El tiempo decide muchas más cosas que nuestra vestimenta o nuestros planes. En los mercados de materias primas, la meteorología mueve inventarios, altera cosechas y dobla las curvas de futuros. Entre las nubes, muchas veces acaban filtrándose rayos de luz sobre los precios… a veces, con forma de curva.
Por qué el clima cambia las curvas
En las materias primas agrícolas, el precio al contado suele ser el más sensible a los sustos climáticos de corto plazo. Sequías, heladas… pueden disparar el precio en cuestión de días. Pero el verdadero lenguaje del mercado se lee en la curva de futuros: su pendiente, curvatura y amplitud entre vencimientos.
La meteorología influye enormemente tanto en escenarios de subida de precio como de bajada. En el caso del cacao, la combinación de estrés hídrico y las enfermedades asociadas a la humedad excesiva puede recortar la oferta disponible en origen. El mercado, al percibir la escasez, puede reflejar una subida de precios muy grande. En los granos, es bastante similar, pero con calendarios de siembra muy distintos. Aun así, el patrón se repite: shocks de oferta cercanos empujan la parte corta de la curva, mientras que las expectativas de normalización vuelven a dar pendiente positiva si se cree que la siguiente cosecha será buena.
Para el analista, hay tres pistas cruciales: la base, que mide la tensión local; los spreads de calendario, que condensan expectativas de reposición de stocks; y los costes de carry (financiación, almacenamiento y seguros)... salvo cuando la naturaleza desbarata la aritmética.
Microclimas, calendarios y “puntos de inflexión” de precio
El cacao es muy sensible a la meteorología por la concentración geográfica de su oferta. Costa de Marfil y Ghana son los países que dominan la producción, por lo que una secuencia de lluvias mal sincronizadas puede provocar déficits que son difíciles de sustituir. Además, la elasticidad de la demanda a corto plazo es limitada: la industria del chocolate no reformula recetas de un día para otro. Por eso, cuando el clima aprieta, los primeros vencimientos del cacao suelen sobrerreaccionar y el mercado entra en una situación de backwardation sostenida, es decir, los contratos cercanos se negocian por encima de los lejanos
En los granos, el guion es más estacional. El maíz vive pendiente de las lluvias en el cinturón agrícola estadounidense y de la ventana de siembra en Brasil. En el caso de la soja, se mira la humedad del suelo en Mato Grosso y los pronósticos de temperaturas en el Medio Oeste; mientras que el trigo se juega media cosecha en heladas tardías o en sequías persistentes en las llanuras americanas, en las estepas rusas o en los campos argentinos.
Ese patrón estacional deja huellas estadísticas. La prima de riesgo climática suele crecer en los meses previos a la cosecha, se refleja en spreads más nerviosos y, a menudo, convive con un aumento de la volatilidad implícita en opciones. Para quien opera el mercado de materias primas,se trata de entender cómo se traslada a inventarios esperados, flujos de exportación y, en definitiva, a la forma de la curva. Incluso con pronósticos iguales, dos campañas pueden dibujar curvas distintas si los stocks iniciales, los fletes o los aranceles cambian el telón de fondo.
La logística añade otra capa. Un año con ríos bajos encarece el transporte fluvial y puede “atascar” grano en el interior, elevando el spot local y alterando bases regionales. Un puerto con congestión alarga tiempos y seguros, y esa fricción se cuela en los diferenciales entre plazas y vencimientos. Así, la meteorología también afecta a la capacidad de mover la mercancía.
Operativa con curvas
Para los inversores que negocian con futuros, el primer paso es traducir la narrativa climática en posiciones que capten la torsión de la curva. Los calendar spreads son herramientas naturales: si se anticipa una escasez inmediata que debería estrechar la diferencia entre el cercano vs. lejano, una posición larga en el front y corta en el deferred puede beneficiarse del aplazamiento.
En complejos industriales como la soja, los crush spreads añaden otra vía de expresión. Un shock climático que afecte más al rendimiento oleaginoso que al proteico puede mover el spread a favor del aceite, revalorizando ciertas plantas. La clave está en recordar que el clima impacta a la cantidad total, a la calidad del producto, y al balance entre componentes.
Aunque la operativa recaiga en futuros, el trader macro no debe perder de vista los cruces con divisas. Las cosechas y exportaciones suelen cotizar en dólares y, a la vez, dependen de monedas locales de productores. En ese contexto, algunos de los operadores que trabajan con derivados apalancados en divisas también exploran estrategias de CFD en Forex para cubrirse ante posibles movimientos inesperados del dólar que amplifiquen el impacto climático sobre las curvas agrícolas. Además, también sirve para diversificar el portfolio de productos de los inversores.
Una última pieza es el calendario informativo. Los informes oficiales de oferta y demanda, datos de exportaciones semanales, estimaciones privadas de rendimiento y, por supuesto, los modelos meteorológicos (las anomalías de temperatura superficial del mar, los mapas de humedad del suelo, pronósticos de precipitación acumulada…). No se trata de perseguir cada actualización, más bien de distinguir qué dato puede cambiar la narrativa de balances y, por tanto, la pendiente de la curva. La meteorología es un flujo continuo de señales; el mercado, un filtro que decide cuáles importan.









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