Buenos Aires, 21 Oct (Notimex).- La provincia de Jujuy, en el norte argentino, concentra la celebración por el Día de Muertos, que aquí es conocida como Día de los Fieles Difuntos y que está enmarcada por las velas y coloridas flores de papel que invaden casas y calles y las procesiones a los cementerios.
A diferencia de México, en donde el ritual conmemorativo abarca a todo el país, en Argentina sólo se desarrolló en el norte debido a que fue la región en donde permanecieron más pueblos originarios.
El 1 y el 2 de noviembre no son días feriados y pasan casi desapercibidos, ya que el Halloween estadunidense no ha logrado imponerse en la cultura popular ni siquiera en la capital, Buenos Aires, salvo campañas publicitarias de bares que convocan a que sus clientes vayan disfrazados.
Jujuy es la única provincia en donde el Día de los Fieles Difuntos no se trabaja por decreto oficial, ya que así la población puede concentrarse en recordar a sus muertos con ofrendas, misas y visitas en masa a los cementerios.
Hombres, mujeres y niños se dedican durante los días previos a fabricar flores de papel en colores negro y violeta, si el difunto era adulto, o blanca y celeste si era un niño, con las que arman guirnaldas que adornan portones, fachadas y ventanas.
Las flores también son llevadas a las tumbas para adornar lápidas y cruces como un mensaje de que los muertos no han sido olvidados por sus familiares.
Junto con la visita al cementerio, los jujeños preparan comidas especiales en sus casas, pero en la mesa dejan libre un lugar para su “muertito”, a quien también honran con sencillas ofrendas, similares a las que se montan en México.
La tradición consiste en colocar una foto del fallecido en el centro, y a su alrededor, velas encendidas, flores naturales o de papel, agua bendita, y la comida y bebida que le gustaba al homenajeado.
En Jujuy se honra a los muertos durante tres años a partir del deceso, ya que en el primero se asume la consternación de la muerte y el respeto, en el segundo se realizan reuniones familiares y de amigos para recordarlo, y en el tercer y último, se realiza lo que se conoce como “el despacho del alma" con la instalación de ofrendas.
Una particularidad de esta celebración es que los vivos “coquean” con el muerto, es decir que mastican hoja de coca, tradición ancestral de la región para enfrentar las consecuencias de la altura, y que elaboran figuras de harina y agua en forma de ave para ayudar a que las almas lleguen al cielo.
En el resto del país, durante el 1 y el 2 de noviembre es común que los cementerios se colmen de familias que les llevan flores a sus difuntos y que limpien sus lápidas, además de que se realizan misas especiales para recordarlos, e incluso en algunos lugares se convoca a la instalación de ofrendas comunitarias.
A diferencia de México, en donde el ritual conmemorativo abarca a todo el país, en Argentina sólo se desarrolló en el norte debido a que fue la región en donde permanecieron más pueblos originarios.
El 1 y el 2 de noviembre no son días feriados y pasan casi desapercibidos, ya que el Halloween estadunidense no ha logrado imponerse en la cultura popular ni siquiera en la capital, Buenos Aires, salvo campañas publicitarias de bares que convocan a que sus clientes vayan disfrazados.
Jujuy es la única provincia en donde el Día de los Fieles Difuntos no se trabaja por decreto oficial, ya que así la población puede concentrarse en recordar a sus muertos con ofrendas, misas y visitas en masa a los cementerios.
Hombres, mujeres y niños se dedican durante los días previos a fabricar flores de papel en colores negro y violeta, si el difunto era adulto, o blanca y celeste si era un niño, con las que arman guirnaldas que adornan portones, fachadas y ventanas.
Las flores también son llevadas a las tumbas para adornar lápidas y cruces como un mensaje de que los muertos no han sido olvidados por sus familiares.
Junto con la visita al cementerio, los jujeños preparan comidas especiales en sus casas, pero en la mesa dejan libre un lugar para su “muertito”, a quien también honran con sencillas ofrendas, similares a las que se montan en México.
La tradición consiste en colocar una foto del fallecido en el centro, y a su alrededor, velas encendidas, flores naturales o de papel, agua bendita, y la comida y bebida que le gustaba al homenajeado.
En Jujuy se honra a los muertos durante tres años a partir del deceso, ya que en el primero se asume la consternación de la muerte y el respeto, en el segundo se realizan reuniones familiares y de amigos para recordarlo, y en el tercer y último, se realiza lo que se conoce como “el despacho del alma" con la instalación de ofrendas.
Una particularidad de esta celebración es que los vivos “coquean” con el muerto, es decir que mastican hoja de coca, tradición ancestral de la región para enfrentar las consecuencias de la altura, y que elaboran figuras de harina y agua en forma de ave para ayudar a que las almas lleguen al cielo.
En el resto del país, durante el 1 y el 2 de noviembre es común que los cementerios se colmen de familias que les llevan flores a sus difuntos y que limpien sus lápidas, además de que se realizan misas especiales para recordarlos, e incluso en algunos lugares se convoca a la instalación de ofrendas comunitarias.




