La política se mide en lo que los actores hacen. También en lo que dejan de hacer. Y esta semana, lo que no ocurrió en Querétaro resultó tan revelador como lo que sí pasó en la tribuna del Congreso. Una reforma judicial aprobada entre fracturas, un aspirante que no llega a sus propias citas, un partido mayoritario que corre sin decir hacia dónde y una oposición nacional que sigue sin reglas claras. Ese es el saldo de la semana política queretana. No es menor.
El viernes 27, la LXI Legislatura aprobó con 19 votos a favor, cinco en contra y una abstención la homologación de la reforma al Poder Judicial con el marco federal. El resultado no sorprendió. Lo que sorprendió fue quién votó en contra: cuatro diputados de Morena —Eric Silva, Rosalba Vázquez, María Eugenia Margarito y Blanca Flor Benítez— se desmarcaron de la línea de su propio partido en una reforma que, se supone, es bandera central de la Cuarta Transformación. La petista Claudia Díaz Gayou se sumó al rechazo y adelantó que impugnará el dictamen. Adriana Meza, del PRI, optó por abstenerse con un argumento de prudencia técnica que, en la práctica, equivale a decir que nadie la convenció lo suficiente.
Edgar Inzunza, coordinador de la bancada morenista, restó importancia a la disidencia. Es la reacción esperable. Pero cinco legisladores del mismo bloque votando contra un dictamen que su partido impulsó desde la federación no es una discrepancia técnica: es una señal de que las corrientes internas están disputando terreno antes de que nadie ponga reglas para la gubernatura.
El candidato que no llega — literalmente
Y aquí entra un elemento que las encuestas no capturan pero que en el terreno ya genera ruido considerable. Santiago Nieto, el perfil mejor posicionado de Morena para la gubernatura en todas las mediciones publicadas, tiene un problema que va más allá de no residir en Querétaro: no llega cuando dice que va a llegar.
En las últimas semanas se han acumulado episodios que empiezan a configurar un patrón. Reuniones programadas con actores locales —operadores, dirigentes municipales, incluso simpatizantes organizados que lo esperaban— a las que Nieto simplemente no se presentó. Conferencias de prensa convocadas en el estado que se pospusieron "hasta nuevo aviso" sin mayor explicación. Citas con interlocutores del propio partido que se reprogramaron una, dos veces, hasta que dejaron de agendarse.
En política local, eso tiene un costo que no se mide en puntos porcentuales pero que se cobra en credibilidad. Querétaro no es la Ciudad de México. Aquí la gente espera, toma nota y no olvida. Un dirigente municipal que acomodó agenda, movilizó gente y preparó un espacio para recibir al aspirante no perdona fácilmente que lo dejen plantado. Y lo que es peor: habla. Cuenta que Nieto no llegó. Lo cuenta en la comida, en el comité, en la reunión de seccionales.
La distancia física entre la dirección del IMPI y las colonias de San Juan del Río o los comités de Corregidora no se resuelve con una oficina regional inaugurada en El Marqués ni con una visita a los productores de mármol de Vizarrón. Se resuelve estando. Cumpliendo. Llegando cuando se dijo que se iba a llegar. Y Santiago Nieto, hasta ahora, no ha podido o no ha querido resolver esa ecuación básica.
Mientras tanto, Arturo Maximiliano García sí está en el estado. Sus bardas aparecen en varios municipios a pesar de la instrucción de la dirigencia nacional de evitar actos anticipados. Tiene presencia en el Congreso como diputado local y, según CE Research, ya está a cuatro puntos de Nieto en mediciones internas. La pregunta incómoda para Morena es si el candidato con mejores números puede sostener esos números sin pisar el territorio de manera consistente y seria. Las plantadas reiteradas sugieren que no.
El PAN llena el Palenque, pero el candidato sigue sin nombre
El contraste con Morena no pudo ser más brutal. El sábado 28, un día después de la votación judicial que fracturó al bloque opositor, el PAN llenó el Palenque del EcoCentro Expositor con más de 5 mil asistentes en un evento bautizado "Cuidar Querétaro". Mauricio Kuri y el dirigente estatal Martín Arango encabezaron un acto que tuvo más de demostración de fuerza que de deliberación interna. El mensaje de Kuri fue calculado al milímetro: el PAN no le debe nada a nadie, dijo; son los militantes quienes le deben al partido. Y remató con una línea que iba dirigida tanto hacia adentro como hacia afuera: hay que enfocarse en las causas, no en las personas.
Es una frase que suena a estadista y que funciona perfecto en un video de redes. Pero en la práctica es una advertencia a los aspirantes: nadie es más grande que el partido, y quien se adelante corre el riesgo de quedarse solo. Arango reforzó el mensaje al confirmar que el 100% de las candidaturas —desde regidurías hasta la gubernatura— se abrirán a ciudadanos, en línea con lo anunciado por Jorge Romero desde la dirigencia nacional.
Cinco mil personas en un Palenque un sábado de marzo, a 15 meses de la elección, es un dato que habla por sí solo. Ningún otro partido en Querétaro puede convocar algo remotamente parecido. Pero la exhibición de músculo no resuelve la pregunta de fondo: quién será el candidato y cómo lo van a elegir.
Miguel Nava Alvarado, expresidente de la Defensoría de los Derechos Humanos, estuvo en el evento y reiteró que buscará la candidatura como aspirante ciudadano. Nava no tiene estructura para ganar la interna. Lo sabe. Pero su presencia funciona como termómetro: mide si la apertura es real o cosmética. Los partidos llevan años con las candidaturas secuestradas, dijo, y la convocatoria de Romero debe tener consecuencias. Es un desafío que incomoda, no porque amenace el resultado, sino porque obliga al aparato a responder con hechos.
El método de selección sigue sin definirse. El coordinador parlamentario Guillermo Vega ha sugerido que podría retrasarse la decisión para observar cómo arma Morena su jugada. El exgobernador Francisco Domínguez ya advirtió públicamente sobre el riesgo de fracturas. La "operación cicatriz" de la que habló Kuri semanas atrás supone que primero habrá herida. Y las heridas internas del panismo queretano, cuando ocurren, no sanan en silencio.
¿Qué hacen los que no pueden ganar pero sí pueden decidir?
En los márgenes de la contienda principal, los movimientos de esta semana merecen lectura cuidadosa.
El PRI celebró su Consejo Político Estatal y reportó más de 900 comités seccionales en consolidación. La dirigencia nacional designó cinco defensores territoriales para Querétaro —Mario Calzada, Adriana Meza, Abigail Arredondo, Manuel Montes y René Mejía— y dejó abierta la puerta a que alguno busque la gubernatura. Con 3.5% en careos, el tricolor no compite por ganar: compite por existir. Su verdadero capital es la capacidad de aliarse. Si va con el PAN, blinda la ventaja azul. Si va solo, fragmenta sin beneficio. Si negocia con Morena —hipótesis extrema pero no imposible—, le regala al panismo la narrativa perfecta del "todos contra nosotros". La abstención de Meza en la reforma judicial puede leerse como ensayo de esa ambigüedad calculada.
Movimiento Ciudadano, a través de Paul Ospital, fue el actor que mejor leyó la reforma electoral federal esta semana. Su diagnóstico fue quirúrgico: el Plan B se presentó como reforma democrática pero acabó siendo un mecanismo para recortar 4 mil millones de pesos a los poderes sin tocar la representación ni las reglas electorales. MC presentó su propia iniciativa con voto electrónico y blindaje contra el crimen organizado como ejes. El problema de Ospital es que su discurso es más grande que su partido: las encuestas le dan a MC entre 4.6% y 8.9% en Querétaro. Paulina Aguado aparece como la carta más visible, pero la distancia con PAN y Morena sigue siendo abismal.
El PVEM enfrenta algo peor que irrelevancia: riesgo de desaparición. Rubrum lo coloca con 1.9% de intención de voto estatal. Ricardo Astudillo, su figura local, registra 0.6% en careos. El Verde sobrevive por la alianza federal con Morena, pero localmente opera como satélite sin señal propia. La nota al margen: el alcalde morenista de Tequisquiapan, Héctor Magaña, se ha acercado al PVEM ante la negativa de Morena a apoyar reelecciones. Las alianzas de conveniencia personal están redibujando los mapas partidistas antes de que arranque formalmente el proceso.
La reforma electoral: reglas que no existen para un juego que ya empezó
Todo esto ocurre mientras la reforma electoral de la presidenta Sheinbaum sigue empantanada después de que la Cámara de Diputados la rechazó el 11 de marzo —259 votos a favor, 234 en contra, sin mayoría calificada—. El Plan B avanza por leyes secundarias, pero la oposición lo ha desmontado pieza por pieza.
El IEEQ, que tendrá que organizar una elección judicial extraordinaria en 2027 además del proceso ordinario, advirtió que el recorte presupuestal del 25% contemplado en la reforma podría comprometer su capacidad operativa. No es un detalle técnico: es logística electoral en un año donde Querétaro elegirá gubernatura, 18 presidencias municipales, Congreso local, diputados federales y, encima, jueces y magistrados por voto popular.
Sin reglas claras a más de un año de la elección, todos los partidos planean sobre arena movediza. Cuántos diputados habrá, cómo se financiarán las campañas, si sobrevivirán los plurinominales, bajo qué condiciones competirán los partidos menores — nada de eso está resuelto. Y sin embargo, las bardas ya están pintadas, las encuestas ya circulan y las reuniones ya se programan. Aunque algunos no lleguen a ellas.
Lo que esta semana dejó en claro
Las elecciones en Querétaro no se ganan por lo que hace el rival. Se pierden por lo que uno hace mal en casa. Morena tiene al candidato mejor posicionado en las encuestas, pero ese candidato no cumple citas básicas en el territorio que pretende gobernar. El PAN tiene los números más holgados de las últimas tres elecciones, pero no tiene método, ni calendario, ni certeza de que la interna no le va a costar más que la general. El PRI tiene estructura territorial pero no votos. MC tiene discurso pero no tracción. El PVEM tiene alianza federal pero no futuro local.
La reforma judicial pasó. Pero las heridas que dejó en el Congreso van a supurar durante meses, justo cuando Morena necesita proyectar cohesión y cuando el PAN necesita demostrar que puede gobernar y al mismo tiempo elegir sucesor sin romperse.
En Querétaro, las campañas formales no arrancan hasta 2027. Pero la campaña real ya empezó. Y esta semana dejó claro que ningún partido, absolutamente ninguno, tiene resuelto lo que necesita resolver antes de pedirle el voto a nadie.
















La Red Nacional de Periodistas condenó la invisibilización de comunicadoras en el encuentro militar. Infografía: 
