San Juan del Río conmemoró este 24 de junio sus 494 años de fundación con la solemnidad que amerita una fecha tan significativa. Sin embargo, más allá de las ceremonias oficiales, los timbres postales conmemorativos y los reconocimientos a personalidades destacadas, vale la pena reflexionar sobre el estado real de nuestra ciudad y los desafíos que enfrenta una administración que, bajo el liderazgo de Roberto Cabrera Valencia en su segundo período, debe lidiar con dinámicas sociales complejas y expectativas desproporcionadas.
El progreso tangible en medio de desafíos estructurales
Roberto Cabrera Valencia ha demostrado con hechos concretos su compromiso con el desarrollo de San Juan del Río. La infraestructura ha mejorado sustancialmente, los parques industriales continúan atrayendo inversión, y proyectos como el bacheo emergente con más de 14 mil metros cúbicos de asfalto aplicados que evidencian una gestión proactiva ante las necesidades básicas. Su visión de construir “una Mejor Ciudad, una Mejor Sociedad” no es mera retórica, sino un objetivo que se materializa día a día en obra pública y servicios.
No obstante, este progreso enfrenta obstáculos que van más allá del control directo del alcalde. El principal desafío no radica tanto en la capacidad de gestión municipal, sino en la estructura burocrática heredada y, más preocupante aún, en las actitudes de algunos sectores de la población que demandan sin contribuir.
La herencia de la ineptitud
Uno de los problemas más visibles de esta administración ha sido la calidad del personal en puestos clave. Resulta paradójico que en una ciudad que aspira a ser referente regional, algunos funcionarios lleguen a sus cargos por circunstancias ajenas al mérito o la capacidad. Esta situación, que el propio alcalde no pudo controlar completamente desde el inicio, ha creado un ambiente de mediocridad que frena iniciativas que podrían tener mayor impacto.
La rotación constante en áreas críticas, especialmente en comunicación social, refleja esta problemática. Han pasado múltiples titulares por esta área, desde Eitan Kovalsky hasta Pedro Gómez y Edgar Arteaga, sin que se logre consolidar una estrategia efectiva de comunicación gubernamental.
El área de oportunidad: Comunicación Social
Si existe un aspecto perfectible en la administración actual, es sin duda la estrategia de comunicación. La Dirección de Comunicación Social ha experimentado rotación de personal que ha impedido consolidar una línea de trabajo coherente. Esta situación, aunque comprensible dada la complejidad del cargo, ha generado que los logros reales de la gestión no se posicionen adecuadamente en la percepción pública, ante la mediocridad, intereses propios y de negocio.
La comunicación gubernamental efectiva no solo informa sobre acciones realizadas, sino que educa a la ciudadanía sobre sus responsabilidades, explica las limitaciones presupuestales y fomenta la participación constructiva. En este sentido, fortalecer esta área podría contribuir significativamente a cambiar actitudes ciudadanas y generar mayor corresponsabilidad social.
La migración irresponsable: el verdadero problema de San Juan del Río
El crecimiento poblacional de San Juan del Río se ha convertido en un arma de doble filo que amenaza la estabilidad social y financiera del municipio. Miles de familias han llegado de otros estados del país, atraídas por las oportunidades laborales y la calidad de vida que ofrece la ciudad. Sin embargo, muchas de estas familias llegan con una mentalidad parasitaria que pone en jaque cualquier esfuerzo administrativo.
Estos nuevos residentes, que no contribuyeron durante décadas a la construcción de la infraestructura que hoy disfrutan, llegan exigiendo servicios de primer mundo que ni siquiera tenían en sus lugares de origen. Demandan seguridad sin participar en programas de vigilancia vecinal, exigen alumbrado público sin pagar puntualmente sus impuestos, solicitan pavimentación sin considerar que cada metro de asfalto representa recursos que podrían destinarse a otras prioridades.
Esta actitud depredadora no solo es moralmente cuestionable, sino que genera una presión insostenible sobre las finanzas municipales. Mientras los sanjuanenses de generaciones han construido su patrimonio familiar y comunitario con décadas de esfuerzo, estos recién llegados pretenden acceder a los mismos beneficios sin asumir las responsabilidades correspondientes.
La falacia de los “derechos adquiridos” instantáneos
Resulta paradójico que quienes abandonaron sus lugares de origen por falta de oportunidades, servicios deficientes o inseguridad, lleguen a San Juan del Río con la expectativa de encontrar resueltos todos los problemas que no supieron o no pudieron solucionar en sus comunidades de origen. Esta mentalidad refleja una profunda irresponsabilidad cívica que corroe el tejido social.
La seguridad pública, por ejemplo, no se construye únicamente con mayor presupuesto municipal o más elementos policiales. Requiere de la participación activa de ciudadanos comprometidos, de la denuncia oportuna, del cuidado mutuo entre vecinos. Sin embargo, muchos de estos nuevos residentes prefieren la comodidad de la queja constante sobre la incomodidad de la participación ciudadana.
Lo mismo ocurre con los servicios públicos. El mantenimiento de drenajes, la limpieza de calles, el cuidado de áreas verdes son responsabilidades compartidas entre gobierno y ciudadanía. Pero es más fácil exigir que colaborar, más cómodo reclamar que participar.
Los límites de cualquier administración
Roberto Cabrera Valencia enfrenta un dilema que ningún alcalde debería enfrentar: gobernar para una población que crece exponencialmente sin que el presupuesto municipal crezca en la misma proporción. Los recursos son finitos, las demandas infinitas, y la paciencia ciudadana cada vez más escasa.
Es injusto responsabilizar únicamente a la administración municipal por problemas que tienen raíces profundas en la irresponsabilidad social. Un alcalde puede pavimentar calles, pero no puede evitar que los ciudadanos las dañen por mal uso. Puede mejorar el drenaje, pero no puede impedir que algunos arrojen basura que lo obstruya. Puede fortalecer la seguridad, pero no puede cambiar actitudes antisociales arraigadas.
La gestión de Cabrera Valencia ha mostrado resultados concretos: mantenimiento de cárcamos al 100% de funcionamiento, labores preventivas de limpieza en calles y drenes, atención oportuna en temporada de lluvias. Estos logros, sin embargo, se minimizan ante la magnitud de las expectativas desproporcionadas de una población que confunde derechos con caprichos.
La urgencia de un pacto social
San Juan del Río necesita urgentemente un nuevo pacto social que establezca claramente derechos y obligaciones para todos sus habitantes. No puede seguir operando bajo la premisa de que el gobierno municipal es el único responsable del bienestar colectivo mientras los ciudadanos se limitan al papel de espectadores críticos.
Quienes eligen vivir en San Juan del Río deben entender que la calidad de vida no es un regalo, sino una conquista colectiva que requiere compromiso individual. Esto implica pagar impuestos puntualmente, participar en programas de seguridad ciudadana, cuidar los espacios públicos, denunciar irregularidades y, sobre todo, dejar de lado la mentalidad de que “alguien más” resolverá los problemas.
Los sanjuanenses de nacimiento también tienen responsabilidades. No pueden permitir que su ciudad se convierta en un refugio para quienes huyen de problemas que ellos mismos ayudaron a crear en otros lugares. Deben exigir integración real, no solo residencial, de los nuevos habitantes.
Mirando hacia el 500 aniversario: una oportunidad de redefinición
Como bien señaló el alcalde Cabrera Valencia en la ceremonia conmemorativa, San Juan del Río se prepara para celebrar sus 500 años de fundación. Esta fecha simbólica debe ser el horizonte para una transformación profunda no sólo de la infraestructura urbana, sino de la mentalidad ciudadana.
Los próximos años representan una oportunidad única para que la administración municipal implemente políticas que fomenten la corresponsabilidad social. Esto puede incluir desde programas de integración obligatorios para nuevos residentes hasta incentivos fiscales para quienes demuestren participación ciudadana activa.
Roberto Cabrera Valencia ha demostrado capacidad de gestión y conocimiento del territorio. Su desafío ahora es complementar su trabajo administrativo con liderazgo social que transforme expectativas ciudadanas y genere una cultura de participación responsable.
Reflexión final: Construir sobre lo construido
San Juan del Río no necesita ser destruido para ser reconstruido. Necesita que quienes lo administran tengan la valentía de reconocer errores, la sabiduría de aprovechar aciertos y la determinación de construir sobre bases sólidas.
La ciudad tiene potencial, recursos y una ubicación privilegiada. Tiene también un alcalde con experiencia y conocimiento del territorio. Lo que le hace falta es una administración que funcione como un engranaje eficiente, donde cada pieza contribuya al objetivo común en lugar de trabajar para intereses particulares.
A los 494 años de su fundación, San Juan del Río merece una segunda mitad de esta administración que esté a la altura de su historia y sus aspiraciones. La pregunta es si Roberto Cabrera Valencia y su equipo están dispuestos a hacer los cambios necesarios para lograrlo.
El tiempo dirá si esta reflexión crítica se convierte en un llamado atendido o en una oportunidad perdida. Lo que es seguro es que los sanjuanenses, tanto los de generaciones como los recién llegados, merecen una respuesta y participación social.

















