Turbaco, refugió del General Santa Anna entre la realidad y la ficción

Turbaco, refugió del General Santa Anna entre la realidad y la ficción. NOTIMEX
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Bogotá, 20 Mar 15 (Notimex).- Turbaco es un pequeño pueblo del caribe colombiano donde el dictador mexicano Antonio López de Santa Anna se refugió para escapar de la justicia de su país, y hoy, 141 años después, hace parte de su historia con imaginarios más cercanos a la ficción que a la realidad.

Los habitantes de este pequeño pueblo del caribe colombiano tienen entre sus mitos y leyendas al general Santa Anna, y muchos de ellos cuentan de forma efusiva lo que significó para la historia del pueblo la llegada del militar mexicano.

López de Santa Anna llegó a la presidencia de México por primera vez en 1832 y en este primer periodo se mantuvo hasta 1835, cuando el 28 de enero de este año, el Congreso Constituyente, concedió a Santa Anna, una licencia y en su lugar fue nombrado, José Justo Corro.

Luego se encargó del poder ejecutivo de México otras 10 veces, y el último periodo fue de 1853-1855 y a partir de este año vivió desterrado en Cuba, Venezuela, Estados Unidos, y en Turbaco, Colombia, hasta 1874, cuando regresó a su país, donde murió ciego y pobre el 20 de junio de 1876.

Turbaco es un pueblo que recuerda con orgullo la estadía del general López de Santa Anna, y que sobrevivió a la violencia de los colonizadores españoles Pedro de Heredia, Juan de la Cosa y Diego de Nicuesa, que llegaron y quemaron los ranchos junto con sus indios.

El historiador José Ignacio, un asesor de la Alcaldía de Turbaco, cuenta a su manera lo que se conoce, por la historia oral, de la vida del general mexicano durante su paso por el pueblo.

Francisco Oyola, un dirigente cívico que se autodenomina “Pacho Listo”, y quien escribió el único libro en la que narra la historia del pueblo y por supuesto el paso del ex presidente mexicano por estas tierras, también cuenta a su manera varios episodios.

“El general vino y con su dinero compró una casa vieja, y la reconstruyó aquí donde hoy está el Palacio de la Alcaldía, y luego ayudó a construir el cementerio (...) Estas son las dos obras más importantes que dejó Santa Anna en Turbaco antes de partir”, dijo Pacho Listo.

Y mientras ojea su viejo libro de historia sobre Turbaco, Pancho Listo dice que “el general mexicano fue un tipo que ayudó mucho a la población (...) después se fue para México y nosotros aquí ya no sabemos nada (...)”.

Además narró que “como a los símbolos patrios: el escudo, la bandera y el himno, en Turbaco los niños en la escuela saben quién es Santa Anna. Saben que él hizo la alcaldía y el cementerio”.

Cada siete de diciembre se iza la bandera en Turbaco. En las escuelas y colegios es día patrio, se habla de Santa Anna, “porque está en el libro, en mi libro y ahí está la fotografía del general (...) Ahí se habla también de Pedro de Heredia, Juan de la Cosa y Diego de Nicuesa”.

“!Claro! que al general Santa Anna se le recuerda de forma diferente, porque Pedro de Heredia, Juan de la Cosa y Diego Nicuesa, quemaron el pueblo con los indios Yurbacos y todos”, señaló el líder cívico.

Los historiadores mexicanos reseñan en sus documentos que Santa Anna vivió en lo que ahora es la alcaldía.

La casona de tejas se mantiene con las columnas cilíndricas y un amplio corredor que albergó al general mexicano, quien ayudó a resurgir al pueblo, como dicen sus habitantes.

Entre la casona, que ha sufrido varias restauraciones en los últimos 140 años, para que no pierda su toque de hacienda del siglo XIX, y el parque central, hay una calle que se llama República de México.

La leyenda popular señala que por debajo de la casona, Santa Anna construyó un túnel que salía a la iglesia Santa Catalina de Alejandría para escapar en caso que llegaran de “México para detenerlo”.

En el pueblo se habla del túnel pero la actual generación no ha visto la construcción, y hace parte de los imaginarios de este pueblo, que cuando Santa Anna llegó tenía 300 habitantes y en el 2015 se acerca a los 100 mil.

A un costado del pueblo, sobre un pequeño montículo, está el cementerio, con sus pequeños mausoleos, donde se tejen otras historias, como la de que ahí permanecen los restos de los hijos, nietos y bisnietos del general.

“En esta tumba esta la señora Luisa Elvira Espinosa Marrugo (1905-1989), ella fue hija de Manuel Espinosa, hijo de Santa Anna, eso lo sabe todo el mundo en el pueblo”, dijo Pacho Listo, mientras mueve las descoloridas flores colocadas en el pequeño mausoleo, ubicado al lado izquierdo de la entrada del cementerio.

Pacho Listo relata que “en el pueblo se cuenta que el general Santa Anna no bautizaba a sus hijos con el apellido de él (...) buscaba apellidos de amigos cercanos (...) Aquí hay hijos, nietos y bisnietos del ex presidente mexicano”.

Cuando se escuchan las historias del dictador mexicano en este pueblo, ubicado a una hora de Cartagena por carretera, parece como si se estuviera leyendo algún pasaje de Macondo, ese pueblo imaginario que creó el Nobel colombiano Gabriel García Márquez en Cien Años de Soledad o en Los funerales de mamá grande.