Los Reyes Magos que dejaron de regalar dulces: el cambio que duele en Querétaro

Las bolsitas de dulces que iluminaban la mañana del 6 de enero desaparecieron de los hogares queretanos, donde niños ahora exigen celulares y pistolas mientras padres se debaten entre mantener tradiciones o adaptarse a una infancia digital.

Familias queretanas adquieren dispositivos electrónicos costosos mientras tradiciones como los aguinaldos quedan olvidadas.

Familias queretanas adquieren dispositivos electrónicos costosos mientras tradiciones como los aguinaldos quedan olvidadas.

San Juan del Río, 5 de enero de 2026. —Doña Martha Sánchez sostiene entre sus manos una bolsita con dulces tradicionales, naranjas y cacahuates japoneses que preparó con cariño para su nieto Diego.

El niño de ocho años la mira con desprecio y pronuncia las palabras que romperán el corazón de su abuela: "Ya no quiero dulces, abuela. Eso es de pobres. Quiero un celular".


La escena se repite esta noche en cientos de hogares queretanos donde la magia del Día de Reyes se transformó en una carrera consumista que deja a familias endeudadas y tradiciones olvidadas.

Los zapatos infantiles ya no esperan humildes aguinaldos; ahora aguardan cajas de iPhones, consolas PlayStation y pistolas de aire comprimido que cuestan hasta 15 mil pesos.

"Mi hijo me dijo: 'Mamá, mejor pídeles a los Reyes una pistola de dardos que una bolsa de dulces'", confiesa Sandra Morales mientras recorre una tienda de electrónicos. "Mi esposo me convenció de que los tiempos cambian y que no podemos criar niños del siglo pasado. Pero en el fondo, siento que estamos perdiendo algo importante", admite con la voz quebrada.

Cuando los aguinaldos dejaron de importar

Roberto Fuentes observa con melancolía las bolsitas de dulces que nadie comprará. Durante 25 años vendió juguetes tradicionales y preparó aguinaldos para el Día de Reyes. "Hace cinco años vendíamos cientos. Este año no armamos ni veinte. Los niños entran, ven los dulces y preguntan si tenemos celulares o videojuegos", explica mientras acomoda en un rincón las últimas bolsitas que se quedarán sin dueño.

Las cifras duelen: las ventas de aguinaldos cayeron 85% en la última década. El gasto promedio por niño pasó de 350 pesos en 2015 a 8 mil 500 pesos en 2026. Y no son solo los niños quienes cambiaron: muchos padres alientan esta transformación.

Arturo Ramírez gastará 42 mil pesos en regalos para sus tres hijos este año. "Mis hijos escribieron sus cartas en formato de computadora con modelos específicos de celulares y consolas. Si no les damos lo que piden, nos acusan de que los Reyes Magos no existen", confiesa mientras saca una tarjeta de crédito departamental.

"Trabajamos los dos, ganamos bien, pero esto nos obligó a endeudarnos doce meses. Y aun así, siento que estamos fallando como padres".

"Los dulces son para niños pobres"

Fernanda López, encargada de la juguetería La Esperanza, todavía recuerda la frase que escuchó hace dos semanas. Una niña de siete años rechazó la bolsita de dulces que ella regalaba como cortesía: "Los dulces son para niños pobres, yo quiero una tablet". La madre no corrigió a la menor; simplemente pagó la tablet de 4 mil 500 pesos y se marchó.

"Esa frase me hizo llorar cuando cerré la tienda", confiesa López. "No se trata solo de que pidan cosas caras, sino de que algunos padres están enseñando a sus hijos a despreciar lo sencillo, lo tradicional, lo que tiene valor sentimental".

Claudia, una maestra de primaria, observa las consecuencias en su salón de clases cada 6 de enero. "Los niños que reciben juguetes tradicionales o solo dulces son objeto de burlas. He visto niños llorar porque sus papás no pudieron comprarles un juguete electrónico. Eso parte el alma", relata.

"Los que reciben los regalos más caros presumen abiertamente y humillan a sus compañeros. Y algunos padres lo alientan porque no quieren que sus hijos sean 'los raros'".

Entre la nostalgia y la culpa

Doña Martha finalmente cede. Comprará para Diego una tablet de más de 4 mil pesos y guardará la bolsita de dulces en el fondo de un cajón. "En mi infancia, con una naranja, dulces y un carrito de plástico éramos felices toda la semana. Cuidábamos los juguetes como tesoros", recuerda con lágrimas. "Diego tiene tres consolas, dos tablets y no valora nada. Pero tampoco quiero que sufra en la escuela por ser diferente".

Rosa Hernández, quien durante 30 años se dedicó a armar bolsitas de dulces, sabe que su negocio está condenado. "Vendemos el 5% de lo que vendíamos hace diez años. Las nuevas generaciones de padres prefieren gastar 10 mil pesos en un celular que 50 en dulces tradicionales", explica mientras empaca las últimas bolsitas que nadie recogerá.

Los comerciantes permanecerán abiertos hasta las primeras horas de la madrugada, no para vender dulces ni juguetes sencillos, sino para surtir tablets, consolas y pistolas de aire comprimido que los Reyes Magos del 2026 entregarán vía Amazon Prime y tarjetas de crédito.

La pregunta que nadie responde

Mientras las familias queretanas ultiman los regalos, muchos padres cargan una pregunta que los desvela: ¿qué estamos enseñando a nuestros hijos? ¿Valía la pena cambiar la magia de una bolsita de dulces y ropa, por la ansiedad de un niño que compara el modelo de su iPhone con el de sus compañeros?

Sandra Morales abraza a su hijo esta noche con una mezcla de amor y culpa. Mañana, junto a los zapatos del niño, habrá una tablet nueva y una pistola de dardos. Pero no habrá dulces. Y en el fondo de su corazón, Sandra sabe que algo precioso se perdió en el camino.

Los Reyes Magos de 2026 ya no viajan en camellos cargando humildes regalos. Ahora llegan en paquetería express con deudas de doce meses. Y aunque las cajas son más grandes y los regalos más caros, la magia nunca se sintió tan pequeña.