México, 31 Oct (Notimex).- Como parte del culto a la muerte, las calaveras de amaranto con miel o chocolate adornan la celebración del Día de Muertos y los altares de los hogares mexicanos; su elaboración forma parte de la tradición del pueblo de San Sebastián Tulyehualco, en la delegación Xochimilco, desde donde se distribuyen a varios puntos del país.
A sus 61 años de edad, el productor y trasformador de amaranto, Marco Antonio Bravo Vázquez, explicó que cada temporada elabora hasta cinco mil calaveritas de amaranto, algunas de ellas se envían a Gómez Palacio, Durango; Apizaco, Tlaxcala; Coatzacoalcos, Veracruz; Guadalajara, Jalisco, y Querétaro.
Las calaveras ocupan, igual que la flor de cempasúchil y el dulce de calabaza con piloncillo, un lugar importante en las ofrendas de varios estados; las elaboradas de amaranto han desplazado a las de dulce y tienen casi medio año de caducidad.
De acuerdo con el productor, en el pueblo de San Sebastián Tulyehualco, las calaveras de amaranto se popularizaron desde hace aproximadamente 40 años debido a la Feria del Amaranto, en la que se elaboraban figuras de diversos motivos para comercializarlas.
Las figuras cambian de acuerdo con las fechas conmemorativas: el 14 de febrero, Día de las Madres, el Grito de Independencia de México, Día de Muertos, 1 y 2 de noviembre, y temporada decembrina.
Proveniente de la vecina comunidad de Mixquic, Tláhuac, desde hace dos años Hernández trabaja en la elaboración de las calaveras; con cuidado trata la pieza y verifica que el chocolate y el cereal estén secos para iniciar el pegado de los dulces que adornarán el rostro.
Además, hay casi tres mil trasformadores ubicados principalmente en la capital del país, seguida por los estados de Morelos y Puebla.
En la zona de Tulyehualco hay 100 talleres aproximadamente, algunos tienen capacidad de producir de tres mil a cinco mil calaveras en la temporada de Día de Muertos.
Miembro de la cuarta generación de una familia de productores y trasformadores de amaranto, abundó que las figuras siempre se habían hecho, pero se adoptó el Día de Muertos por ser una tradición mexicana para elaborar las calaveras y luego se incrementó el número de figuras relacionadas con este festejo.
Recordó que como parte del programa de desarrollo rural anual, se apoya con presupuesto a 250 productores, quienes desde mayo inician el cultivo y se cosecha a finales del año.
Destacó la importancia de difundir las bondades y nutrimentos del amaranto, ya sea en calavera de miel o chocolate, en barra, o cualquier modalidad, para que la gente lo conozca y lo consuma.
A sus 61 años de edad, el productor y trasformador de amaranto, Marco Antonio Bravo Vázquez, explicó que cada temporada elabora hasta cinco mil calaveritas de amaranto, algunas de ellas se envían a Gómez Palacio, Durango; Apizaco, Tlaxcala; Coatzacoalcos, Veracruz; Guadalajara, Jalisco, y Querétaro.
Las calaveras ocupan, igual que la flor de cempasúchil y el dulce de calabaza con piloncillo, un lugar importante en las ofrendas de varios estados; las elaboradas de amaranto han desplazado a las de dulce y tienen casi medio año de caducidad.
De acuerdo con el productor, en el pueblo de San Sebastián Tulyehualco, las calaveras de amaranto se popularizaron desde hace aproximadamente 40 años debido a la Feria del Amaranto, en la que se elaboraban figuras de diversos motivos para comercializarlas.
Las figuras cambian de acuerdo con las fechas conmemorativas: el 14 de febrero, Día de las Madres, el Grito de Independencia de México, Día de Muertos, 1 y 2 de noviembre, y temporada decembrina.
Proveniente de la vecina comunidad de Mixquic, Tláhuac, desde hace dos años Hernández trabaja en la elaboración de las calaveras; con cuidado trata la pieza y verifica que el chocolate y el cereal estén secos para iniciar el pegado de los dulces que adornarán el rostro.
Además, hay casi tres mil trasformadores ubicados principalmente en la capital del país, seguida por los estados de Morelos y Puebla.
En la zona de Tulyehualco hay 100 talleres aproximadamente, algunos tienen capacidad de producir de tres mil a cinco mil calaveras en la temporada de Día de Muertos.
Miembro de la cuarta generación de una familia de productores y trasformadores de amaranto, abundó que las figuras siempre se habían hecho, pero se adoptó el Día de Muertos por ser una tradición mexicana para elaborar las calaveras y luego se incrementó el número de figuras relacionadas con este festejo.
Recordó que como parte del programa de desarrollo rural anual, se apoya con presupuesto a 250 productores, quienes desde mayo inician el cultivo y se cosecha a finales del año.
Destacó la importancia de difundir las bondades y nutrimentos del amaranto, ya sea en calavera de miel o chocolate, en barra, o cualquier modalidad, para que la gente lo conozca y lo consuma.















