Antes de abrir un curso o tocar un framework, decide qué problema quieres resolver en tu día a día y con qué tipo de tareas disfrutas más. Si te atrae construir interfaces y ver resultados rápidos, el camino front-end te calza mejor; si prefieres lógica y datos, mira back-end; si te gusta unir ambos mundos, considera full-stack como meta a mediano plazo.
Escribe en una hoja qué puedes estudiar de forma constante cada semana sin romper tu agenda: horas reales, no deseos. Luego marca dos empresas locales donde te gustaría trabajar y revisa sus vacantes junior para anotar herramientas y tareas que se repiten; eso será tu lista de estudio y práctica.
Con ese mapa, busca una guía que ordene las opciones y te muestre tareas de la semana uno en un puesto real. Revisa flujos, ejemplos de entregables y requisitos de entrada para no perder tiempo en temas que no miran en entrevistas junior. Una referencia útil es esta carrera de programacion, que resume roles, habilidades base y rutas de acceso.
Lee con calma, elige un rol de inicio y comprométete con un plan de tres bloques de cuatro semanas. No cambies de foco cada dos días: la constancia pesa más que cualquier herramienta de moda y es lo que te acerca a tu primer “sí”.
Semanas 1–4: fundamentos que el mercado sí usa
Tu objetivo en el primer mes es construir base que no se rompe al primer cambio de proyecto. Para front-end, domina HTML semántico, CSS moderno (flex, grid) y JavaScript claro; practica con componentes simples y estados de error visibles. Si apuntas a back-end, instala un entorno básico, crea rutas, lee y escribe en una base de datos pequeña y maneja errores sin esconderlos.
En ambos casos, usa Git desde el día uno: commits cortos, mensajes claros y ramas pequeñas que puedas explicar. No busques brillo: busca piezas pequeñas que resuelvan una tarea concreta y que cualquier persona pueda levantar leyendo un README. Cierra el mes con un mini-proyecto explicable en cinco minutos y anota qué mejorarías en una segunda versión; esa reflexión vale en entrevistas.
Semanas 5–8: portafolio con problemas reales y límites claros
El segundo mes convierte estudio en valor visible. Construye dos piezas que respondan preguntas de negocio, no “demos” vacías. Un ejemplo para front-end: un flujo de registro con validaciones, estados de carga y mensajes de error que guían. Para back-end: una API pequeña con autenticación básica, paginado y manejo de casos raros.
Documenta decisiones: por qué elegiste cierta estructura, cómo mediste tiempo de carga o respuesta, qué harías distinto con más tiempo. Añade una prueba mínima que evite romper lo que ya funciona (ej. pruebas de interfaz o de endpoints).
Mide algo: menos pasos en un flujo, carga más rápida, errores que se reducen. No inventes cifras; muestra lo que puedas comprobar. Al terminar la semana ocho, tendrás dos trabajos que cuentan una historia y te permiten hablar de proceso, no solo de pantallas.
Semanas 9–12: búsqueda con foco, práctica de entrevistas y ritmo sostenible
El último tramo mezcla mejora técnica y salida al mercado. Actualiza tu CV con palabras que pide cada vacante, enlaza proyectos relacionados y prepara una carta breve que hable del problema de la empresa, no solo de tus ganas. Simula entrevistas con alguien que te haga preguntas difíciles y graba audio para detectar explicaciones confusas. Envía menos, pero mejor, y reserva bloques de descanso para no quemarte. Un recordatorio útil para estas cuatro semanas:
- Ajusta CV y carta a cada oferta y enlaza proyectos que resuelvan algo parecido
- Practica live-coding con tareas pequeñas y explica en voz alta tus pasos
- Pide una línea de feedback tras cada entrevista y úsala para mejorar un proyecto
- Mantén una agenda con dos bloques de estudio, dos de aplicación y uno de descanso por semana
Lo que miran los reclutadores y cómo mostrártelo
Quien revisa tu perfil busca tres señales: que entiendes una tarea, que la llevas a cabo con orden y que aprendes sin romper lo que ya existe. Tu portafolio debe contar problema, contexto, proceso y resultado con límites claros; si hubo errores, explica cómo los resolviste.
En front-end, muestra accesibilidad básica, estados de carga y un enfoque en rendimiento que se note; en back-end, deja rutas limpias, validaciones y logs que ayuden a depurar. Escribe READMEs que alguien pueda seguir sin llamarte.
Durante la entrevista, habla con calma, usa ejemplos de tus proyectos y evita promesas grandes: mejor cuenta un caso donde simplificaste algo y mejoró la experiencia o el tiempo de respuesta. Esa claridad transmite confianza y trabajo en equipo.
Mantén el avance tras conseguir el primer “sí”
Entrar es el inicio, no el final. Conserva hábitos del plan de 90 días: bloques cortos de aprendizaje, una mejora por semana en un proyecto vivo y notas de lo que aprendes en producción. Pide tareas pequeñas al principio, entrega a tiempo y comunica si te atoras; la transparencia abre puertas dentro del equipo. Revisa tus proyectos cada mes para limpiar código, mejorar mensajes de error o añadir pruebas.
Tu meta ya no es “aprender más cosas”, es aprender lo que hace falta para entregar con menos fricción. Con un foco claro, un portafolio honesto y práctica constante, el paso de estudiante a profesional se vuelve natural. Y cuando llegue la oportunidad, te encontrará listo, con ejemplos que hablan por ti.


















