México, 3 Julio 14 (Notimex).- Según el arquitecto Andrés Casillas de Alba, quien fuera amigo y discípulo de Luis Barragán Morfín (1902-1988), tal vez el proyectista mexicano más influyente del siglo XX y único en este país que obtuvo el Premio Pritzker (1980), "hay que entender que él no fue un arquitecto convencional".
¿Con qué imagen de Luis Barragán se ha quedado el arquitecto Casillas de Alba? Él mismo lo revela: "La del maestro, la de un gran mentor". Y ejemplificó lo anterior al recordar una anécdota: "En cierta ocasión, un grupo de jóvenes lo fue a visitar ansiosos de conocer su obra y al terminar la visita, los sorprendió con una gran enseñanza de vida".
Barragán les remarcó: "Miren muchachos, no hagan lo que yo hice, vean lo que yo vi". Esa, de acuerdo con el amigo entrañable, es hoy por hoy una lección de proporciones mayúsculas para entender y comprender, aunque sea a la distancia y al paso del tiempo, la forma que Barragán tuvo para ver el mundo y concebir su espacio en el planeta.
Luis Barragán veía en los pueblos, en los ranchos, en las muchas haciendas que recorrió a lo largo y ancho del país, la posibilidad de crear una gran obra arquitectónica, de belleza extraordinaria, dimensiones perfectas, estéticas que pronto se convirtieron en poemas y hoy forman parte del acervo cultural de su amado país.
Durante una entrevista con Notimex, Casillas de Alba recordó que a la mitad de la década de los cincuenta, el señor Gálvez fue a ver a Barragán para pedirle que le construyera una casa. "Luis tomaba solamente un trabajo a la vez, y le dijo que en ese momento no tenía tiempo para tal encargo. Al poco tiempo, el arquitecto terminó con una novia a la que amaba".
A pesar de las cosas, seguía pensando en ella, de día y de noche. "Luis pensó que la única manera de alejarla de su mente era con el trabajo, duro y constante, y tomó la decisión de ir a ver al señor Gálvez, a quien le dijo que bajo esas condiciones sí le haría su casa. Y se la construyó en San Angel. Hoy, ese inmueble es una joya arquitectónica invaluable.
La entrevista con el arquitecto Casillas de Alba, hombre culto, serio pero que sabe sonreír y afable al contar sus experiencias, se realizó en el marco de un breve recorrido esta tarde por tres inmuebles construidos por Barragán en esta ciudad (Primera Capilla de las Capuchinas, la Casa Gálvez en San Angel y la Casa Prieto, en el Pedregal, todas ellas emblemáticas.
El no era de los que pican en una parte y pican en otra. No, tomaba sólo una obra y se concentraba al ciento por ciento en ella. "Eso lo hace diferente de la generalidad de los arquitectos de México y el mundo", añadió al comentar sus experiencias en el pórtico de la casa de San Angel, luego de recorrer el jardín, las estancias y cada espacio diseñado.
"Luis agarraba un trabajo a la vez porque se concentraba durante las 24 horas del día para hacer lo mejor posible. Lo proyectaba en su cabeza, e incluso cuando viajábamos en coche, muchas veces iba callado, pensando en cómo resolvería cada uno de los detalles de su obra en turno; yo sabía que estaba pensando en alguna solución y no lo interrumpía", concluyó.
¿Con qué imagen de Luis Barragán se ha quedado el arquitecto Casillas de Alba? Él mismo lo revela: "La del maestro, la de un gran mentor". Y ejemplificó lo anterior al recordar una anécdota: "En cierta ocasión, un grupo de jóvenes lo fue a visitar ansiosos de conocer su obra y al terminar la visita, los sorprendió con una gran enseñanza de vida".
Barragán les remarcó: "Miren muchachos, no hagan lo que yo hice, vean lo que yo vi". Esa, de acuerdo con el amigo entrañable, es hoy por hoy una lección de proporciones mayúsculas para entender y comprender, aunque sea a la distancia y al paso del tiempo, la forma que Barragán tuvo para ver el mundo y concebir su espacio en el planeta.
Luis Barragán veía en los pueblos, en los ranchos, en las muchas haciendas que recorrió a lo largo y ancho del país, la posibilidad de crear una gran obra arquitectónica, de belleza extraordinaria, dimensiones perfectas, estéticas que pronto se convirtieron en poemas y hoy forman parte del acervo cultural de su amado país.
Durante una entrevista con Notimex, Casillas de Alba recordó que a la mitad de la década de los cincuenta, el señor Gálvez fue a ver a Barragán para pedirle que le construyera una casa. "Luis tomaba solamente un trabajo a la vez, y le dijo que en ese momento no tenía tiempo para tal encargo. Al poco tiempo, el arquitecto terminó con una novia a la que amaba".
A pesar de las cosas, seguía pensando en ella, de día y de noche. "Luis pensó que la única manera de alejarla de su mente era con el trabajo, duro y constante, y tomó la decisión de ir a ver al señor Gálvez, a quien le dijo que bajo esas condiciones sí le haría su casa. Y se la construyó en San Angel. Hoy, ese inmueble es una joya arquitectónica invaluable.
La entrevista con el arquitecto Casillas de Alba, hombre culto, serio pero que sabe sonreír y afable al contar sus experiencias, se realizó en el marco de un breve recorrido esta tarde por tres inmuebles construidos por Barragán en esta ciudad (Primera Capilla de las Capuchinas, la Casa Gálvez en San Angel y la Casa Prieto, en el Pedregal, todas ellas emblemáticas.
El no era de los que pican en una parte y pican en otra. No, tomaba sólo una obra y se concentraba al ciento por ciento en ella. "Eso lo hace diferente de la generalidad de los arquitectos de México y el mundo", añadió al comentar sus experiencias en el pórtico de la casa de San Angel, luego de recorrer el jardín, las estancias y cada espacio diseñado.
"Luis agarraba un trabajo a la vez porque se concentraba durante las 24 horas del día para hacer lo mejor posible. Lo proyectaba en su cabeza, e incluso cuando viajábamos en coche, muchas veces iba callado, pensando en cómo resolvería cada uno de los detalles de su obra en turno; yo sabía que estaba pensando en alguna solución y no lo interrumpía", concluyó.










