México, 20 de abril de 2026. —El tráfico de buques por el Estrecho de Hormuz, el principal cuello de botella energético del planeta, quedó en gran medida bloqueado por Irán desde el 28 de febrero de 2026, cuando Estados Unidos e Israel lanzaron una campaña aérea contra el país persa y eliminaron a su líder supremo, Ali Jamenei. Lo que siguió fue la crisis energética marítima más grave en décadas: minas en el agua, buques en llamas, peajes de guerra y destructores estadounidenses dragando un estrecho que el mundo entero necesita abierto.
Irán comenzó a sembrar minas en la vía marítima, aunque de forma no masiva en un inicio. Fuentes familiarizadas con los reportes de inteligencia estadounidense indicaron que en los primeros días se colocaron algunas decenas de artefactos, si bien Teherán conservaba entre el 80 y el 90 por ciento de sus pequeñas embarcaciones y minadores, con capacidad para desplegar centenares de minas adicionales en cualquier momento. El resultado práctico fue el mismo que una clausura total: los grandes operadores navieros suspendieron operaciones y las aseguradoras retiraron cobertura.
Aproximadamente 13 millones de barriles de crudo al día transitaban por el estrecho en 2025, cifra que representa alrededor del 31 por ciento de todos los flujos marítimos de petróleo del mundo, según la consultora energética Kpler. A ese volumen hay que sumar casi 4.5 millones de barriles diarios de combustibles refinados, también varados. Productores como Irak y Kuwait no tienen ruta alternativa para sacar su crudo al mercado.
Ataques, minas y una armada desplegada
El 10 de marzo, un carguero reportó una explosión a 67 kilómetros de Abu Dabi, el primer incidente marítimo documentado en días. Ese mismo día, fuentes de inteligencia militar estadounidense confirmaron que Irán había comenzado a colocar minas en el estrecho. Al día siguiente, al menos tres buques resultaron dañados en una oleada coordinada de ataques; veinte tripulantes del Mayuree Naree, de bandera tailandesa, fueron rescatados por la Marina Real de Omán tras el incendio de la nave, mientras tres más fueron confirmados muertos.
La respuesta de Washington fue inmediata. El Secretario de Defensa Pete Hegseth informó que, por instrucción del presidente Trump, el Comando Central estadounidense destruyó múltiples embarcaciones iraníes —incluyendo 16 minadores— en operaciones descritas como de "precisión implacable". Trump amenazó con consecuencias militares "a un nivel nunca visto" si las minas no eran retiradas.
El 11 de abril, la Marina de EE.UU. inició formalmente operaciones de limpieza en el estrecho. Destructores estadounidenses entraron al Estrecho de Hormuz por primera vez desde el inicio del conflicto. Irán amenazó con atacarlos, acusando a Washington de violar el cese al fuego. El Comando Central precisó que las embarcaciones participaban exclusivamente en operaciones de dragado de minas. Un reporte posterior reveló que el propio ejército iraní perdió el rastro de parte de las minas que colocó, lo que complica cualquier reapertura rápida independientemente de la voluntad política de Teherán.
Un cese al fuego frágil y un bloqueo declarado
El 8 de abril se acordó un cese al fuego temporal que incluía la reapertura del estrecho. Irán, sin embargo, comenzó a controlar el tránsito y a cobrar peajes superiores al millón de dólares por embarcación. Las conversaciones en Islamabad fracasaron. El 12 de abril, el vicepresidente JD Vance anunció el colapso de las negociaciones entre Washington y Teherán; al día siguiente, Trump declaró un bloqueo naval estadounidense del estrecho.
El Estrecho de Hormuz no solo es el conducto del petróleo y el gas del Golfo Pérsico: por él también circula un tercio del comercio mundial de fertilizantes, con impacto directo sobre los precios agrícolas en plena temporada de siembra del hemisferio norte. Las afectaciones van más lejos aún. Qatar producía aproximadamente un tercio del suministro mundial de helio —insumo crítico para la fabricación de semiconductores— en su megacomplejo de Ras Laffan, que cerró con el conflicto. La interrupción del comercio petroquímico desde el Golfo también afecta el suministro global de glicol, metanol y aluminio.
Ante la magnitud del choque, el G7 anunció medidas de contingencia con la posibilidad de liberar reservas estratégicas coordinadas por la Agencia Internacional de Energía. El bloque posee alrededor de 1,200 millones de barriles de reservas públicas de emergencia, más cerca de 600 millones adicionales en reservas industriales obligatorias de empresas privadas. La incertidumbre sobre la duración del bloqueo mantiene los mercados en vilo: el barril de crudo llegó a rozar los 120 dólares durante el pico de la crisis antes de retroceder parcialmente tras el anuncio —y posterior colapso— de la tregua temporal.
China, mientras tanto, aprovechó la distracción geopolítica para bloquear el Atolón de Scarborough en el Mar del Sur de China, añadiendo una capa adicional de tensión a una crisis que ya redefine el orden energético internacional. La situación en el estrecho permanece abierta.


















