San Ildefonso Tultepec, Amealco, 24 de abril de 2026. — Las campanas de la Parroquia de San Ildefonso no pararon este viernes. Empezaron a las ocho de la mañana, cuando el primer féretro entró al templo de Xajay, y siguieron hasta que cayó la tarde en San Pablo.
Entre campanada y campanada, el mariachi afinó las cuerdas, el copal se alzó de los braseros, y las voces de las mujeres mayores comenzaron a rezar en ñähñu sobre los cuerpos de nueve vecinos que el miércoles salieron de casa rumbo a San Juan del Río y nunca volvieron.
Viajaban en el camión A-604 de la línea Amealcenses. Eran estudiantes que iban a clase, amas de casa que salían a hacer encargos, trabajadores que empezaban su jornada.
El autobús se impactó contra un árbol en el kilómetro 8 de la carretera estatal 310. Los que se salvaron cuentan que el chofer se quedó dormido. Los que no, quedaron acostados este viernes en los féretros que rodearon las familias de San Ildefonso Tultepec, la comunidad ñähñu más poblada de Amealco después de la cabecera.

A las diez de la mañana, Diana Michel García Pérez entró a la parroquia principal. Después Juan Carlos Cayetano Cruz, y después Ma. Claudia Cruz Jacinto. A las trece horas fue la misa de Jonathan Benito Quinno y a las quince la de Jonathan Margarito Pascual. A las ocho de la mañana, en el templo de la comunidad de Xajay, los familiares de Ángela García Rafael la habían acompañado hasta su última morada.
A las 16:30 de la tarde, en San Pablo, se cerró la jornada con Concepción Obregón Correa. La publicación oficial de la parroquia, difundida en redes sociales la noche anterior, había pedido a los habitantes de los barrios que acompañaran en oración a cada familia. Muchos ni siquiera conocían de cerca al difunto. Llegaron igual.
Dentro de la parroquia, cuando el mariachi contratado por las familias arrancó con Adiós, Reina del Cielo, Madre del Salvador, las mujeres que estaban sentadas en las bancas levantaron la mirada. Es el canto mariano que acompaña a los muertos católicos en casi toda la región.
En San Ildefonso, donde más de la mitad de los 3 mil 632 habitantes habla otomí según el último registro demográfico, ese canto se mezcla con oraciones en ñähñu que las mayores saben de memoria desde niñas. No hay plantilla.
Cada familia elige las piezas que el difunto prefería en vida, y el mariachi las toca, aunque el repertorio originalmente no fuera para un velorio. Alguien pidió un corrido. Otra familia pidió Las Golondrinas. Una más, puro canto mariano.

El alcalde de Amealco, Óscar Pérez Martínez, había informado el día anterior que la mayoría de las víctimas eran de la zona indígena de San Ildefonso, desde donde partió el autobús. Las versiones preliminares apuntan a una ponchadura de llanta o a una distracción del operador como causas del accidente.
La Fiscalía General del Estado mantiene la investigación. El chofer, un hombre de alrededor de 60 años, sobrevivió al impacto con varias fracturas. El edil adelantó que el Cabildo sesionaría de manera extraordinaria para autorizar recursos adicionales que apoyaran a las familias con los gastos funerarios.
Nueve féretros en una comunidad que siembra en mayo

La temporada de lluvias arranca en dos semanas. En San Ildefonso Tultepec, eso significa mucho más que el calendario agrícola. Significa la siembra del maíz en las parcelas de las lomas, la aparición de los hongos en el bosque templado —más de doscientas especies, de las cuales la comunidad aprovecha alrededor de treinta—, y las danzas que las mujeres preparan desde niñas hasta ancianas para pedir que caiga el agua.
Los estudios de la UNAM y la Universidad Autónoma de Querétaro describen la danza de Las Pastoras como un ritual propiciatorio de las lluvias, en el que el bastón con cascabeles que portan las danzantes simboliza la tormenta que la comunidad llama a gritos para fecundar las tierras. Este año, el ciclo arranca con nueve vacíos en las bancas del templo.
El libro Ar ñäñho hongar nzaki. El otomí en busca de la vida, coordinado por la investigadora Lydia van de Fliert y publicado originalmente por la UAQ en 1988 con segunda edición en 2025, recogió durante décadas la forma en que los ñähñus de San Ildefonso Tultepec y de Santiago Mexquititlán tejen la muerte con la tierra y con el agua.
Informantes como doña Camila González Albino y don Severiano Andrés de Jesús dejaron registrado que, en la cosmovisión de la comunidad, los difuntos no se van del todo. Regresan cada año. Se les recibe con música, con comida hecha a mano, con pan. Se les habla en voz baja. Se les cuenta lo que pasó mientras no estaban.
Este viernes, San Ildefonso Tultepec empezó a aprender los nombres que tendrá que decir el próximo Día de Muertos. Diana Michel. Juan Carlos. Ma. Claudia. Jonathan Benito. Jonathan Margarito. Ángela. Concepción. Y dos más cuyos cuerpos también fueron despedidos en la parroquia principal y a quienes las familias acompañaron hasta el panteón entre cantos de mariachi y cirios encendidos.
A unos kilómetros de la parroquia, en el kilómetro 8 de la carretera estatal 310, el árbol contra el que se estrelló el camión seguía este viernes en su sitio. Al pie del tronco, donde horas antes habían estado los cuerpos, solo quedaban ya las prendas rotas, los zapatos sueltos, las mochilas, las bolsas con los encargos del día. Cosas que esa mañana del miércoles alguien dobló antes de salir de casa. Cosas que cargaron hasta el último metro del camino.

¿Por qué hay mariachi en los sepelios de las comunidades otomíes de Amealco?
El mariachi en los sepelios de San Ildefonso Tultepec no es un adorno reciente. Es parte del sincretismo que ha marcado durante siglos la religiosidad ñähñu del sur de Querétaro, donde el canto ceremonial católico —himnos marianos como Adiós, Reina del Cielo o Madre del Salvador— convive con el mariachi contratado por cada familia para acompañar al difunto desde la casa hasta la iglesia, y de la iglesia hasta el panteón.
Las piezas se eligen según el gusto del difunto, mezclando himnos religiosos con canciones que en vida lo acompañaron. En los atrios, las cruces adornadas con cempasúchil y las velas de cera completan un paisaje ritual que este viernes se repitió nueve veces.
















El tablero político de Amealco rumbo a 2027: aprobación del alcalde Óscar Pérez, aspirantes de los principales partidos y la guerra interna que arrastra la oposición desde 2024. (Infografía: Rotativo) 
Policía Municipal acordonó la zona; la Guardia Nacional asumió el caso por tratarse de vía federal. 
