Por Manuel Tovar García. Enviado
Jalpan de Serra, Qro., 13 Oct. (Notimex).- El trayecto de cinco horas por una carretera llena de curvas desde la ciudad de México, y por la que es imposible circular más allá de 40 kilómetros por hora, lleva hacia el sitio defendido por una familia cuya inspiración y acción han sido objeto de reconocimiento internacional.
Cerros, vegetación que va desde nopales, huizaches y biznagas, típicos del desierto, hasta pinos pátula y encinos, propios de bosques de coníferas, además de precipicios y pendientes, componen los 204 kilómetros de distancia desde la capital queretana hacia la Reserva de la Biosfera de la Sierra Gorda de Querétaro.
La protección de esas 383 mil 567 hectáreas, que representan más de 30 por ciento del territorio estatal, es encabezada por Martha Isabel Ruiz Corzo, labor que fue reconocida con el premio Campeones de la Tierra 2013, que otorga el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) en la categoría denominada "Inspiración y Acción".
Al frente del Grupo Ecológico Sierra Gorda, la "maestra Pati", como le llaman en algunas de las comunidades, trabaja en proyectos encaminados a garantizar la existencia de las mil 480 especies de fauna, 28 de ellas endémicas, y dos mil 435 de vegetales, y al mismo tiempo permitir el desarrollo de los asentamientos humanos de la zona.
Entre los proyectos figuran la construcción de cabañas en Cuatro Palos, una comunidad marginada ubicada en una de las partes más altas de la Sierra Gorda queretana, en el municipio de Pinal de Amoles, para su alquiler a turistas.
El objetivo es que estas cabañas, elaboradas en su mayor parte con una mezcla de barro y pasto, una estructura de carrizo, techos de lámina metálica y botellas de plástico como tragaluces, reciban a sus primeros huéspedes en diciembre próximo, explicó Isidra García Casas, una de las 10 mujeres participantes en el proyecto.
Para su edificación se invertirán 100 mil pesos, provenientes del apoyo de diversas fundaciones, mientras que las ganancias por su renta se repartirán entre las integrantes del proyecto, tres de ellas adultas mayores, a fin de solventar cualquier apuro, "porque no hace mal un dinerito extra", sostiene García Casas.
La organización apoya también a grupos de mujeres del municipio de Jalpan de Serra que elaboran prendas bordadas con motivos de la naturaleza, como blusas, manteles, servilletas y vestidos para niñas, además de que fabrican piñatas y bisutería a partir de PET.
A propósito del PET, las botellas de plástico forman parte del entorno de comunidades como Potrerillos y La Colgada, pero almacenadas en 113 centros comunitarios de acopio en los que son compactadas y depositadas en costales para posteriormente venderlas a centros de reciclaje de Querétaro... o transformarlas en aretes.
El dinero producto de su comercialización se invierte en escobas y otros enseres de limpieza, con los que los lugareños, también mujeres prácticamente en su totalidad, mantienen limpias sus casas y la porción de la Sierra Gorda que habitan y cuidan.
Otra de las acciones encaminadas a la defensa de la Sierra Gorda son los Ecoclubes, mediante los cuales se crea conciencia en estudiantes de diversos niveles sobre la importancia de separar la basura.
Emilio Landaverde Olvera, presidente nacional de Ecoclubes, explicó que dichos grupos tienen 10 años trabajando con el respaldo del Grupo Ecológico Sierra Gorda, con el objetivo de formar personas que aporten ideas para el cuidado ambiental desde sus comunidades.
Con reuniones anuales y enfrentando la apatía de algunos sectores de la población que no toman en serio la educación ambiental, Ecoclubes tiene presencia, además de Querétaro, en Baja California, Baja California Sur, Chihuahua, Sonora, Chihuahua y San Luis Potosí.
Incluso, detalla Landaverde Olvera, tienen facultades para evaluar las acciones que los municipios de Pinal de Amoles, Landa de Matamoros, Arroyo Seco y Jalpan de Serra emprenden para el cuidado del medio ambiente, por lo que platican con sus autoridades para mejorarlas.
La organización encabezada por Ruiz Corzo impulsa también comedores comunitarios como un medio para que quienes los administran obtengan recursos a cambio de dar alimento a los turistas que visitan la Sierra Gorda, en lugar de talar árboles para convertir los suelos en parcelas o potreros.
Así, nuevamente las mujeres levantan la mano y, además de las labores domésticas y atender a la familia, preparan bocoles, una especie de tortilla gruesa de maíz rellena de frijoles y salsa roja, enchiladas serranas, huevo cocido en comal -sin una gota de aceite-, y rajas con queso, entre otros platillos.
De esta forma, "Pati" Ruiz Corzo, su esposo y sus dos hijos trabajan para mantener a salvo la tierra a la que llegaron desde hace 25 años, cuando abandonó su empleo como profesora en la ciudad de Querétaro para proteger las montañas, los árboles y las especies de proyectos carreteros, de infraestructura eléctrica y tala ilegal.
Además de educar a sus hijos quienes -recuerda-, se entretenían cantando corridos al ritmo de un acordeón que ella tocaba, y desgrananado mazorcas, emprendió una lucha que derivó, entre otros logros, en un decreto presidencial que convirtió a la Sierra Gorda queretana en reserva de la biosfera en 1997 y ahora en el premio que recibió del PNUMA el 18 de septiembre pasado en Nueva York.
Jalpan de Serra, Qro., 13 Oct. (Notimex).- El trayecto de cinco horas por una carretera llena de curvas desde la ciudad de México, y por la que es imposible circular más allá de 40 kilómetros por hora, lleva hacia el sitio defendido por una familia cuya inspiración y acción han sido objeto de reconocimiento internacional.
Cerros, vegetación que va desde nopales, huizaches y biznagas, típicos del desierto, hasta pinos pátula y encinos, propios de bosques de coníferas, además de precipicios y pendientes, componen los 204 kilómetros de distancia desde la capital queretana hacia la Reserva de la Biosfera de la Sierra Gorda de Querétaro.
La protección de esas 383 mil 567 hectáreas, que representan más de 30 por ciento del territorio estatal, es encabezada por Martha Isabel Ruiz Corzo, labor que fue reconocida con el premio Campeones de la Tierra 2013, que otorga el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) en la categoría denominada "Inspiración y Acción".
Al frente del Grupo Ecológico Sierra Gorda, la "maestra Pati", como le llaman en algunas de las comunidades, trabaja en proyectos encaminados a garantizar la existencia de las mil 480 especies de fauna, 28 de ellas endémicas, y dos mil 435 de vegetales, y al mismo tiempo permitir el desarrollo de los asentamientos humanos de la zona.
Entre los proyectos figuran la construcción de cabañas en Cuatro Palos, una comunidad marginada ubicada en una de las partes más altas de la Sierra Gorda queretana, en el municipio de Pinal de Amoles, para su alquiler a turistas.
El objetivo es que estas cabañas, elaboradas en su mayor parte con una mezcla de barro y pasto, una estructura de carrizo, techos de lámina metálica y botellas de plástico como tragaluces, reciban a sus primeros huéspedes en diciembre próximo, explicó Isidra García Casas, una de las 10 mujeres participantes en el proyecto.
Para su edificación se invertirán 100 mil pesos, provenientes del apoyo de diversas fundaciones, mientras que las ganancias por su renta se repartirán entre las integrantes del proyecto, tres de ellas adultas mayores, a fin de solventar cualquier apuro, "porque no hace mal un dinerito extra", sostiene García Casas.
La organización apoya también a grupos de mujeres del municipio de Jalpan de Serra que elaboran prendas bordadas con motivos de la naturaleza, como blusas, manteles, servilletas y vestidos para niñas, además de que fabrican piñatas y bisutería a partir de PET.
A propósito del PET, las botellas de plástico forman parte del entorno de comunidades como Potrerillos y La Colgada, pero almacenadas en 113 centros comunitarios de acopio en los que son compactadas y depositadas en costales para posteriormente venderlas a centros de reciclaje de Querétaro... o transformarlas en aretes.
El dinero producto de su comercialización se invierte en escobas y otros enseres de limpieza, con los que los lugareños, también mujeres prácticamente en su totalidad, mantienen limpias sus casas y la porción de la Sierra Gorda que habitan y cuidan.
Otra de las acciones encaminadas a la defensa de la Sierra Gorda son los Ecoclubes, mediante los cuales se crea conciencia en estudiantes de diversos niveles sobre la importancia de separar la basura.
Emilio Landaverde Olvera, presidente nacional de Ecoclubes, explicó que dichos grupos tienen 10 años trabajando con el respaldo del Grupo Ecológico Sierra Gorda, con el objetivo de formar personas que aporten ideas para el cuidado ambiental desde sus comunidades.
Con reuniones anuales y enfrentando la apatía de algunos sectores de la población que no toman en serio la educación ambiental, Ecoclubes tiene presencia, además de Querétaro, en Baja California, Baja California Sur, Chihuahua, Sonora, Chihuahua y San Luis Potosí.
Incluso, detalla Landaverde Olvera, tienen facultades para evaluar las acciones que los municipios de Pinal de Amoles, Landa de Matamoros, Arroyo Seco y Jalpan de Serra emprenden para el cuidado del medio ambiente, por lo que platican con sus autoridades para mejorarlas.
La organización encabezada por Ruiz Corzo impulsa también comedores comunitarios como un medio para que quienes los administran obtengan recursos a cambio de dar alimento a los turistas que visitan la Sierra Gorda, en lugar de talar árboles para convertir los suelos en parcelas o potreros.
Así, nuevamente las mujeres levantan la mano y, además de las labores domésticas y atender a la familia, preparan bocoles, una especie de tortilla gruesa de maíz rellena de frijoles y salsa roja, enchiladas serranas, huevo cocido en comal -sin una gota de aceite-, y rajas con queso, entre otros platillos.
De esta forma, "Pati" Ruiz Corzo, su esposo y sus dos hijos trabajan para mantener a salvo la tierra a la que llegaron desde hace 25 años, cuando abandonó su empleo como profesora en la ciudad de Querétaro para proteger las montañas, los árboles y las especies de proyectos carreteros, de infraestructura eléctrica y tala ilegal.
Además de educar a sus hijos quienes -recuerda-, se entretenían cantando corridos al ritmo de un acordeón que ella tocaba, y desgrananado mazorcas, emprendió una lucha que derivó, entre otros logros, en un decreto presidencial que convirtió a la Sierra Gorda queretana en reserva de la biosfera en 1997 y ahora en el premio que recibió del PNUMA el 18 de septiembre pasado en Nueva York.








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