Tijuana, 7 Jun. (Notimex).- Vianett Medina, presidenta de la Unión de Libreros de Tijuana, señaló que el esfuerzo de promoción de lectura no se ha mantenido en México, por lo que existen focos rojos en los hábitos en la materia entre jóvenes y adolescentes.
Dijo que hay una crisis pese a que existen programas importantes; “durante los últimos años hay un punto de inflexión donde los menores que venían motivados a leer y con prácticas lectoras, las han abandonado frente a una sociedad de consumo”, apuntó.
Incluso este ánimo de la lectura sostenido por los programas aplicados a los menores se ha perdido, pues no se les ha dado seguimiento en la adolescencia.
Sin embargo, dijo, esta sociedad ha demostrado que existen valores por encima de los hábitos de lectura y escritura, y uno de ellos es el consumo de objetos, marcas, electrónicos, “adquisición muy distinta al consumo permanente que significa la lectura”.
En este aspecto, Medina lamentó que se trate de una competencia muy difícil que sólo muestra el frágil lugar que ocupa la lectura dentro de la sociedad, cuando existen tantos otros artículos y objetos que consumir.
Abundó que las motivaciones lectoras que pudieran haber logrado en la etapa infantil los potenciales consumidores de lecturas, las han abandonado frente a una sociedad de consumo que subestima los valores adquiridos en la escuela o la familia.
“Hay tendencia a fomentar la lectura con campañas, programas y actividades con errores en ocasiones, pero son esfuerzos; las bibliotecas han seguido activas y a todos nos impulsa un espíritu de contribuir a la cultura de la lectura”, expuso.
Señaló que al ser la lectura un bien intangible, existe una responsabilidad por parte del estado y organismos en fomentar programas donde la ciudadanía pueda aprender a partir de mensajes que se dan en el discurso escrito.
La práctica de la lectura, señaló, son no sólo ejercicios de entretenimiento, sino de “detenernos en la palabra escrita, en las letras a modo solitario, no negativo, sino solitario como un encuentro consigo mismo”.
Esos procesos de acercamiento dan el conocimiento interno y por lo tanto deberían de ser apoyados por el estado, ya que se consideran como la formación de una persona desde una dimensión integral, manifestó.
La dirigente de los libreros en esta frontera criticó que los programas instaurados no hayan sido suficientes, partiendo por el hecho de que los adultos que los promueven, una parte de ellos no es gente lectora, “y eso, es una falla”.
“¿Cómo promover el hábito de la lectura con gente que no lo tiene, un bloque docente que no enseña, no reflexiona y no lee? Es ahí donde se debe de poner la mirada, para que haya verdaderos cambios significativos”, aseveró.
Hoy en día el apoyo a los programas que fomenten los hábitos a la lectura son esfuerzos que corresponden al Estado, a la sociedad en general y a la familia, “ese tipo de trabajo es el que a todos nos falta por terminar”, concluyó.
Dijo que hay una crisis pese a que existen programas importantes; “durante los últimos años hay un punto de inflexión donde los menores que venían motivados a leer y con prácticas lectoras, las han abandonado frente a una sociedad de consumo”, apuntó.
Incluso este ánimo de la lectura sostenido por los programas aplicados a los menores se ha perdido, pues no se les ha dado seguimiento en la adolescencia.
Sin embargo, dijo, esta sociedad ha demostrado que existen valores por encima de los hábitos de lectura y escritura, y uno de ellos es el consumo de objetos, marcas, electrónicos, “adquisición muy distinta al consumo permanente que significa la lectura”.
En este aspecto, Medina lamentó que se trate de una competencia muy difícil que sólo muestra el frágil lugar que ocupa la lectura dentro de la sociedad, cuando existen tantos otros artículos y objetos que consumir.
Abundó que las motivaciones lectoras que pudieran haber logrado en la etapa infantil los potenciales consumidores de lecturas, las han abandonado frente a una sociedad de consumo que subestima los valores adquiridos en la escuela o la familia.
“Hay tendencia a fomentar la lectura con campañas, programas y actividades con errores en ocasiones, pero son esfuerzos; las bibliotecas han seguido activas y a todos nos impulsa un espíritu de contribuir a la cultura de la lectura”, expuso.
Señaló que al ser la lectura un bien intangible, existe una responsabilidad por parte del estado y organismos en fomentar programas donde la ciudadanía pueda aprender a partir de mensajes que se dan en el discurso escrito.
La práctica de la lectura, señaló, son no sólo ejercicios de entretenimiento, sino de “detenernos en la palabra escrita, en las letras a modo solitario, no negativo, sino solitario como un encuentro consigo mismo”.
Esos procesos de acercamiento dan el conocimiento interno y por lo tanto deberían de ser apoyados por el estado, ya que se consideran como la formación de una persona desde una dimensión integral, manifestó.
La dirigente de los libreros en esta frontera criticó que los programas instaurados no hayan sido suficientes, partiendo por el hecho de que los adultos que los promueven, una parte de ellos no es gente lectora, “y eso, es una falla”.
“¿Cómo promover el hábito de la lectura con gente que no lo tiene, un bloque docente que no enseña, no reflexiona y no lee? Es ahí donde se debe de poner la mirada, para que haya verdaderos cambios significativos”, aseveró.
Hoy en día el apoyo a los programas que fomenten los hábitos a la lectura son esfuerzos que corresponden al Estado, a la sociedad en general y a la familia, “ese tipo de trabajo es el que a todos nos falta por terminar”, concluyó.








María Martina Pérez Rendón, titular de la SESA, durante la toma de protesta de los nuevos especialistas. 







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