Supo Marcel Aymé combinar con naturalidad realidad y fantasía

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México, 13 Oct. (Notimex).- Lo mágico y lo maravilloso mezclado sutilmente con la cotidianeidad de su tiempo, fue el sello que el narrador y dramaturgo francés Marcel Aymé plasmó en su particular realismo mágico, en el cual destacan sus relatos breves.

Aymé murió el 14 de octubre de 1967, dejando tras de sí una vasta obra que inició con la novela "Brûlebois", publicada en 1926, la cual le valió el Premio de la Société des Gens des Lettres.

El escritor nació el 29 de marzo de 1902, en Joign, noreste de Francia, aunque su infancia transcurrió en el municipio de Villers-Rober, en un ambiente rural, y en compañía de sus abuelos, debido a su orfandad materna.

Quienes se han sumergido en sus letras opinan que la influencia de la atmósfera campestre donde se desarrolló gran parte de su vida es muy notoria en la configuración de sus personajes.

Su juventud estuvo marcada por problemas de salud, haciendo que primero dejara sus estudios y que más tarde regresará de París a su pueblo natal, donde escribió su primera novela, la cual escribió como una manera de luchar contra el aburrimiento que le provocaba estar convaleciente en cama, según el portal "Biografíasyvidas.com".

Antes de su consagración como escritor, realizó diversas actividades, entre ellas la de empleado bancario y la de periodista, según da cuenta una enciclopedia electrónica colaborativa.

"La yegua verde" (1933), novela que le hizo gozar de popularidad, marcó el momento en el que Aymé se abandona en la actividad literaria, para sumar a su trabajo variados libros, relatos cortos y cuento infantiles.

Después de la Segunda Guerra Mundial, su éxito radicó principalmente en su labor como dramaturgo, por obras como "Luciana y el carnicero", estrenada en 1948, "Clérambard" (1950), "La cabeza ajena" (1952) y "Los pájaros de luna" (1955).

Algunos de sus títulos, entre novelas y cuentos son "Casa baja" (1934), "El molino de la sordina" (1936), "La carne clandestina (1939), "La bella imagen" (1941) y "Urano" (1948).

El cementerio Saint-Vincent en Montmartre, París, es el lugar que resguarda los restos del escritor, quien posee también una plaza en su honor, donde "Dutilleul", personaje principal de "El hombre que atravesaba las paredes" (1943), sigue haciendo uso del don con el que Aymé lo dotó.