, Morena, PRI y PVEM movieron piezas casi al mismo tiempo, como si alguien hubiera tocado un silbato que solo los políticos queretanos pueden escuchar.
Lo que sigue es el mapa de quién hizo qué, quién se lo cree y quién debería preocuparse.
El PAN y el arte de fingir que no hay favorito
Mauricio Kuri cerró la semana con la frase más ensayada del repertorio panista: pidió "muchísima unidad" y que cada aspirante "juegue donde más le conviene al equipo". Traducción libre: ya sé quién quiero, pero no me conviene decirlo todavía.
El gobernador llega a los últimos 18 meses de su sexenio con números de aprobación que provocan insomnio en la oposición, y con el control suficiente para dirigir la sucesión como quien afina una orquesta. Junto a Martín Arango —el dirigente estatal que esta semana repitió la palabra "ciudadano" tantas veces que casi se convierte en sustantivo propio— diseñará el método de selección. El coordinador de la bancada panista en el Congreso, Guillermo Vega, fue más directo que su jefe: dijo sin sonrojarse que la definición podría retrasarse para ver cómo arma Morena su jugada. Estrategia pura. O miedo disfrazado de paciencia.
Tres gallos, un corral
Felifer Macías lidera todas las encuestas publicadas, controla la agenda mediática desde la alcaldía capitalina con un presupuesto de más de ocho mil millones de pesos y tiene 39 años —edad que en la política queretana equivale a ser el nuevo de la oficina, aunque ya mande—. Su problema tiene nombre: chapulín. Si salta a la gubernatura antes de cumplir tres años en el cargo, sus rivales le van a colgar ese mote con estampa y moño. Y en Querétaro, donde la gente valora que le cumplan lo prometido, eso puede costar caro.
Luis Nava es el perfil que el PAN siempre ha premiado: leal, discreto, operador eficiente. Fue alcalde, hoy maneja Desarrollo Social desde el gobierno estatal y conoce cada engrane de la maquinaria kurista. Pero las encuestas lo tratan con la misma indiferencia que un segundo plato en banquete de gala: reconocen que está ahí, pero nadie lo pide primero. Su preferencia interna viene a la baja, y a estas alturas, remontar en un partido donde el reflector ya tiene dueño requiere algo más que experiencia: requiere un golpe de efecto que no se le conoce.
Agustín Dorantes senador, desde la Ciudad de México, impulsa la Ley Kuri, recorre universidades y se toma fotos con jóvenes. Todo muy bien. Pero esta semana le resucitó un dato incómodo: fuentes consignadas en la síntesis del IEEQ reportan que intensificó llamadas telefónicas con preguntas tramposamente orientadas a posicionarse. Campaña anticipada le dicen en algunos círculos. "Acercamiento ciudadano", responderá él. El Instituto Electoral, mientras tanto, se limita a pedir que se eviten campañas adelantadas, con la misma autoridad con la que un letrero de "no pisar el pasto" detiene a alguien en un parque público.
La app y el cuento de la apertura
La jugada estelar del PAN fue anunciar que cualquier ciudadano —con o sin militancia— podrá registrarse como aspirante a una candidatura a través de una aplicación móvil. Arango lo vendió como "regreso a los principios fundacionales". Sonó bonito. Sonó democrático. Sonó a nota de ocho columnas.
Pero aquí va la letra chica: no hay fecha de apertura, no hay calendario completo y el proceso lo conducen Kuri y Arango. Los tres aspirantes principales llevan más de un año en posición. La apertura ciudadana huele más a escenografía de legitimación que a democracia interna real. Que alguien descargue la app y compita contra Felifer Macías con su recolección de firmas es técnicamente posible. Como también es técnicamente posible ganarle a un Ferrari en bicicleta. Posible, sí. Probable, no.
El fantasma que ronda el corral: Pancho Domínguez
Ningún análisis del PAN queretano está completo sin hablar de Francisco Domínguez Servién, el exgobernador que entregó el poder en 2021, que supuestamente se retiró a la vida privada y que, desde entonces, no ha dejado de meter la mano en la política estatal con la discreción de un elefante en cristalería.
En febrero, Pancho soltó la bomba que llevaba meses cocinando: anunció que "animaría" a Mauricio Kuri a "salvar la dirigencia nacional del PAN" una vez que termine el sexenio. Criticó abiertamente a Jorge Romero —el actual presidente del partido— sin nombrarlo, habló de "secuestro del padrón" y dejó caer que a él le gustaría participar en el rescate, siempre y cuando "lo hagan democráticamente". La modestia, en el universo dominguista, siempre llega envuelta en condicional.
¿Qué busca Pancho? La lectura generosa dice que quiere asegurar que el PAN no pierda Querétaro por errores de la dirigencia nacional. La lectura realista dice que quiere recuperar el control que perdió cuando Kuri dejó de necesitarlo y empezó a gobernar con sus propios círculos. Porque eso es lo que pasó: el gobernador que Domínguez hizo posible —fue él quien lo impulsó como candidato en 2021— se distanció del exmandatario con la elegancia de quien cambia de mesa en un restaurante sin pedir disculpas. Kuri construyó su propia red, nombró su propio gabinete y administró la sucesión sin consultar al rancho de La Cruz de Mayo.
Domínguez, veterinario de profesión y político de oficio, no es hombre que acepte quedar fuera del juego. Y su instrumento para reventar el tablero tiene nombre y apellido: Francisco Domínguez Castro, su hijo, al que ha posicionado con una habilidad que solo puede admirar quien conozca las artes oscuras de la política queretana.
Pancho Jr. —como lo llaman en los corrillos— abrió redes sociales en junio de 2025 con un mensaje que sonaba a manifiesto generacional: "No vengo a heredar una historia, vengo a sembrar la mía". Bonito. Inspirador. Y profundamente inverosímil para cualquiera que sepa que su papá le negoció candidatura simultáneamente con el PAN, con Movimiento Ciudadano y —según algunas versiones— hasta con Morena. El propio exgobernador lo admitió sin rubor: "Tiene ofrecimiento de mi partido, el PAN, y tiene ofrecimiento de MC. Y que nadie de los locales se ponga el saco, yo hablo con los nacionales, con los locales no hablo absolutamente nada". Así, con esa franqueza casi brutal que solo se permiten los que saben que el poder local les debe favores.
Al final, Pancho Jr. eligió el PAN —pero como ciudadano, sin afiliarse—. Arango le abrió las puertas con la hospitalidad de quien recibe al hijo del dueño original de la casa. Felifer Macías respondió esta misma semana con diplomacia quirúrgica: "No hay grupos en el PAN", dijo. Traducción: hay grupos, pero yo no pienso reconocer al tuyo.
Lo que Domínguez padre busca con estas maniobras es asegurar que su grupo tenga un lugar en la negociación de 2027, sea en la boleta, sea en el gabinete, sea en la dirigencia nacional posterior. Si el PAN le da espacio a su hijo, Pancho se convierte en aliado. Si lo margina, se convierte en problema. Y un exgobernador que conoce cada recoveco del aparato político queretano, que tiene relaciones con las cúpulas nacionales de dos partidos y que además carga el escándalo nunca resuelto del video de Lozoya —aquel donde su secretario Guillermo Gutiérrez Badillo aparece recibiendo dinero de Pemex—, no es alguien a quien convenga tener como enemigo interno.
La jugada de Pancho tiene, además, un componente de dinastía que a los queretanos les resulta familiar: la política como negocio familiar, el cargo como herencia, el apellido como credencial. Que el hijo del exgobernador busque un puesto sin haber militado un solo día, sin haber ganado una sola elección, sin haber pisado un solo comité municipal, dice más sobre el estado de la democracia interna del PAN que cualquier app de registro ciudadano. Arango puede prometer que "no habrá candidaturas cupulares". Pero cuando el hijo del exgobernador tiene las puertas abiertas por portación de apellido, la promesa suena a publicidad engañosa.
El verdadero rival del PAN
Aquí viene la ironía más deliciosa del panorama queretano: el PAN no necesita vencer a Morena. Necesita vencerse a sí mismo. Todas las encuestas le dan ventaja de doble dígito. Tiene gobernador popular, municipios clave y estructura territorial consolidada. Su único escenario de derrota es que la selección del candidato se convierta en guerra intestina —y Pancho Domínguez, con su hijo en una mano y su ambición nacional en la otra, es exactamente el tipo de actor que puede provocarla—. Si algo ha demostrado la historia del panismo mexicano —véase Guanajuato 2024, véase Nuevo León 2021— es que cuando los azules se pelean entre ellos, el resultado lo celebra alguien más. Y Domínguez Servién, si no le dan lo que quiere, no tendrá ningún reparo en ser quien prenda el cerillo.
Morena: el candidato que vive en otra ciudad
Santiago Nieto Castillo llegó a San Juan del Río el viernes 21, se paró frente al monumento a Benito Juárez y confirmó lo que todos sabían desde hace meses: va por la gubernatura de Querétaro. Bueno, técnicamente va por "la coordinación de la defensa de la Cuarta Transformación", que es la manera que tiene Morena de decir candidato sin decir candidato, como quien pide "la cuenta" en un restaurante sin mencionar la palabra dinero.
El dato duro de su anuncio: se registrará el 22 de junio para la encuesta interna. Antes, tiene que dejar el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial, donde es director general. Pero aquí viene el detalle: condicionó su renuncia a terminar pendientes internacionales —Reporte 301 del T-MEC, reglamento de propiedad industrial, operativos contra piratería—. Es decir, Santiago Nieto quiere gobernar Querétaro, pero primero tiene que acabar de perseguir bolsos piratas y regular denominaciones de origen de quesos. Las prioridades de la República.
El problema que ninguna encuesta resuelve
Nieto domina las preferencias internas de Morena con comodidad. Nadie dentro del partido se le acerca. Gilberto Herrera llega a la mitad de sus números, Arturo Maximiliano anda a cuatro puntos gracias a que al menos él sí está en el estado, y Celia Maya acumula tres derrotas que la convierten más en mascota electoral que en competidora seria. Pero el dato que debería quitarle el sueño al morenismo queretano no es quién va arriba, sino cuántos no saben a quién quieren: casi la mitad de los simpatizantes de Morena en Querétaro sigue sin candidato definido. Eso no es abanico de opciones. Eso es orfandad política.
Y en el careo contra el panismo, la brecha es consistente y dolorosa. Cualquier aspirante del PAN —Felifer, Nava o Dorantes— le gana a Nieto por márgenes que van de nueve a casi veinte puntos, dependiendo de la encuestadora. El escándalo de la boda en Guatemala sigue ahí, como una mancha de vino tinto en camisa blanca: no mata, pero no se quita. En un estado donde la narrativa de austeridad republicana era el mejor argumento de Morena contra el panismo empresarial, aquel episodio de 2021 fue un autogol de antología.
La coalición que todos dan por hecha y nadie ha firmado
Para complicar el cuadro, esta semana el Partido Verde destapó al diputado federal Ricardo Astudillo como su carta para participar en la encuesta de la coalición Morena-PT-PVEM. Nieto reaccionó con diplomacia —citó al senador Velasco y expresó esperanza de unidad—, pero la entrada de Astudillo no es un gesto de camaradería. Es una factura. El Verde quiere que sus aspirantes entren a la encuesta y que los resultados se respeten, condición que Morena ha incumplido en otros estados con la misma facilidad con la que incumple sus promesas de no reelección.
Si la coalición se fragmenta, Morena pierde los puntos marginales del PVEM y el PT que necesita para acercarse al PAN. Si se mantiene unida, Nieto tendrá que compartir el crédito de la campaña con aliados que querrán cobrar la factura el día después. Ninguno de los dos escenarios es cómodo.
La diputada petista que quiere su propia reforma
Mención aparte para Claudia Díaz Gayou, del PT, que anunció una nueva iniciativa de reforma judicial local con "el espíritu de la reforma federal". Señaló omisiones en la propuesta del gobernador Kuri y dejó claro que el bloque de la 4T no está conforme con la versión panista. Es un movimiento legislativo, sí, pero también es un recordatorio de que dentro de la propia coalición oficialista hay tensiones sobre quién manda y quién obedece. En Querétaro, el PT tiene un diputado. Uno. Pero a veces un solo diputado bien posicionado genera más ruido que una bancada completa en modo silencio.
El PRI: ni tan muerto ni tan vivo
Abigail Arredondo fue incluida esta semana entre los "defensores de México" que la dirigencia nacional del PRI desplegó para las 17 entidades con elección en 2027. La acompañan Adriana Meza, Manuel Montes, Mario Calzada y René Mejía. Cinco nombres para un partido que en Querétaro registra alrededor del seis por ciento de preferencia —empatado con Movimiento Ciudadano, lo cual no es exactamente motivo de brindis—.
Arredondo ha dicho, con la convicción que solo da la necesidad, que el PRI está listo para competir solo. Probablemente lo esté. La pregunta es si competir solo equivale a competir en serio o a hacer bulto en la boleta. En los distintos escenarios de careo, la presidenta estatal del tricolor oscila entre el cuatro y el siete por ciento. Números que no ganan gubernaturas pero que sí pueden decidirlas: si el PRI suma con el PAN, blinda la ventaja azul; si va solo, fragmenta el voto opositor sin posibilidad real de victoria; si —hipótesis extrema— negocia con Morena, le regala al panismo el argumento perfecto para una campaña de "todos contra nosotros".
El PRI queretano sobrevive gracias a tres diputados locales y presencia dispersa en municipios del semidesierto y la sierra gorda. Su verdadero poder es el de la bisagra: no puede abrir la puerta solo, pero puede decidir para qué lado gira.
El Congreso local: reforma judicial con fecha y sin consenso
La semana cerró con la expectativa de que el próximo 27 de marzo se vote en el pleno la reforma judicial local. El dictamen integra la propuesta de Kuri sobre mediación y arbitraje con las iniciativas de Morena y PT para elegir jueces por voto popular.
El PAN tiene 14 de 25 diputados. Aritméticamente, le sobra. Políticamente, el cálculo es otro. Sacar la reforma con pura mayoría panista le da legalidad pero le resta legitimidad, y en un tema tan sensible como la elección de jueces, la legitimidad importa más de lo que los números sugieren. La bancada de Morena, que se ausentó de sesiones previas en comisiones —ausencia que calificaron de "necesidad jurídica" y que el panismo leyó como bloqueo—, mantiene diferencias de fondo sobre el modelo.
Lo que se vote el jueves 27 definirá si Querétaro entra al proceso de elección popular de juzgadores con un modelo propio, negociado, o con una imposición mayoritaria que la oposición convertirá en bandera electoral para 2027. Cualquiera de los dos caminos tiene costo. La pregunta es quién está dispuesto a pagarlo.
Kuri: el director de orquesta que todavía no suelta la batuta
El gobernador ocupó la semana en lo que mejor sabe hacer: administrar narrativa. Entregó el Premio al Mérito Policial en el 52 aniversario de la Policía Estatal, tomó protesta al Comité de Fomento Laboral Penitenciario y fijó postura —obligado por señalamientos periodísticos— ante una reunión de seguridad entre autoridades militares y directores de comunicación social a la que solo convocaron hombres. Este último episodio, aparentemente menor, revela un flanco que la oposición podría explotar si tiene la astucia suficiente: la percepción de que las redes de decisión del gobierno estatal siguen siendo clubs masculinos.
La estrategia de Kuri para los meses restantes es de doble vía. Por un lado, consolida indicadores: la pobreza laboral en el estado bajó significativamente según las cifras más recientes de CONEVAL. Por el otro, administra la sucesión con la habilidad de quien sabe que mostrar preferencia demasiado pronto mata al favorito y envalentona al resto. La foto de septiembre con los cinco aspirantes panistas fue la declaración más elocuente de su estilo: todos caben en el cuadro, pero el fotógrafo soy yo.
El dilema de Kuri es de relojería: si mantiene la equidistancia demasiado tiempo, la pelea interna se descontrola sola; si interviene temprano, le cuelgan el dedazo. El último tramo de un sexenio exitoso se juega siempre en ese filo.
Lo que viene: Semana Santa con tarea política
La semana del 24 al 30 de marzo trae tres frentes abiertos que no admiten vacaciones:
El Congreso vota el jueves 27. La reforma judicial llegará al pleno con los dados cargados a favor del PAN, pero el debate será la primera escaramuza parlamentaria de lo que viene en 2027. Si Morena convierte la sesión en tribuna electoral, habrá fuegos artificiales. Si se ausenta otra vez, la lectura será de debilidad.
El PAN tiene que pasar del discurso a la mecánica. La app, las entrevistas, las firmas y los debates que prometió Arango necesitan fechas concretas. Cada semana sin calendario es una semana donde la promesa de apertura pierde credibilidad.
Santiago Nieto tiene que dejar de ser director del IMPI y empezar a ser candidato. Tres meses para aterrizar en territorio, construir estructura y convencer a un electorado que lo ve como foráneo con domicilio político en la Ciudad de México. Cada viernes que pase en reuniones sobre quesos con denominación de origen es un viernes que le regala al panismo.
A quince meses del primer domingo de junio de 2027, Querétaro no es campo de batalla. Es mesa de póker. Todos enseñan cartas, nadie muestra la mano, y el que cree que ya ganó es, casi siempre, el que más tiene que perder.

















El municipio de San Juan del Río, segundo en importancia del estado, define su rumbo político de cara a las elecciones locales de 2027. 