Querétaro, 24 de marzo de 2026. — Hay reuniones que dicen más por quién queda afuera que por lo que se discute adentro. La comida que el comandante de la 17ª Zona Militar, José Guillermo Lira Hernández, sostuvo a principios de marzo con un selecto grupo de directores de medios lo demostró con elocuencia: la mesa se puso a modo. Solo varones. Solo medios tradicionales. Solo los interlocutores que no hacen preguntas incómodas.
La indignación pública se concentró —con toda razón— en la exclusión de mujeres periodistas y directoras de medios. La Red Nacional de Periodistas repudió el hecho y señaló que la exclusión refleja prácticas que promueven estereotipos de género y limitan la participación de las mujeres en espacios de acceso a la información. Lo dicho después por el director de un conocido diario local en un podcast que comparte con otros directores de medios tradicionales —que las comunicadoras "se ardieron" y que si no las invitaron fue "porque no importan"— convirtió un agravio institucional en una agresión verbal que todo el gremio queretano identificó de inmediato. Pero hay una segunda exclusión que nadie ha puesto sobre la mesa con suficiente fuerza: la de los medios digitales, regionales e independientes. Y esa omisión no es accidental.
Revise la fotografía del encuentro. Los comensales del general Lira Hernández no representan el ecosistema real de medios en Querétaro. Representan el ecosistema que al poder le resulta cómodo. Directores de cabeceras tradicionales, columnistas con acceso histórico a las fuentes oficiales, voces que llevan décadas en una relación simbiótica con las estructuras de gobierno. No estaban los medios digitales que cubren los 18 municipios desde la calle, los que publican lo que los boletines no dicen, los que llevan años construyendo audiencias sin más respaldo que su credibilidad.
La doble exclusión que Querétaro debe nombrar
La pregunta que el general Lira Hernández no ha respondido es precisa: ¿quién hizo la lista de invitados? Él mismo declaró que la reunión fue "a petición de algunos colegas" y que desconoce quiénes organizaron la convocatoria. El argumento tiene la textura de una coartada. Una institución del Estado mexicano abre sus instalaciones a un grupo de civiles sin saber quién convocó ni con qué criterio se eligió a los asistentes. O el mando militar miente, o la 17ª Zona Militar tiene protocolos de acceso extraordinariamente laxos para una instalación castrense.
La reunión se realizó con directores y columnistas varones, junto con funcionarios estatales y municipales, según las crónicas de lo ocurrido. No se trató de una conferencia abierta. Fue una comida privada con lista cerrada. Y esa lista excluyó, simultáneamente, a las mujeres y a los medios que más han crecido en la última década: los digitales, los regionales, los independientes. Las periodistas se presentaron ante el gobernador Mauricio Kuri vestidas de blanco y negro, en alusión directa al podcast donde se emitieron los comentarios misóginos, y exigieron que la equidad de género en los medios deje de ser discurso para convertirse en política verificable.

Pero la equidad no se agota en género. También es equidad de acceso. En Querétaro, los medios digitales e independientes son mayoría numérica. Son los que publican a las tres de la mañana cuando hay un operativo en la carretera, los que llegan primero al municipio donde revientan un narcolaboratorio, los que no tienen un departamento de "relaciones institucionales" que negocie invitaciones. Y fueron precisamente esos medios los que quedaron fuera de la mesa del general.
Hay un dato que pone en contexto la gravedad de lo ocurrido. Según el informe anual de CIMAC, en 2025 se registraron 338 agresiones contra mujeres periodistas en México, la cifra más alta documentada. Los funcionarios estatales y municipales encabezan la lista de agresores, con más de 32% de los casos. Las directoras de medios resultaron ser el grupo más vulnerable, con 31 de las agresiones documentadas en el último trimestre del año. Lo que pasó en Querétaro no es un caso aislado ni un malentendido de logística. Es parte de un patrón nacional donde el poder decide quién informa y quién se queda afuera.
¿Para qué sirve una disculpa sin cambio estructural?
La respuesta del director del diario fue una lección involuntaria de todo lo que está mal. Publicó un texto donde aseguró que su comentario no tuvo "sesgo de género" y que se trató de una "descortesía" por la que se disculpaba. Pero la explicación generó mayor indignación, pues minimizaba el daño con una justificación que las periodistas calificaron de revictimizante. Una disculpa que niega lo que ocurrió no es disculpa: es relaciones públicas.
El gobernador Kuri instruyó al secretario de Gobierno, Eric Gudiño Torres, a revisar el tema para evitar que situaciones similares se repitan en instalaciones gubernamentales. La instrucción suena bien. Pero el verdadero examen será verificable solo con hechos: ¿se incluirá a medios digitales e independientes —dirigidos por hombres y por mujeres— en los próximos espacios de interlocución con autoridades militares, estatales y municipales? ¿O volverán a sentarse los mismos de siempre?
Lo que ocurrió en la 17ª Zona Militar desnudó algo que en Querétaro se sabe pero pocas veces se dice en voz alta: existe un circuito cerrado de medios que tiene acceso preferencial al poder, y ese circuito no se construyó por mérito periodístico sino por conveniencia mutua. El poder necesita amplificadores, no fiscalizadores. Y cuando un mando militar abre la puerta solo para los primeros, envía un mensaje inequívoco a los segundos: ustedes no cuentan.
Las mujeres periodistas de Querétaro ya dijeron lo suyo. Lo hicieron con dignidad, con contundencia y frente al gobernador. Ahora falta que el periodismo digital e independiente —ese que cubre desde los municipios serranos hasta las colonias de San Juan del Río y no aparece en las comidas con generales— exija lo mismo: que el acceso a la información y a los espacios institucionales no sea un privilegio de los que ya estaban sentados a la mesa.









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La incorporación de mujeres al empleo formal en Querétaro alcanzó su cifra más alta con 50.1%, según el corte más reciente de la Secretaría del Trabajo estatal. Infografía: Rotativo. 







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