Kuri pide unidad mientras la sucesión del PAN se le desordena
Siete aspirantes, un método todavía pendiente y un calendario electoral que empieza a apretar: la sucesión en Querétaro ya no camina al ritmo que quisiera Casa de la Corregidora.
Mauricio Kuri insiste en la unidad del PAN. El 4 de agosto negó que existiera “fuego amigo” entre los aspirantes y dijo ver “mucha unidad” dentro de su partido. Casi dos meses después volvió sobre el tema, aunque con otra fórmula: habló de un PAN vivo, con competencia interna, y sostuvo que esa disputa puede fortalecerlo rumbo a 2027.
Puede ser.
El problema es que, mientras el gobernador habla de unidad, los aspirantes ya empezaron a moverse con sus propios tiempos.
Y ahí comienza la verdadera sucesión.
El 30 de septiembre, Alfredo Botello Montes, asesor de Kuri y consejero vitalicio del PAN, puso números sobre la mesa: al menos siete aspirantes. Lupita Murguía, Ana Paola López Birlain, Tania Palacios, Chepe Guerrero, Agustín Dorantes, Felipe Fernando Macías y Luis Nava. Una baraja amplia, como él mismo la describió, pero todavía sin un mecanismo definido para elegir candidatura.
Ese dato importa más de lo que parece.
Tener siete perfiles no necesariamente habla de división. Un partido competitivo puede darse ese lujo. El problema aparece cuando los aspirantes avanzan, construyen grupos, toman decisiones y ocupan territorio político antes de que exista una regla suficientemente clara para todos.
Porque una cosa es tener competencia y otra dejar que la competencia encuentre sola su cauce.
Luis Nava dio el primer golpe sobre la mesa. El 16 de septiembre dejó la Secretaría de Desarrollo Social para dedicarse de tiempo completo a su proyecto rumbo a 2027. Agradeció a Kuri, reivindicó su trayectoria y empezó una etapa en la que ya no depende de un cargo en el gabinete para mantenerse en la conversación sucesoria.
Felipe Fernando Macías reaccionó un día después. Dijo que no pediría licencia a la presidencia municipal de Querétaro y que seguiría concentrado en su gobierno. Incluso ha señalado que su futuro político dependerá de la decisión de Kuri. Pero, en los hechos, también fijó su propio calendario: Nava salió; Macías se queda. Cada uno eligió la plataforma desde la cual quiere llegar a la definición.
Agustín Dorantes, desde el Senado, permanece igualmente en la competencia.
Así empieza a dibujarse el problema para Kuri.
No porque haya perdido el control del PAN ni porque exista una ruptura abierta. Afirmarlo hoy sería exagerado. Pero su margen para ordenar la sucesión ya no es el mismo que tenía hace unos meses.
Los aspirantes han comenzado a tomar decisiones que después difícilmente podrán deshacerse con una fotografía de unidad.
En política, las sucesiones tienen un momento en que dejan de pertenecer exclusivamente al gobernante que se va. Los grupos empiezan a hacer cuentas, los alcaldes miden estructuras, los senadores prueban territorio, los equipos revisan encuestas y cada movimiento empieza a tener un costo.
Querétaro parece estar entrando justamente en esa etapa.
Botello agregó otro elemento: los tiempos formales estarán sujetos al calendario que establezca el Instituto Electoral del Estado de Querétaro. El PAN conserva la facultad de resolver su mecanismo interno, pero ya no dispone de un calendario infinito.
El reloj empezó a correr.
Kuri sostiene que la competencia fortalece al partido. No carece de razón. Un PAN sin aspirantes sería una señal mucho peor. La llamada “caballada fuerte” puede convertirse en una ventaja si el partido consigue que quien pierda acompañe a quien gane.
Ese es precisamente el punto.
La fortaleza no se mide por cuántos quieren ser candidatos. Se mide por cuántos permanecen cuando solamente queda uno.
El riesgo para Acción Nacional no está hoy en que Nava, Macías, Dorantes, Murguía o cualquiera de los demás levante la mano. Está en que alguno llegue a sentir que compitió sin reglas claras, que la decisión estaba tomada de antemano o que otro recibió ventajas desde el poder.
Ahí empieza el verdadero fuego amigo.
Kuri lo sabe. Desde 2025 ha advertido a los panistas que no pueden confiarse en las encuestas. En octubre de ese año hablaba de una ventaja de entre 10 y 12 puntos sobre Morena, pero pedía mantener los pies en la tierra.
Las encuestas, además, ya no cuentan una sola historia. En junio de 2026 Rubrum colocó a Luis Nava 11 puntos arriba de Santiago Nieto en un eventual careo; otra medición de Enkoll mostró una contienda partidista prácticamente empatada, 34 contra 33, y colocó otros nombres en la competencia interna de Morena. El escenario, por tanto, está lejos de estar resuelto.
Por eso la unidad no puede quedarse en discurso.
Kuri todavía conserva autoridad política, ascendencia dentro del PAN y capacidad para influir en la sucesión. Sería absurdo sostener lo contrario. Pero también enfrenta una condición inevitable: cada día que pasa gobierna menos tiempo y los aspirantes tienen un día más para construir su propio proyecto.
Así funciona el poder cuando empieza a acercarse el relevo.
El gobernador puede pedir calma. Puede llamar a la unidad. Puede decir que hay una caballada fuerte y que la competencia demuestra que el PAN está vivo.
Pero llegará un momento en que tendrá que pasar del mensaje al método.
Porque siete aspirantes pueden ser una fortaleza.
Siete aspirantes sin una ruta aceptada por todos pueden convertirse en otra cosa.
Y ese es el verdadero desafío de Mauricio Kuri rumbo a 2027: no escoger solamente a quien pueda ganar la elección, sino conseguir que quienes pierdan la candidatura no terminen ayudando a perderla.




