Buenos Aires, 17 May (Notimex).- El ex dictador argentino Jorge Rafael Videla murió hoy a los 87 años de edad en una cárcel de la localidad de Marcos Paz, donde cumplía dos cadenas perpetuas por cometer crímenes de lesa humanidad durante su gestión 1976-1981.
Videla, quien encabezó el golpe de Estado en contra de la presidenta María Estela Martínez de Perón en 1974, fue el primer dictador latinoamericano en ser condenado por genocidio, ya que el segundo fue el guatemalteco Efraín Ríos Montt, apenas la semana pasada.
El represor falleció mientras se llevaba a cabo un nuevo juicio en su contra, en este caso por el denominado Plan Cóndor que llevaron a cabo las dictaduras latinoamericanas en los años 70 y 80 para intercambiar presos políticos.
Apenas el lunes pasado, Videla declaró por última vez y advirtió que ya no hablaría ante los tribunales porque no les confería legalidad alguna.
El 24 de marzo de 1976, Videla lideró el último golpe de Estado sufrido en Argentina y dio inicio a una de las dictaduras más sangrientas de América Latina, misma que él presidió hasta 1981.
La dictadura militar terminó en 1983 con un saldo de 30 mil desaparecidos, pero en 1986 se realizaron los históricos juicios a las juntas militares y la mayoría de los acusados, entre ellos Videla, fueron condenados a cadena perpetua.
Sin embargo, tres años más tarde el ex presidente Carlos Menem decretó una amnistía y los represores quedaron en libertad, hasta que en 2005 se derogaron definitivamente las leyes que les habían permitido la impunidad.
Uno de los delitos que nunca se juzgó fue el robo sistemático de bebés que los militares cometieron en las cárceles clandestinas, a donde llevaban a presas embarazadas que eran asesinadas luego de parir.
Hace dos años, Videla fue condenado por la apropiación de niños, lo que fue celebrado por las Abuelas de Plaza de Mayo, quienes han podido recuperar, ya adultos, a 102 de los 500 niños que nacieron en los centros de tortura.
El año pasado, el ex dictador desató un escándalo porque confesó por primera vez que durante el último régimen militar fueron asesinadas y desaparecidas entre siete mil y ocho mil personas.
Las revelaciones del represor quedaron plasmadas en el libro "Disposición final", del escritor Ceferino Reato, ante quien Videla reconoció que la dictadura mató a miles de detenidos y luego hizo desaparecer sus cuerpos "para no provocar protestas dentro y fuera del país".
Agregó que "cada desaparición puede ser entendida ciertamente como el enmascaramiento, el disimulo, de una muerte" y se justificó con el argumento de que "no había otra solución".
El ex dictador contó que, en la cúpula militar, "estábamos de acuerdo en que las desapariciones eran el precio a pagar para ganar la guerra contra la subversión y necesitábamos que no fuera evidente para que la sociedad no se diera cuenta".
Afirmó que "había que eliminar a un conjunto de grande de personas que no podían ser llevadas a la justicia ni tampoco fusiladas".
También reconoció que hizo desaparecer cuerpos de personas muertas en tiroteos, como el del jefe del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), Mario Santucho.
"Era una persona que generaba expectativas; la aparición de ese cuerpo iba a dar lugar a homenajes, a celebraciones. Era una figura que había que opacar", dijo.
Videla aclaró que durante la dictadura no se utilizó el concepto "solución final", como los nazis, sino el de "disposición final" para justificar los asesinatos.
Videla, quien encabezó el golpe de Estado en contra de la presidenta María Estela Martínez de Perón en 1974, fue el primer dictador latinoamericano en ser condenado por genocidio, ya que el segundo fue el guatemalteco Efraín Ríos Montt, apenas la semana pasada.
El represor falleció mientras se llevaba a cabo un nuevo juicio en su contra, en este caso por el denominado Plan Cóndor que llevaron a cabo las dictaduras latinoamericanas en los años 70 y 80 para intercambiar presos políticos.
Apenas el lunes pasado, Videla declaró por última vez y advirtió que ya no hablaría ante los tribunales porque no les confería legalidad alguna.
El 24 de marzo de 1976, Videla lideró el último golpe de Estado sufrido en Argentina y dio inicio a una de las dictaduras más sangrientas de América Latina, misma que él presidió hasta 1981.
La dictadura militar terminó en 1983 con un saldo de 30 mil desaparecidos, pero en 1986 se realizaron los históricos juicios a las juntas militares y la mayoría de los acusados, entre ellos Videla, fueron condenados a cadena perpetua.
Sin embargo, tres años más tarde el ex presidente Carlos Menem decretó una amnistía y los represores quedaron en libertad, hasta que en 2005 se derogaron definitivamente las leyes que les habían permitido la impunidad.
Uno de los delitos que nunca se juzgó fue el robo sistemático de bebés que los militares cometieron en las cárceles clandestinas, a donde llevaban a presas embarazadas que eran asesinadas luego de parir.
Hace dos años, Videla fue condenado por la apropiación de niños, lo que fue celebrado por las Abuelas de Plaza de Mayo, quienes han podido recuperar, ya adultos, a 102 de los 500 niños que nacieron en los centros de tortura.
El año pasado, el ex dictador desató un escándalo porque confesó por primera vez que durante el último régimen militar fueron asesinadas y desaparecidas entre siete mil y ocho mil personas.
Las revelaciones del represor quedaron plasmadas en el libro "Disposición final", del escritor Ceferino Reato, ante quien Videla reconoció que la dictadura mató a miles de detenidos y luego hizo desaparecer sus cuerpos "para no provocar protestas dentro y fuera del país".
Agregó que "cada desaparición puede ser entendida ciertamente como el enmascaramiento, el disimulo, de una muerte" y se justificó con el argumento de que "no había otra solución".
El ex dictador contó que, en la cúpula militar, "estábamos de acuerdo en que las desapariciones eran el precio a pagar para ganar la guerra contra la subversión y necesitábamos que no fuera evidente para que la sociedad no se diera cuenta".
Afirmó que "había que eliminar a un conjunto de grande de personas que no podían ser llevadas a la justicia ni tampoco fusiladas".
También reconoció que hizo desaparecer cuerpos de personas muertas en tiroteos, como el del jefe del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), Mario Santucho.
"Era una persona que generaba expectativas; la aparición de ese cuerpo iba a dar lugar a homenajes, a celebraciones. Era una figura que había que opacar", dijo.
Videla aclaró que durante la dictadura no se utilizó el concepto "solución final", como los nazis, sino el de "disposición final" para justificar los asesinatos.

















