CONTRAPESO POLÍTICO

En Querétaro, Morena elige coordinador; el gobernador es otra historia.

Imagen de la columna de opinión Contrapeso, de Luis García Chavero, sobre el proceso interno de Morena rumbo a la gubernatura de Querétaro en 2027.

La definición de la Coordinación de Defensa de la Transformación en Querétaro coloca a Morena ante una decisión de competitividad electoral rumbo a la gubernatura de 2027. Santiago Nieto aparece al frente de distintas mediciones públicas, aunque la decisión dependerá del proceso interno del partido.

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Morena empezó a destapar, uno por uno, a los coordinadores estatales que serán la antesala de sus candidaturas a gobernador en 2027. Querétaro quedó fuera de la primera tanda, y conviene no leerlo como descuido. Los estados fáciles se anuncian rápido; los que cuestan se dejan al final, cuando ya no hay margen para que la definición reviente por dentro. Querétaro es de los que cuestan.

Que Santiago Nieto llega al frente de la contienda interna no está en discusión, y esta columna no pretende disputarlo. Lo ha sido durante meses, por márgenes que ningún operador serio se atreve a negar en privado. Tiene nombre reconocible, tiene un recorrido que no improvisó en las últimas semanas y tiene un arraigo que a otros les falta: es sanjuanense, y en un estado donde el morenismo suele sonar prestado, esa raíz pesa. Si la encuesta interna se levanta como debe, el resultado tiene un solo apellido probable.


El problema es lo que esa encuesta mide. Mide simpatía entre morenistas, no competitividad frente al adversario real. Y ahí el panorama cambia de color. En el careo que importa —el de la boleta de 2027, no el del padrón militante— el PAN sigue arriba por doble dígito, con o sin método de selección propio. Esa es la incomodidad que ningún destape resuelve: Morena está por elegir a quien encabece la organización, no a quien ya tenga ganada la gubernatura. Confundir una cosa con la otra es el error clásico de un partido que en Querétaro lleva años tropezando con la misma piedra.

El contraste interno lo ilustra mejor que cualquier discurso. Gilberto Herrera controla buena parte de la estructura del consejo estatal y, aun así, las mediciones lo dejaron atrás. Es la fotografía de quien confundió aparato con respaldo, ruido digital con ciudadanía, granja de replicadores con estructura territorial. Se puede dominar un consejo y ser irrelevante en la calle; se puede ganar todas las asambleas cerradas y perder todas las encuestas abiertas. Esa distancia entre el poder interno y el reconocimiento público no es un detalle: es exactamente lo que una candidatura no puede darse el lujo de ignorar frente a un PAN afianzado.

Los demás nombres —una senadora con licencia, un fundador del partido, el aliado del Verde— funcionan hoy como reserva, no como amenaza. Sirven para la foto de unidad que Morena necesitará exhibir cuando salga el resultado, esa unidad que en el discurso siempre es total y en los hechos dura lo que tarda en filtrarse la primera inconformidad.

De modo que la definición que viene resolverá una pregunta y dejará abierta la de fondo. La encuesta dirá un nombre, con toda probabilidad el que ya encabeza. Pero el nombre no arregla el diagnóstico: Morena elige coordinador en un estado que no ha sabido ganar, con un adversario que sin método interno y sin encuestas vinculantes le sigue sacando ventaja. El destape resolverá quién manda en la organización. Quién gobierna Querétaro es, todavía, otra historia —y esa no la decide una encuesta entre convencidos.