San Juan del Río, 9 de octubre de 2026.- Armar una ofrenda, escribir una calaverita literaria o preparar pan de muerto son actividades con las que las familias de San Juan del Río pueden acercar a niñas, niños y adolescentes a la memoria familiar y a las tradiciones de Día de Muertos durante octubre y los primeros días de noviembre.
El programa del vigésimo Festival de Día de Muertos incluye concursos de elaboración de máscaras, calaveritas literarias y pan de muerto. La agenda cultural sirve también como espacio de encuentro para artistas, artesanos, estudiantes y familias.
La ofrenda cambia según la familia o la comunidad, pero suele llevar fotografías, alimentos, flores, veladoras y objetos de las personas a quienes se recuerda. Cuando un adulto explica a los niños qué significa cada elemento, montar el altar se convierte en una actividad de aprendizaje sobre la historia familiar y las tradiciones de México.
Las calaveritas literarias son textos breves, con rima y humor, que usan la figura de la muerte para retratar situaciones cotidianas, personajes y costumbres. Escribir una en casa pone a niñas, niños y adolescentes a practicar la escritura y a reconocer la rima, el ritmo y la sátira.
El concurso de máscaras del festival lleva a elegir materiales, diseñar una figura y explicar por qué se relaciona con la festividad. Ese trabajo manual enseña un oficio y muestra que cada generación interpreta y transforma las tradiciones.
El pan de muerto abre otra puerta. Prepararlo o compartirlo sirve para conversar sobre las recetas de la familia, los ingredientes y las diferencias que la tradición adquiere en distintas regiones del país.
En una temporada en la que las imágenes y los productos comerciales concentran buena parte de la atención, conocer el significado de las tradiciones lleva a niñas, niños y jóvenes más allá de mirarlas: les permite entender por qué siguen formando parte de la identidad mexicana.
No hace falta reproducir una celebración completa ni gastar grandes cantidades.
Leer una leyenda, preguntar a los abuelos cómo celebraban cuando eran pequeños, escribir una calaverita o investigar el origen de una costumbre son actividades sencillas con las que las familias pueden conservar la memoria colectiva.




