La Habana, junio (SEMlac).- Analizar la realidad cubana desde una mirada que visibilice cómo las personas pueden enfrentar más de una desventaja a la vez es crucial hoy, en un contexto donde aumentan las desigualdades y surgen nuevos ámbitos donde estas se manifiestan, coincidieron investigadores y profesores de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso-Cuba).
El enfoque interseccional, introducido en 2018, ha sido clave para identificar las complejas discriminaciones que emergen del entrecruzamiento de categorías sociales como el sexo, el color de piel y la clase social, entre otras, apuntó María del Carmen Zabala, psicóloga y coordinadora del Área de Desigualdades Sociales y Políticas de Equidad de Flacso-Cuba.
En el taller "10 años de gestión innovadora del conocimiento para la equidad social," realizado durante la segunda edición de la Convención Científica Internacional Saber UH 2025, del 26 al 30 de mayo, la académica destacó que, desde la creación de esta área en 2010, se ha promovido un enfoque interdisciplinario para el estudio de las desigualdades.
Así lo demuestran las decenas de publicaciones sobre la temática, entre estudios, libros, guías y otras herramientas metodológicas, refirió.
"No quiere decir que antes de 2015 Flacso-Cuba no realizara investigación sobre desigualdades y vulnerabilidades, pero quisimos centrarnos en un área para potenciar estos estudios", dijo.
Asimismo, nos enfocamos en actualizar los diagnósticos sobre la situación de vida en Cuba, tanto en lo relativo a las desigualdades entre grupos sociales según género, color de la piel, territorio y edad, entre otras, como en diversos ámbitos de derechos, incluyendo la salud, la educación, el trabajo y los cuidados, afirmó
La profesora Zabala enfatizó como uno de sus objetivos específicos el seguimiento a los impactos de las políticas económicas y sociales en la sociedad cubana y su expresión en la equidad.
Radiografiar la desigualdad
"Las desigualdades son el resultado de las posiciones que las personas ocupan en la estructura social", explicó Zabala, quien añadió que sus investigaciones se alejan de una visión reduccionista que las limita únicamente a ingresos y recursos, adoptando en cambio un enfoque multidimensional que incluye el acceso a oportunidades humanas, derechos, así como la participación social y política.
En opinión de esta especialista, la perspectiva interseccional definida como "un sistema complejo de estructuras de opresión múltiples y simultáneas" y consolidada como eje analítico, "permite identificar grupos donde se concentran discriminaciones y vulnerabilidades, así como aquellos con ventajas acumuladas"
Este marco, enriquecido con aportes decoloniales y afrofeministas, desmonta jerarquías basadas en color de piel, género, territorio o clase, dijo la académica, quien apuntó que "las matrices de dominación no son iguales en todos los contextos y requieren un análisis contextualizado".
La profesora enfatizó en las contribuciones del enfoque interseccional como herramienta analítica y política. "Esto nos permite actuar de manera consciente sobre las matrices de opresión, que incluyen el racismo, la heteronormatividad, el patriarcado, el capacitismo y la opresión de clases, entre otros. Una política verdaderamente emancipatoria debe considerar estos elementos", refirió.
Con ella coincidió la investigadora Geydis Fundora Nevot, quien remarcó que la nación caribeña "se encuentra en un contexto de desbalance que requiere una nueva lectura del régimen de bienestar, centrada en la familiarización y comunitarización de este bienestar".
La socióloga destacó la importancia de repensar los procesos de desarrollo local y comunitario frente a las problemáticas actuales. En relación con los escenarios políticos, señaló la necesidad de revisar los perfiles tradicionales vinculados a la ruralidad, la migración y el color de la piel. "Hoy debemos incluir otros perfiles que reflejen la realidad contemporánea", afirmó.
Igualmente, subrayó el creciente peso de las brechas socioeconómicas y la estratificación en el contexto cubano, pues "si antes eran menos visibles, ahora requieren una atención prioritaria", indicó.
Fundora Nevot enfatizó en la importancia de abordar el contexto de policrisis, que abarca la crisis energética, así como la escasez de medicamentos y servicios públicos. "Es fundamental considerar cómo el envejecimiento, la migración y la distribución de los cuidados están reconfigurando las dinámicas sociales y culturales en nuestra sociedad", afirmó.
Infancias y adolescencias de cara a múltiples vulnerabilidades
Grupos altamente protegidos históricamente como niños, niñas y adolescentes, hoy ven vulnerados algunos de sus derechos en diversos espacios, refirió Ana Isabel Peñate, también profesora e investigadora de Flacso-Cuba.
Durante 2023 y 2024, Peñate realizó un estudio que identificó 11 áreas de vulnerabilidad, entre ellas el embarazo adolescente, la discapacidad, la violencia y las relaciones de pareja, entre otras. Su investigación demostró cómo, desde la primera infancia, se comienzan a estructurar distintos ejes que profundizan la condición de vulnerabilidad de niñas, niños y adolescentes.
Nombrada "Vulnerabilidad de la infancia y la adolescencia en Cuba" y realizada con una muestra intencional de niños, niñas y adolescentes de diferentes territorios del país, también contó con la participación de la filóloga Ileana Núñez Morales y otras estudiosas del Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello.
"Es crucial reconocer que las infancias y adolescencias no son homogéneas; hay desigualdades invisibilizadas que afectan a estos grupos", advirtió.
Peñate también describió los perfiles que emergieron de la investigación. "Entre los seis y 12 años, predominan los hogares monoparentales, frecuentemente encabezados por mujeres, y las condiciones económicas precarias. Las niñas y adolescentes asumen roles de cuidadoras, lo que limita sus oportunidades", explicó.
En el caso de los adolescentes, la articulación entre color de piel, territorio y situación socioeconómica genera exclusión. "Los ámbitos de mayor rechazo son la escuela y el barrio, y las adolescentes son especialmente vulnerables a todo tipo de violencia, con respecto a sus pares masculinos", indicó.
La estudiosa también resaltó la importancia de contar con políticas específicas que atiendan estas desigualdades y fomenten el diálogo entre academia y política. "Es fundamental tener políticas universales y, al mismo tiempo, estrategias que respondan a las particularidades de estos grupos en situación de vulnerabilidad", concluyó.

















