Firman sus tierras por 30 años y no vivirán para recuperarlas: el negocio solar que devora a Nopala de Villagrán, en Hidalgo

Tres parques fotovoltaicos ocuparán más de mil hectáreas en Nopala de Villagrán; la instalación arrasará maíz, forraje, ganado, magueyes centenarios y acuíferos de tres estados, mientras ejidatarios con 63 años en promedio firman contratos a 30 años que no verán vencer.

Milpa y flor silvestre en tierras de cultivo de Nopala de Villagrán, Hidalgo, en la zona donde se instalarán paneles solares de tres empresas con autorización federal

El Valle del Mezquital produce el 98.8 por ciento del maguey de Hidalgo; la destrucción de sus tierras agrícolas para instalar paneles solares es un golpe al corazón de la economía campesina del estado

Foto Ilustrativa: Depositphotos
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Nopala de Villagrán, Hidalgo, 31 de julio de 2026.— Antes de que llegue una máquina, el paisaje en el poniente de Nopala de Villagrán es el que ha sido durante siglos: magueyes de pencas abiertas que tardaron entre diez y treinta años en alcanzar ese tamaño, potreros donde pasta el ganado bovino que da leche y carne a las familias, parcelas de maíz y avena forrajera que son al mismo tiempo despensa y sustento, nopales que forman cercas vivas desde antes de que nacieran los ejidatarios que hoy las cuidan.

Pero las máquinas ya se anuncian. Por las carreteras que conectan a San Lorenzo el Chico, Batha y Barrios, El Borbollón y Llano Largo con la cabecera municipal circulan constantemente camionetas de las empresas que habrán de arrancar con los proyectos. Los habitantes lo saben. Y el miedo se instaló antes que los paneles.


Conejo silvestre en pastizal de Nopala de Villagr\u00e1n, en la zona donde empresas solares instalar\u00e1n paneles fotovoltaicos en Hidalgo La fauna silvestre del Valle del Mezquital, sin corredor natural de desplazamiento, enfrenta extinción local cuando las vallas perimetrales de los parques solares fragmentan su hábitat. rotativo.com.mx

El daño no es abstracto ni futuro. Lleva cinco años ocurriendo.

Desde que el parque fotovoltaico Guajiro, de Atlas Renewable Energy, comenzó operaciones en mayo de 2019 sobre 410 hectáreas en las inmediaciones de Dañú, Puerto Dañú y Pachuquilla, estas comunidades documentan un deterioro que no existía antes.

Nopales y matorral en ladera bajo cielo del atardecer en Nopala de Villagr\u00e1n, territorio que ser\u00e1 ocupado por tres parques solares autorizados por Semarnat Más de mil hectáreas de este ecosistema semiárido serán niveladas por excavadoras para instalar los paneles de Alten Energías Renovables y Global Solar América, cuyos proyectos ya tienen autorización federal rotativo.com.mx

De acuerdo a versiones de los propios comuneros, los manantiales que abastecían a familias enteras comenzaron a secarse. La lluvia dejó de llegar con la regularidad de décadas anteriores. Los árboles cercanos al perímetro de la planta empezaron a morir.

El suelo, compactado durante la construcción para nivelar el terreno e instalar los soportes metálicos de 370 mil paneles, ya no absorbe el agua de lluvia como antes ni la infiltra hacia los acuíferos. Lo que tardó generaciones en formarse fue alterado en meses.

Bordo de agua al atardecer en tierras ejidales de Nopala de Villagr\u00e1n, Hidalgo, sobre mantos acu\u00edferos amenazados por la instalaci\u00f3n de parques fotovoltaicos Los ejidatarios de Nopala advierten que los paneles solares se instalarán sobre mantos acuíferos que abastecen a comunidades de Hidalgo, Estado de México y la Ciudad de México rotativo.com.mx

Ahora ese proceso se prepara para repetirse en mayor escala. La Semarnat autorizó en 2025 dos nuevas plantas fotovoltaicas en el mismo municipio. La primera, la Planta Fotovoltaica Alten Hidalgo 100 MW, de Alten Energías Renovables México Once, se instalará en el Rancho La Esperanza, kilómetro 2.4 de la carretera Las Cruces, en la localidad de San Lorenzo el Chico, con 130 megavatios pico de capacidad.

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La segunda, la Planta Global Hidalgo 2, de Global Solar América 2, ocupará 184.6 hectáreas adicionales con 163 mil módulos. Ninguna ha iniciado obras formalmente, pero sus representantes ya son una presencia cotidiana en los caminos deteriorados del municipio.

Las comunidades de Batha y Barrios, El Borbollón, San Lorenzo el Chico y Llano Largo observan ese movimiento con una mezcla de resignación y resistencia, pero indignados porque todavía no encuentra respuesta institucional.


\u00c1rboles de la zona rural de Nopala de Villagr\u00e1n, Hidalgo, en silueta al atardecer; el paisaje est\u00e1 amenazado por tres proyectos de parques fotovoltaicos Los árboles y el matorral que forman los corredores naturales de fauna en Nopala de Villagrán serán destruidos para nivelar el terreno; los ejidatarios advierten que ya no volverán a crecer en su vida. rotativo.com.mx

Lo que está en juego no es solo tierra. Es la economía completa de familias que no viven del salario sino de lo que producen.

El Valle del Mezquital es llamado el Granero de Hidalgo: el 61 por ciento de su población vive de la agricultura. En Nopala y sus comunidades, las parcelas ejidales producen maíz para el consumo familiar, avena forrajera y alfalfa para alimentar al ganado bovino, caprino y ovino que representa el otro ingreso de las familias.

Milpa y cultivos en tierras ejidales de Nopala de Villagr\u00e1n, Hidalgo, que ser\u00e1n arrendadas a empresas de energ\u00eda solar durante 30 a\u00f1os Sin forraje ni milpa, las familias ejidatarias de Nopala perderán también su ganado bovino, caprino y ovino; la renta ofrecida no alcanza para comprar lo que esas mismas tierras producían rotativo.com.mx

Ese ganado no se sostiene sin forraje. Y el forraje no existe sin las tierras que las empresas solares pretenden ocupar durante 30 años. Cuando esas tierras dejen de sembrarse, las familias perderán al mismo tiempo la milpa, el potrero, el forraje y los animales.

La renta que ofrecen las empresas —documentada en casos cercanos como el ejido San Miguel de las Piedras II, donde la oferta llegó a establecerse en mil pesos anuales por hectárea— no alcanza para comprar el maíz, la alfalfa y el forraje que esa misma hectárea producía. Es un intercambio que destruye una economía familiar entera y entrega a cambio una cantidad que no la sustituye ni alcanzara para que las familias puedan vivir mejor.

Parcela de ma\u00edz bajo cielo de tormenta en Nopala de Villagr\u00e1n, Hidalgo, en tierras ejidales que ser\u00e1n ocupadas por parques solares Las parcelas de maíz y forraje que sostienen la alimentación y el ganado de las familias de Nopala serán arrasadas para instalar paneles fotovoltaicos mediante contratos de arrendamiento a 30 años rotativo.com.mx

El maguey profundiza el problema. El Agave salmiana, la especie pulquera predominante en la región, tarda entre diez y treinta años en alcanzar su madurez productiva, según registros de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad.

Es el sustento de tlachiqueros que heredaron el oficio de sus padres y sus abuelos. Cuando una excavadora lo arrase para nivelar el terreno, no habrá reposición posible en el horizonte de vida de quien lo perdió.

Nopala de Villagrán concentra, junto con Cardonal, Huichapan e Ixmiquilpan, el 98.8 por ciento del valor de producción de maguey de todo el estado de Hidalgo, según el Sistema de Información Agroalimentaria y Pesquera. Destruir los magueyes y nopales de Nopala no es un daño local: es un golpe al corazón de la producción pulquera y alimentaria del estado.

El ecosistema que sostiene todo eso tampoco tiene reemplazo. El sureste del Valle del Mezquital alberga 160 especies de aves, de las cuales 27 están bajo alguna categoría de amenaza y siete son endémicas de México, según un estudio publicado en la revista científica Huitzil.

Nopales y vegetaci\u00f3n semi\u00e1rida en ladera de Nopala de Villagr\u00e1n, Hidalgo, en la zona donde se instalar\u00e1n parques fotovoltaicos que arrasar el ecosistema Los nopales y magueyes que cubren las laderas de Nopala de Villagrán no se trasplantan: la instalación de paneles solares implica su destrucción definitiva en cuestión de días rotativo.com.mx

La zona semiárida hidalguense tiene además 31 especies vegetales endémicas, entre ellas cactáceas y crasuláceas que no existen en ningún otro lugar del planeta.

La biznaga, el cardón, el garambullo y el ahuehuete que crecen en estas tierras no se trasplantan: mueren al moverlos. Las vallas perimetrales y los tendidos eléctricos de los parques solares fragmentarán los corredores naturales que estas especies necesitan para desplazarse y reproducirse. El aislamiento conduce, documentadamente, a la extinción local y regional.

El agua completa el cuadro. Los ejidatarios señalan que los paneles están instalados sobre mantos acuíferos que abastecen no solo a Nopala, sino a cuencas que llegan a Hidalgo, Estado de México y la Ciudad de México.

La compactación del suelo durante la construcción reduce la infiltración pluvial. La limpieza periódica de los 370 mil paneles del parque Guajiro, que requiere agua en una zona semiárida donde ese recurso ya es crítico, presiona los acuíferos que antes recargaban naturalmente.

Con dos parques nuevos sumando 163 mil módulos adicionales, la demanda de agua para mantenimiento en una región que ya resiente sequía extraordinaria se convierte en un problema estructural sin solución a la vista.


Matorral xer\u00f3filo con vegetaci\u00f3n silvestre end\u00e9mica en Nopala de Villagr\u00e1n, Hidalgo, ecosistema amenazado por la instalaci\u00f3n de tres parques solares El Valle del Mezquital alberga 31 especies vegetales endémicas que no existen en ningún otro lugar del planeta; ninguna puede trasplantarse — mueren al moverlas rotativo.com.mx

Y luego está el dato que ninguna empresa pone en el contrato.

La edad promedio del ejidatario mexicano ronda los 63 años, según registros de la Universidad Nacional Autónoma de México y del sector agropecuario nacional. Los contratos de arrendamiento que se ofrecen en la región son a 30 años. Un ejidatario que hoy tiene 63 años y firma uno de esos documentos tendría que llegar a los 93 para ver vencer el plazo y poder reclamar su tierra.

Los que tienen 70 lo saben con una claridad que ningún abogado de empresa ha querido contestar en ninguna asamblea: lo que están firmando no es un arrendamiento. Es la entrega definitiva de su tierra.

Algunos la firmaron con información incompleta. Otros, bajo presión o con el señuelo de un pago inicial que parecía dinero y que en el largo plazo no alcanzará ni para el forraje que esa misma tierra producía.

Sus hijos, si no emigraron ya a la ciudad o al norte, lo harán de cualquier manera para sobrevivir, ya que en el campo ya no habrá forma de subsistir, no habrá parcelas, forraje ni ganado, por lo que al paso del tiempo solo heredarán un contrato, no una parcela, no un potrero, no un maguey. Heredarán el papel de algo que ya no existe.

Las empresas tienen la autorización. Las camionetas ya recorren los caminos que los están destruyendo cada vez más. Y lo que aún queda en pie en el poniente de Nopala —los magueyes, los potreros, el maíz, el ganado, los manantiales, las aves, el suelo que tardó siglos en formarse— no aparece en ningún contrato de arrendamiento ni en ninguna Manifestación de Impacto Ambiental que las propias empresas hayan presentado ante la Semarnat para obtener el permiso que ya tienen en su poder.

Esta es la primera entrega de Tierra Solar, una serie de Rotativo de Querétaro que documentará el avance de los parques fotovoltaicos en Nopala de Villagrán y su impacto sobre las comunidades, el territorio, el agua y la economía familiar del Valle del Mezquital.