Ciudad de México, 30 de octubre de 2025. — El Huei Tzompantli, el gran altar de cráneos que sostenía la visión del mundo mexica, cumple una década desde su descubrimiento bajo los cimientos de una antigua vecindad en la calle Guatemala 24 del Centro Histórico.
El hallazgo, realizado en junio de 2015 por el Programa de Arqueología Urbana del INAH, reveló más de 650 cráneos completos y once mil fragmentos asociados a una plataforma rectangular de 35 por 12 metros, confirmando las crónicas del siglo XVI que describían con asombro esta estructura monumental.
Dirigido por Raúl Barrera Rodríguez, el proyecto documentó durante dos temporadas de campo (2015–2017) una torre circular de cráneos humanos de 4.7 metros de diámetro y 1.8 metros de altura, construida con cal y argamasa, que corresponde a una de las dos descritas por el conquistador Andrés de Tapia.

"El Huei Tzompantli nos permite mirar de frente una práctica que sostenía la visión del mundo mexica. Encontrar una torre circular de cráneos humanos fue impactante y confirmó lo descrito en el siglo XVI", afirmó Barrera Rodríguez.
La estructura, utilizada entre 1486 y 1502 durante el gobierno de Ahuízotl y dedicada a Huitzilopochtli, representaba la reciprocidad entre hombres y dioses.

Los cráneos se ensartaban primero en una empalizada de madera —perforados en los parietales— y posteriormente se trasladaban a la torre, donde quedaban unidos con argamasa.
"Era un acto de poder y una siembra simbólica: cada cráneo era una semilla que aseguraba la continuidad de la vida", explicó Lorena Vázquez Vallín, jefa de campo del proyecto.
Una década después, el proyecto está en fase de identificación biológica. Se consolidaron 214 cráneos que se estudian en la ceramoteca del Museo del Templo Mayor con apoyo de laboratorios de la ENAH, la Universidad de Georgia y el Instituto Max Planck de Alemania.
"El reto es reconstruir la historia biológica detrás del mito: edades, sexos, enfermedades y orígenes. En esos datos hay una memoria profunda de Tenochtitlan", señaló Jorge Gómez-Valdés, coordinador del equipo de antropología física.

El tzompantli trasciende su función ritual prehispánica y pervive en el arte contemporáneo. Ángela Gurría lo reinterpretó en 1993 con una escultura monumental en el Centro Nacional de las Artes, mientras Manuel Felguérez creó entre 2009 y 2014 un muro geométrico de calaveras de más de 400 metros en el Museo Nacional de Antropología.
Recientemente, Gustavo Monroy presentó un mural que se exhibe hasta abril de 2026 en el Colegio de San Ildefonso, transformando el símbolo de sacrificio en metáfora de memoria y trascendencia.
El hallazgo se confirma como uno de los más importantes de la arqueología mexicana del siglo XXI, al devolver un rostro humano a los cientos de individuos que formaron parte de este monumento descrito en códices y crónicas coloniales.









Elaboración de sirios de cera de abeja escamada en Axochiapan. Una pieza puede requerir semanas de trabajo y hasta 40 pétalos por flor.
Elaboración de sirios de cera de abeja escamada en Axochiapan. Una pieza puede requerir semanas de trabajo y hasta 40 pétalos por flor.
Elaboración de sirios de cera de abeja escamada en Axochiapan. Una pieza puede requerir semanas de trabajo y hasta 40 pétalos por flor.
Elaboración de sirios de cera de abeja escamada en Axochiapan. Una pieza puede requerir semanas de trabajo y hasta 40 pétalos por flor. 








