Relata escritor William Ospina su primer encuentro con García Márquez

Getting your Trinity Audio player ready...
Bogotá, 27 Abr (Notimex).- El escritor colombiano, William Ospina, relató su experiencia durante el primer encuentro con el recién fallecido, Gabriel García Márquez, en esta capital, en un artículo publicado hoy por la revista literaria Gotas de Tinta.

“No sabemos aún qué dirá el porvenir, pero gracias a las características de esta época, García Márquez ha demostrado su capacidad de cautivar a gentes de muchas culturas”, sostuvo el autor de la novela “El país de la canela”.

Ospina reveló que había leído las obras de Gabo cuando tenía quince años, “pero no lo contaba entre los humanos a los que fuera posible conocer, sino entre los clásicos de la literatura; para mí pertenecía más a la leyenda que al mundo físico”.

“Cien años de soledad -afirmó- había conmocionado nuestras letras y había iniciado en la literatura a varias generaciones. Salvo Jorge Isaacs, Vargas Vila, José Asunción Silva y José Eustasio Rivera, los escritores colombianos eran hasta entonces glorias locales”.

Agregó: “Gabo había triunfado en el mundo entero: no solo lo leían en inglés y en francés, lo leían en húngaro, en mandarín, en lituano, en tamil, en japonés, en árabe. Y cuando en 1982 le llegó el premio Nobel, hacía mucho ya que era uno de los novelistas más afamados del mundo”.

“Yo incluso sentía que la fama presente de Gabo era mayor que la de todos sus congéneres. En vida, Shakespeare solo fue conocido por los londinenses que frecuentaban el teatro; Voltaire y Goethe tuvieron en su tiempo una fama escasamente europea; Cervantes tardó siglos en llegar a Alemania o a Rusia, aunque acabaría por fascinar a Heine y a Tolstoi, a Thomas Mann, a Dostoievski y a Kafka”.

En ese primer encuentro Gabo le hizo a Ospina esta revelación: “Fíjate que en mis planes el coronel (Aureliano Buendía), iba a morir fusilado, y era allí donde lo ejecutaban. Por eso la novela comienza con el momento en que el coronel, frente al pelotón de fusilamiento, recuerda aquel episodio de su infancia en que su padre lo llevó a conocer el hielo (...).

“Pero cuando estaba contando cómo lo llevaban los soldados hacia el cementerio, recordé que en esa calle vivía José Arcadio, y ocurrió algo que yo no tenía previsto: el hermano tomó el fusil, salió de la casa, y salvó al coronel”.

Esta confidencia sobre la escritura de “Cien Años de Soledad”, “marcó el comienzo de mi amistad con García Márquez, pero al mismo tiempo empezó a modificar la idea que yo tenía de su literatura”.

”Para mí, Gabo era un autor diestro y fascinante, con un dominio extraordinario del arte de contar, y un control absoluto de sus argumentos: allí comprendí que su aventura creadora seguía otro curso, que el escritor estaba siempre dispuesto a dejarse sorprender por sus personajes y no sabía previamente cómo terminaría su relato”.

Subrayó que García Márquez, “podía conocer la historia que iba a contar, el mundo donde esa historia ocurría, los personajes y los episodios, pero todavía no tenía lo principal: la entonación, el ritmo del relato, el modo como el hilo saldría de la madeja (...)”.

“Tiempo después de aquel primer encuentro -recordó- le pregunté a Gabo cómo habían sido los días en que se encerró a crear Cien años de soledad”.

“Ospina se atrevió a decirle a Gabo : “En otros libros tuyos se siente el trabajo genial de un escritor, su labor de investigación, su esfuerzo de creación, pero en Cien años de soledad no se siente trabajo alguno, el narrador es un surtidor inagotable y parece que los prodigios fluyeran sin esfuerzo”. “Se me ocurrían sin cesar tantas cosas”.

García Márquez respondió “que si hubiera tenido más dinero la novela habría durado otras doscientas páginas”. “Siento que en ese trance creador está uno de los secretos de la magia de García Márquez”, señaló Ospina.