Autismo en Querétaro: especialistas piden dejar de verlo como enfermedad

Especialistas advierten que el sistema educativo y de salud sigue sin adaptarse a la neurodiversidad.

Autismo Querétaro: niño dentro del espectro autista en sesión de terapia con especialista en neurodiversidad

Estudios recientes indican que uno de cada 31 a 36 niños podría estar dentro del espectro autista, aunque en México no existe un censo nacional preciso.

Foto: Ilustrativa/ (depositphotos)
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Querétaro, 7 de abril de 2026. — Uno de cada 31 a 36 niños podría estar dentro del espectro autista, una proporción que vuelve urgente replantear cómo Querétaro entiende y atiende esta condición, advirtieron especialistas en neurodiversidad.

A días de haberse conmemorado el Día Mundial de la Concienciación sobre el Autismo, profesionales del sector insisten en que el espectro no debe abordarse como enfermedad ni como trastorno, sino como una forma distinta de procesar la información que requiere entornos accesibles y políticas públicas con enfoque de derechos humanos.


El llamado cobra relevancia en una entidad donde la atención a la neurodiversidad sigue dependiendo en gran medida de centros privados y del esfuerzo de las familias, ante la ausencia de un censo estatal que permita dimensionar cuántas personas dentro del espectro viven en Querétaro.

La falta de cifras oficiales se suma a las brechas que enfrenta la atención a la salud mental en la entidad, donde el acompañamiento especializado continúa siendo limitado.

El psicólogo Maximiliano Martínez Noria, especialista en atención al autismo, explicó que el espectro autista corresponde a un neurotipo presente desde el desarrollo prenatal y no a una patología que deba curarse.

Subrayó que las personas dentro del espectro procesan la información, los estímulos sensoriales y las interacciones sociales de manera distinta, pero forman parte plena de la sociedad.

“El autismo es un neurotipo, un tipo de cerebro que se va desarrollando desde el embarazo. No estamos hablando de una enfermedad ni de un trastorno como comúnmente se piensa, sino de una manera distinta de procesar la información”, expresó el especialista.

Neurodiversidad enfrenta barreras estructurales en Querétaro

Martínez Noria precisó que dentro del espectro existen patrones de comportamiento repetitivos que cumplen funciones de regulación, así como diferencias sensoriales que pueden hacer que ciertos estímulos resulten más intensos o, por el contrario, requieran mayor estimulación para generar respuesta.

Estas características, indicó, no deben interpretarse como exageraciones, sino como respuestas distintas del sistema nervioso al entorno.

El psicólogo añadió que la carga hereditaria del espectro es significativa, lo que explica que muchas familias identifiquen rasgos en generaciones anteriores que nunca recibieron diagnóstico formal.

Esta realidad refuerza la necesidad de capacitar a profesionales de la salud y la educación para detectar y acompañar a personas neurodivergentes en todas las etapas de la vida, una demanda que se suma al reto que enfrentan las escuelas queretanas en materia de inclusión.

Por su parte, David Villa, director administrativo de un centro de atención a la neurodiversidad, sostuvo que el modelo médico tradicional cargó durante décadas al autismo con una connotación negativa que hoy debe superarse.

Defendió el paradigma de la neurodiversidad como una vía para reconocer las diferencias neurológicas como parte natural de la condición humana y no como anomalías a corregir.

“Cuando hablamos de autismo hablamos de un cerebro que piensa, siente, ama y vive de manera diferente”, afirmó Villa, quien cuestionó el uso del término “inclusión” cuando los entornos siguen sin transformarse para ser realmente accesibles a todas las personas.

¿Qué falta para que Querétaro garantice derechos a personas autistas?

Villa señaló que existe una deuda histórica con la población dentro del espectro, que ha sido excluida y, en muchos casos, vulnerada en derechos básicos como educación, trabajo y vida familiar.

Insistió en que las políticas públicas deben construirse desde el paradigma de la neurodiversidad y con base sólida en derechos humanos, no desde discursos que se quedan en el plano simbólico.

Propuso hablar de “desexclusión” en lugar de inclusión, para desplazar el foco de la persona hacia las barreras del entorno.

Martínez Noria coincidió en que el sistema educativo es uno de los espacios donde más se evidencia la falta de adaptación, pues los docentes enfrentan grupos numerosos sin capacitación específica para atender la diversidad neurológica.

Cuando no existen condiciones adecuadas, advirtió, los alumnos terminan siendo segregados o abandonando la escuela, una situación que también se replica en servicios médicos, actividades recreativas y trámites cotidianos.

Ambos especialistas remarcaron que las familias requieren acompañamiento emocional y herramientas concretas, porque el desgaste no se limita a la persona dentro del espectro, sino que alcanza a todo su entorno cercano.

El llamado, dijeron, es a que Querétaro deje atrás el estigma, se informe y construya entornos donde la diferencia se entienda y se respete, y no se intente eliminar.