Islas Marías, 19 Mar (Notimex).- El ciclo de vida como Centro Penitenciario terminó en Islas Marías y ahora durante la entrega-recepción se apuntala como un Centro de Educación Ambiental y Cultural que dará alojamiento a campamentos para niños y jóvenes que gusten de la naturaleza a partir del próximo verano.
Pero la historia del lugar, centrada en Isla Madre no acabará, pues las instalaciones aún maltrechas por el huracán Willa que ascienden a más de 2 mil millones de pesos, junto a sus murales y lo que quedaba de las prisiones se mantendrán para ser testigos de la historia y evitar una inversión mayor.
En la actualidad -antes de entregar formalmente la Isla a la Semar y Semarnat- la llegada comienza en la octava Zona Naval en el puerto de Mazatlán y tras un viaje de siete horas en buque más de 7 filtros de seguridad se llega al muelle Morelos donde un mural con la imagen de Nelson Mandela otorga la bienvenida.
Lo que queda del Centro Penitenciario decretado por Porfirio Díaz hace 113 años con ocho meses son muros hechos murales, dormitorios con rayones, trozos dejados por los huracanes, una naturaleza diversa y miles de historias.
Los internos que hasta el día 8 de marzo eran alrededor de 600 -luego de ser reubicados en otros Ceferesos del país- se dividían en cuatro espacios: en Morelos donde permanecían personas con discapacidad, de tercera edad y con padecimientos médicos; en Bugambilias donde los privilegiados podían convivir con sus familias; en Aserradero donde se encontraba la población próxima a obtener su libertad; y Laguna de Toro de máxima seguridad donde se encontraban quienes tenían mayor problema de acatar las reglas de autoridad y donde se hacía el proceso de clasificación de perfiles.
Costear a los “PPLs” como todos les llaman y que quiere decir Personas Privadas de su Liberad, ya no era posible, según el Comisionado del Órgano Administrativo Desconcentrado Prevención y Readaptación Social (OADPRS), Francisco Garduño Yáñez, quien narra que cada interno le generaba costos a la Federación de dos mil 800 pesos por día.
Aún en el lugar, distribuidos en los 20 kilómetros de largo y ocho de ancho que se recorren en varias horas ante los largos caminos de terracería, se mantienen alrededor de 400 empleados, entre personal administrativo, de la Secretaría de Marina y de OADPRS.
“Muchos quieren quedarse aquí y van a ser transferidos a la Semarnat para que continúen; ellos yo creo van a ser los pioneros de conducción en la Isla para las gentes que vengan porque la conocen perfectamente”, comenta el comisionado Garduño.
“Aquí no tienes celular, no hay señal de telefonía ni de internet entonces yo creo que es más difícil para las mujeres quedarse acá, nosotros (los hombres) somos más desenamorados, no tenía problema en estar incomunicado”.
Además confiesa que jamás tuvo miedo a los internos. “Siempre estuve desarmado, no era necesario, interactuábamos como con cualquier persona, entre ellos llegaban a tener algún conflicto pero estaba tranquilo”.
Así lo cuenta Ricardo Ramírez Guzmán, Encargado de Protección Civil, quien dijo que en contra parte y a lo largo de la historia algunos trataron de huir en lanchas hechizas hacia la Isla Magdalena que se encuentra al frente, pero “nunca lo lograron, es bien sabido que además hay tiburones y cuando ya no podían más regresaban”.
Pero la historia del lugar, centrada en Isla Madre no acabará, pues las instalaciones aún maltrechas por el huracán Willa que ascienden a más de 2 mil millones de pesos, junto a sus murales y lo que quedaba de las prisiones se mantendrán para ser testigos de la historia y evitar una inversión mayor.
En la actualidad -antes de entregar formalmente la Isla a la Semar y Semarnat- la llegada comienza en la octava Zona Naval en el puerto de Mazatlán y tras un viaje de siete horas en buque más de 7 filtros de seguridad se llega al muelle Morelos donde un mural con la imagen de Nelson Mandela otorga la bienvenida.
Lo que queda del Centro Penitenciario decretado por Porfirio Díaz hace 113 años con ocho meses son muros hechos murales, dormitorios con rayones, trozos dejados por los huracanes, una naturaleza diversa y miles de historias.
Los internos que hasta el día 8 de marzo eran alrededor de 600 -luego de ser reubicados en otros Ceferesos del país- se dividían en cuatro espacios: en Morelos donde permanecían personas con discapacidad, de tercera edad y con padecimientos médicos; en Bugambilias donde los privilegiados podían convivir con sus familias; en Aserradero donde se encontraba la población próxima a obtener su libertad; y Laguna de Toro de máxima seguridad donde se encontraban quienes tenían mayor problema de acatar las reglas de autoridad y donde se hacía el proceso de clasificación de perfiles.
Costear a los “PPLs” como todos les llaman y que quiere decir Personas Privadas de su Liberad, ya no era posible, según el Comisionado del Órgano Administrativo Desconcentrado Prevención y Readaptación Social (OADPRS), Francisco Garduño Yáñez, quien narra que cada interno le generaba costos a la Federación de dos mil 800 pesos por día.
Aún en el lugar, distribuidos en los 20 kilómetros de largo y ocho de ancho que se recorren en varias horas ante los largos caminos de terracería, se mantienen alrededor de 400 empleados, entre personal administrativo, de la Secretaría de Marina y de OADPRS.
“Muchos quieren quedarse aquí y van a ser transferidos a la Semarnat para que continúen; ellos yo creo van a ser los pioneros de conducción en la Isla para las gentes que vengan porque la conocen perfectamente”, comenta el comisionado Garduño.
“Aquí no tienes celular, no hay señal de telefonía ni de internet entonces yo creo que es más difícil para las mujeres quedarse acá, nosotros (los hombres) somos más desenamorados, no tenía problema en estar incomunicado”.
Además confiesa que jamás tuvo miedo a los internos. “Siempre estuve desarmado, no era necesario, interactuábamos como con cualquier persona, entre ellos llegaban a tener algún conflicto pero estaba tranquilo”.
Así lo cuenta Ricardo Ramírez Guzmán, Encargado de Protección Civil, quien dijo que en contra parte y a lo largo de la historia algunos trataron de huir en lanchas hechizas hacia la Isla Magdalena que se encuentra al frente, pero “nunca lo lograron, es bien sabido que además hay tiburones y cuando ya no podían más regresaban”.























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