“La sal de mis recuerdos” guarda la memoria afro de Veracruz

Viridiana Ponce González combina docuficción y secuencias oníricas en un proyecto apoyado por el ECAMC 2025, con un equipo creativo integrado por mujeres.

Escena de la película en un bosque en penumbra: una joven de cabello largo y rizado mira hacia arriba

El territorio se convierte en un personaje más de la narrativa, capaz de habitar a la vez el recuerdo y la imaginación.

Getting your Trinity Audio player ready...

Ciudad de México, 13 de octubre de 2026.- La cineasta Viridiana Ponce González parte de las imágenes de su infancia frente al mar para contar, en “La sal de mis recuerdos”, la memoria de una comunidad afrodescendiente de la costa veracruzana.

La Secretaría de Cultura del Gobierno de México informó que el proyecto es beneficiario, a través del Instituto Mexicano de Cinematografía (IMCINE), del Estímulo a la Creación Audiovisual en México y Centroamérica (ECAMC 2025).


En la realización, Ponce González privilegia la experiencia humana y los vínculos emocionales alrededor del paisaje. “Me interesa la experiencia del espacio, la relación afectiva con el territorio, los sueños, los recuerdos y todo lo que permanece dentro de una persona incluso cuando el lugar desaparece”, explica.

La película incorpora elementos de docuficción, secuencias oníricas y distintos planos temporales que permiten a la memoria dialogar con el presente. El territorio funciona como un personaje más, capaz de habitar a la vez el recuerdo y la imaginación.

Ponce González ubica el origen del proyecto en una ausencia. “La película también nace de una ausencia y de la necesidad de recrear aquello que desapareció… Quiero que quede un recuerdo de ese lugar, que las personas sepan que existió y que ahí vivimos muchas familias”, comenta.

La sal, que da nombre a la obra, atraviesa la película como metáfora de permanencia y transformación. Para la directora, el proyecto es también un proceso íntimo de reconstrucción emocional. “Termina por convertirse en una especie de ritual de cierre. La sal aparece como una metáfora de curación, de memoria y de limpieza”, señala.

El agua, con referentes de la cosmovisión yoruba, aparece como una fuerza asociada a la vida, la memoria y la continuidad de los vínculos comunitarios.

“La película habla de la relación de las personas afrodescendientes con el mar desde una visión ancestral. Entendemos la naturaleza como algo de lo que formamos parte. Cuando destruimos esos espacios también nos afectamos a nosotros mismos”, afirma la cineasta.

El equipo creativo del proyecto está integrado por mujeres.

La decisión responde tanto a una búsqueda artística como al interés de fortalecer redes de colaboración en una industria donde persisten brechas de género. “Fue un reto conformar un crew enteramente de mujeres porque todavía existen áreas donde casi no hay presencia femenina. Eso también nos llevó a crear redes de acompañamiento, capacitación y trabajo colectivo entre mujeres del sureste”, comparte la directora.

Ponce González incursionó en el ámbito audiovisual en 2020, al participar en un cortometraje que despertó un interés que ya le había rondado. Transitó por distintas áreas de la producción cinematográfica, del diseño de arte y la producción a la dirección de sus propios proyectos.

Para la directora de “La sal de mis recuerdos”, el acceso a estímulos dirigidos a personas afrodescendientes y pertenecientes a pueblos originarios es fundamental para ampliar las formas de representación dentro del cine mexicano contemporáneo y abrir espacio a historias que históricamente han permanecido fuera de las narrativas dominantes. “Hay muchas historias y formas distintas de contar. Estos espacios permiten que existan otras narrativas y miradas que históricamente quedaron fuera del cine tradicional”, dice.