Campeche, 22 Dic (Notimex).- A 65 kilómetros del norte de Campeche se encuentra el municipio Hecelchakán, donde se ubica la población maya de Pomuch, lugar “donde se tuestan los sapos”, y en el que se respira la muerte todo el año, ya que aquí el “descanso eterno” se realiza al aire libre.
Así lo dicta la tradición del cementerio de Pomuch, enclavado en la Calle 12, Benito Juárez, donde ya todo es tranquilidad luego de que los habitantes "limpiaron" a sus difuntos con motivo del Día de Muertos.
El ritual funerario de este poblado consiste en que luego de cuatro años del fallecimiento del familiar (tiempo autorizado por la Secretaría de Salud), los allegados pueden sacar los restos y limpiarlos, “acariciarlos, apapacharlos”, dicen los habitantes.
A partir de entonces, cada año, en específico el 2 de noviembre, se les “baña”, cambian sus ropas (paños de tela sobre las que yacen los huesos), así como las flores que adornan los coloridos nichos.
Además de que en vida la persona recibió cariño y amor, ahora los huesos se limpian con mucho cuidado y respeto, sobre todo los que acumulan más años, toda vez que el sol y el frío, día con día hacen de las suyas y los huesos al final, en polvo se convertirán.
Si bien la fiesta ya pasó para conmemorar a los que ya partieron, los huesos siguen limpios, aunque un poco desaliñados a causa del viento; asimismo, las hormigas y moscas comienzan a aparecer. No hay más, todo ya es paz y tranquilidad.
Los cráneos comenzarán a llenarse de tierra, la cual se mezclará con las partículas óseas y este polvo se hará uno con el viento, el cual viaja de un lado a otro, permitiéndole así al “alma” vagar por los alrededores.
En las calles de Pomuch rondan también los bicitaxis y un par de señoras caminan aprisa, tal vez por lo caliente del pavimento, ya que a pesar de que el calendario indica que se está en época de invierno, Campeche se mantiene caluroso.
Los nichos guarecen un poco al visitante del sol; sin embargo, al salir del cementerio éste comienza a lastimar con sus fuertes rayos, motivo por el cual al caminar la gente procura irse del lado de las palmeras para tener sombra.
Pronto se comienza a olvidar el olor a muerte, toda vez que al olfato llega un aroma de pan y leña, esto indica que cada vez está más cerca La Huachita, panadería que abrió sus puertas en 1902 (aunque nació en 1889 en Mérida), y ofrece el pan de pichón, típico de la zona.
La leyenda dice que este pan, relleno de jamón, queso y jalapeños, nació al ver que las personas no tenían tiempo para sentarse a comer; sin embargo, de acuerdo con la panadería, surgió cuando el tío Jorge, “gerente” “estaba con sus copas cuando le dijo a su panadero Gustavo García Chabelo, que quería comer un pan con jamón y queso. El panadero torneó en la mesa un pan francés y le agregó a dichos ingredientes más chile”.
El nombre de pichón, agregó, “nace cuando un pichón recién nacido cae cerca de la mesa de trabajo”. Actualmente cada pieza tiene un precio de 60 pesos y se puede cortar para repartirlo entre amigos. Huachi-rosa y huachi-bolos son otras de sus especialidades, así como variedad de bizcochos.
De esta manera es como recibe al visitante Pomuch, un lugar lleno de historia, tradición y sabor, que deja a todo aquel que lo visita un aroma a muerte mezclado con pan.
Así lo dicta la tradición del cementerio de Pomuch, enclavado en la Calle 12, Benito Juárez, donde ya todo es tranquilidad luego de que los habitantes "limpiaron" a sus difuntos con motivo del Día de Muertos.
El ritual funerario de este poblado consiste en que luego de cuatro años del fallecimiento del familiar (tiempo autorizado por la Secretaría de Salud), los allegados pueden sacar los restos y limpiarlos, “acariciarlos, apapacharlos”, dicen los habitantes.
A partir de entonces, cada año, en específico el 2 de noviembre, se les “baña”, cambian sus ropas (paños de tela sobre las que yacen los huesos), así como las flores que adornan los coloridos nichos.
Además de que en vida la persona recibió cariño y amor, ahora los huesos se limpian con mucho cuidado y respeto, sobre todo los que acumulan más años, toda vez que el sol y el frío, día con día hacen de las suyas y los huesos al final, en polvo se convertirán.
Si bien la fiesta ya pasó para conmemorar a los que ya partieron, los huesos siguen limpios, aunque un poco desaliñados a causa del viento; asimismo, las hormigas y moscas comienzan a aparecer. No hay más, todo ya es paz y tranquilidad.
Los cráneos comenzarán a llenarse de tierra, la cual se mezclará con las partículas óseas y este polvo se hará uno con el viento, el cual viaja de un lado a otro, permitiéndole así al “alma” vagar por los alrededores.
En las calles de Pomuch rondan también los bicitaxis y un par de señoras caminan aprisa, tal vez por lo caliente del pavimento, ya que a pesar de que el calendario indica que se está en época de invierno, Campeche se mantiene caluroso.
Los nichos guarecen un poco al visitante del sol; sin embargo, al salir del cementerio éste comienza a lastimar con sus fuertes rayos, motivo por el cual al caminar la gente procura irse del lado de las palmeras para tener sombra.
Pronto se comienza a olvidar el olor a muerte, toda vez que al olfato llega un aroma de pan y leña, esto indica que cada vez está más cerca La Huachita, panadería que abrió sus puertas en 1902 (aunque nació en 1889 en Mérida), y ofrece el pan de pichón, típico de la zona.
La leyenda dice que este pan, relleno de jamón, queso y jalapeños, nació al ver que las personas no tenían tiempo para sentarse a comer; sin embargo, de acuerdo con la panadería, surgió cuando el tío Jorge, “gerente” “estaba con sus copas cuando le dijo a su panadero Gustavo García Chabelo, que quería comer un pan con jamón y queso. El panadero torneó en la mesa un pan francés y le agregó a dichos ingredientes más chile”.
El nombre de pichón, agregó, “nace cuando un pichón recién nacido cae cerca de la mesa de trabajo”. Actualmente cada pieza tiene un precio de 60 pesos y se puede cortar para repartirlo entre amigos. Huachi-rosa y huachi-bolos son otras de sus especialidades, así como variedad de bizcochos.
De esta manera es como recibe al visitante Pomuch, un lugar lleno de historia, tradición y sabor, que deja a todo aquel que lo visita un aroma a muerte mezclado con pan.













Representantes de sectores empresarial, académico y social se sumaron formalmente a la red estatal de búsqueda de personas.
El Distintivo CONECTAR reconocerá a empresas que participen activamente en capacitación y difusión para la localización de personas. 








