Querétaro — 5 de marzo de 2026. —La recreación de la entrevista al secuestrador Daniel Arizmendi López, “El Mochaorejas”, realizada por el periodista Joaquín López-Dóriga y el actor Damián Alcázar el pasado 3 de marzo, revivió un episodio que estremeció a Querétaro en agosto de 1998: el secuestro y asesinato del empresario Raúl Nieto del Río, miembro de una de las familias más prominentes de la región, propietaria de gasolineras, líneas de transporte y el consorcio conocido como Empresas Nieto.
La entidad queretana no fue un escenario secundario en la historia del Mochaorejas. Tras huir de Cuernavaca, Morelos —donde la policía ya había capturado a su esposa María de Lourdes Arias García y a sus hijos—, Arizmendi se trasladó a la capital de Querétaro semanas antes de su detención.
Según sus propias declaraciones, rentó un departamento amueblado en una zona residencial que describió como “turística” y posteriormente adquirió una propiedad en la calle Álvaro Obregón de la colonia Santa Bárbara, en el municipio de Corregidora. Esa vivienda se convertiría en casa de seguridad y, finalmente, en el sitio donde sepultó a su última víctima.
Raúl Nieto del Río: el secuestro que selló la caída del Mochaorejas en Querétaro
El 6 de agosto de 1998, Arizmendi y miembros de la banda conocida como Los Patanes — exconvictos del Estado de México— interceptaron a Raúl Nieto del Río cuando circulaba a bordo de su automóvil Porsche por la carretera Querétaro-Celaya, a la altura de prolongación Zaragoza, antes de llegar a la colonia Jardines de la Hacienda.
Al resistirse al plagio, uno de los cómplices le disparó y lo mató en el acto. Pese a saber que la víctima estaba muerta, Arizmendi ordenó simular que seguía con vida: maquilló el cadáver, le colocó un catéter con suero y tomó una fotografía que envió a la familia como supuesta prueba de vida.
Posteriormente cercenó ambas orejas del cuerpo, las depositó en una bolsa y las dejó cerca de la plaza de toros Santa María en la capital queretana. Exigió un rescate de 15 millones de dólares.
Los secuestradores huyeron en una camioneta combi hasta la propiedad de Santa Bárbara, donde abrieron una fosa de aproximadamente 60 centímetros de profundidad sobre el drenaje de la vivienda y enterraron el cuerpo en posición fetal.
Las autoridades federales ya tenían intervenido el teléfono celular de Arizmendi y sabían que Nieto del Río estaba muerto. Once días después, el 17 de agosto, el secuestrador fue detenido en las cercanías del Toreo de Cuatro Caminos, en el Estado de México, por agentes del CISEN encabezados por el comandante Alberto Pliego Fuentes.
¿Cómo llegó el Mochaorejas a declarar en Querétaro?
Tras la captura, Arizmendi fue trasladado de inmediato a la ciudad de Querétaro para rendir su declaración ministerial ante la PGR por el caso Nieto del Río. En las oficinas de la procuraduría en la entidad confesó la ubicación de la vivienda donde yacía el cadáver, lo que permitió a los agentes federales recuperar los restos del empresario.
La entonces Secretaria General de Gobierno del estado, María Guadalupe Murguía Gutiérrez —quien había asumido el cargo apenas cinco meses antes bajo la administración del gobernador Ignacio Loyola Vera—, presentó al secuestrador ante los medios locales de comunicación.
Al mediodía de ese mismo día, Arizmendi fue conducido al aeropuerto Fernando Díaz Ramírez de Querétaro en una camioneta Suburban con placas del Distrito Federal y trasladado en una avioneta de la PGR a la Ciudad de México, donde fue presentado formalmente ante la prensa nacional.
El procurador Madrazo Cuéllar confirmó que la captura fue posible gracias a intervenciones telefónicas legales y delaciones de integrantes de la propia banda.
En la entrevista original con López-Dóriga, realizada horas después en los separos de la PGR en Reforma 23, Arizmendi admitió sobre el caso de “este señor Nieto en Querétaro” que lo asesinó porque “no quería pagar” y que cuando él daba su palabra en un negocio, la daba. “Me sale de mi cabeza y pues lo hago”, respondió con una frialdad que dejó sin
palabras al periodista, quien le preguntó si estaba “normal”. Arizmendi contestó que en el barrio le habían dicho que estaba “un poco loco”.
El caso del Mochaorejas en Querétaro marcó un parteaguas en la percepción de seguridad de la entidad. Hasta entonces, el estado era considerado un territorio ajeno al crimen organizado de alto impacto.
La revelación de que el secuestrador más buscado del país había operado, vivido y cometido su último crimen en territorio queretano sacudió a una sociedad que se percibía a salvo de la violencia criminal que azotaba al centro del país.



















En el interior del inmueble se hallaron alimentos, medicamentos para insuficiencia renal y un altar con imágenes religiosas.
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