Sao Paulo, 12 Dic (Notimex).- A orillas del embalse Guarapiranga, los pescadores utilizan su experiencia y su intuición para diagnosticar los efectos de la sequía: “no he pescado nunca tanto como ahora”, explica Joao, un mestizo y bigotudo sexagenario paulista, mientras blande su fina caña.
“Todo esto es por la sequía. ¿Ves la mata, allá arriba? – dice, señalando unos arbustos a unos 60 metros de donde nos encontramos -. El agua llegaba antes allí. Todo este espacio de tierra es por la falta de lluvias”, explica, entrevistado con las piernas dentro del agua del embalse, situado a unos 40 kilómetros al suroeste del centro de Sao Paulo.
En el suelo fangoso, de tierra oscura y donde comienzan a aparecer los primeros rastros de vegetación, se perciben los sedimentos de cuando toda esta área estaba inundada por el agua: botellas de plástico, zapatos e incluso algunos moluscos.
La situación hídrica que vive el estado de Sao Paulo, pero especialmente su gran capital, la principal metrópolis de Brasil, responsable del 11.4 por ciento del Producto Interior Bruto (PIB) del país, es simplemente dramática.
Ni siquiera la llegada de la temporada de lluvias ha frenado la caída de las reservas hídricas, que se encuentran en una situación crítica por la escasez de precipitaciones y la falta de planeamiento.
La situación de los tres embalses que abastecen a la ciudad y parte del Estado de Sao Paulo es crítica y amenaza con impactar el curso de la economía en el estado más rico y desarrollado de la séptima economía del planeta.
El embalse de Cantareira, el más importante y fuente de suministro para más de ocho millones de personas, está al 7.5 por ciento de su capacidad, cuando la media en este período del año durante la última década era del 77.9 por ciento, mientras que el del Alto Tiete está al 4.2 por ciento (media del 45.4 por ciento) y el de Guarapiranga está al 32.2 por ciento (58.3 por ciento de media).
Un panorama que podría empeorar el año próximo, cuando no se descarta un racionamiento generalizado del suministro en el corazón industrial, financiero y económico de Brasil, con todas las consecuencias que ello podría tener.
De hecho, los cortes ya comenzaron desde hace meses, primero en forma de suministro con menor presión, y posteriormente con interrupción del servicio que, recientemente, se ha extendido.
Las redes sociales están plagadas de testimonios de ciudadanos y pequeños empresarios dueños de bares, cafeterías y lavanderías por toda la ciudad que, a partir del final de la tarde (20:00 hora local) y hasta el día siguiente se encuentran que no tienen suministro.
Incluso los bancos y las entidades financieras han reaccionado a la situación, añadiendo la crisis hídrica en los factores de riesgo estudiados a la hora de conceder préstamos a las empresas, pues estiman que muchos negocios –desde cafeterías y manufactureras al agronegocio- tendrán afectados sus resultados por los cortes en el suministro que se espera que vayan en aumento.
La escasez también está comenzando a tener consecuencias políticas, pues a pesar de que el estado de Sao Paulo vive la “mayor sequía en los últimos 84 años”, según las autoridades, expertos y analistas señalan que la escasez se debe sobre todo a una falta de inversión y planeamiento en la gestión de los recursos.
Brasil es uno de los países con mayores recursos hídricos del mundo (13 por ciento de las reservas de agua dulce del planeta), y nadie se explica por qué se esperó hasta el pasado mes para aprobar un plan de cientos de millones de dólares para canalizar los recursos existentes.
Por el momento, el gobernador de Sao Paulo, Geraldo Alckmin, quien fue reelecto en octubre sin admitir públicamente que la región se enfrentaba al racionamiento, nombró esta semana al actual presidente del Consejo Mundial del Agua, Benedito Braga, para sustituir al actual secretario de recursos hídricos.
Braga dijo en noviembre que “2015 puede ser más preocupante que este año”, que pronosticó que “si tuviéramos lluvias normales durante este verano que en Brasil va de octubre a abril la situación en abril de 2015, cuando termina el período de lluvias, quizá sea de embalses en un 20 o 30 por ciento de su capacidad, lo que es una situación extremadamente difícil”.
“Todo esto es por la sequía. ¿Ves la mata, allá arriba? – dice, señalando unos arbustos a unos 60 metros de donde nos encontramos -. El agua llegaba antes allí. Todo este espacio de tierra es por la falta de lluvias”, explica, entrevistado con las piernas dentro del agua del embalse, situado a unos 40 kilómetros al suroeste del centro de Sao Paulo.
En el suelo fangoso, de tierra oscura y donde comienzan a aparecer los primeros rastros de vegetación, se perciben los sedimentos de cuando toda esta área estaba inundada por el agua: botellas de plástico, zapatos e incluso algunos moluscos.
La situación hídrica que vive el estado de Sao Paulo, pero especialmente su gran capital, la principal metrópolis de Brasil, responsable del 11.4 por ciento del Producto Interior Bruto (PIB) del país, es simplemente dramática.
Ni siquiera la llegada de la temporada de lluvias ha frenado la caída de las reservas hídricas, que se encuentran en una situación crítica por la escasez de precipitaciones y la falta de planeamiento.
La situación de los tres embalses que abastecen a la ciudad y parte del Estado de Sao Paulo es crítica y amenaza con impactar el curso de la economía en el estado más rico y desarrollado de la séptima economía del planeta.
El embalse de Cantareira, el más importante y fuente de suministro para más de ocho millones de personas, está al 7.5 por ciento de su capacidad, cuando la media en este período del año durante la última década era del 77.9 por ciento, mientras que el del Alto Tiete está al 4.2 por ciento (media del 45.4 por ciento) y el de Guarapiranga está al 32.2 por ciento (58.3 por ciento de media).
Un panorama que podría empeorar el año próximo, cuando no se descarta un racionamiento generalizado del suministro en el corazón industrial, financiero y económico de Brasil, con todas las consecuencias que ello podría tener.
De hecho, los cortes ya comenzaron desde hace meses, primero en forma de suministro con menor presión, y posteriormente con interrupción del servicio que, recientemente, se ha extendido.
Las redes sociales están plagadas de testimonios de ciudadanos y pequeños empresarios dueños de bares, cafeterías y lavanderías por toda la ciudad que, a partir del final de la tarde (20:00 hora local) y hasta el día siguiente se encuentran que no tienen suministro.
Incluso los bancos y las entidades financieras han reaccionado a la situación, añadiendo la crisis hídrica en los factores de riesgo estudiados a la hora de conceder préstamos a las empresas, pues estiman que muchos negocios –desde cafeterías y manufactureras al agronegocio- tendrán afectados sus resultados por los cortes en el suministro que se espera que vayan en aumento.
La escasez también está comenzando a tener consecuencias políticas, pues a pesar de que el estado de Sao Paulo vive la “mayor sequía en los últimos 84 años”, según las autoridades, expertos y analistas señalan que la escasez se debe sobre todo a una falta de inversión y planeamiento en la gestión de los recursos.
Brasil es uno de los países con mayores recursos hídricos del mundo (13 por ciento de las reservas de agua dulce del planeta), y nadie se explica por qué se esperó hasta el pasado mes para aprobar un plan de cientos de millones de dólares para canalizar los recursos existentes.
Por el momento, el gobernador de Sao Paulo, Geraldo Alckmin, quien fue reelecto en octubre sin admitir públicamente que la región se enfrentaba al racionamiento, nombró esta semana al actual presidente del Consejo Mundial del Agua, Benedito Braga, para sustituir al actual secretario de recursos hídricos.
Braga dijo en noviembre que “2015 puede ser más preocupante que este año”, que pronosticó que “si tuviéramos lluvias normales durante este verano que en Brasil va de octubre a abril la situación en abril de 2015, cuando termina el período de lluvias, quizá sea de embalses en un 20 o 30 por ciento de su capacidad, lo que es una situación extremadamente difícil”.

















