México, 12 Nov (Notimex).- Durante cinco años, el catedrático e investigador tapatío Rubén Gallo realizó una profunda indagación en diversos archivos del mundo sólo para hallar la relación que un selecto grupo de creadores mexicanos tuvo con la tecnología. “Me interesaba saber cómo los escritores y otros artistas habían pensado en relación a las máquinas”, reveló.
El dato curioso, indiscreto o jocoso emergió de entre sus pesquisas, por ejemplo, “el pintor y muralista mexicano Diego Rivera, quien entre 1932 y 1933 realizó en Detroit una serie de frescos, en 27 páneles, sobre la industria de la Ford Motor Company, obra que le fue comisionada por el magnate Henry Ford… ¡No sabía manejar automóviles!”.
Entrevistado por Notimex en ocasión de la presentación “Máquinas de vanguardia”, libro de su autoría que ya está en México con traducción de Valeria Luiselli (Ediciones Sexto Piso), el catedrático de la Universidad de Princeton y miembro de la junta directiva del Museo Sigmund Freud de Viena, explicó las motivaciones que tuvo para este ensayo.
“Comencé a investigar y al cabo de cinco años ya tenía varias historias, todas ellas muy divertidas, sobre cómo la radio tuvo sus primeros fans en México, cómo el cine y la cámara fotográfica y otros inventos como la máquina de escribir, generaron obras de arte visual, poemas, textos y pinturas”, explicó.
Mucha investigación en archivos del país, como el de la Secretaría de Educación Pública (SEP) y de distintas ciudades del mundo, como Nueva York, donde están los materiales relacionados con el campo de su investigación, redundó en el ensayo que en su versión para México es presentado en una bien cuidada edición de mediano formato y pasta dura.
Autor de los libros “Freud en México: Historia de un delirio” (2014), “Las artes de la Ciudad” (2012), y compilador de “México, D.F., lecturas para paseantes” (2004), además de haber sido profesor visitante en las universidades de Viena y Jerusalén, Gallo dirige el Programa de Estudios Latinoamericanos de Princeton desde 2008. Con ello, elevó la voz:
Por ejemplo, citó Rubén Gallo sonriente al evocar el hecho, cuando se inventó la máquina de escribir, era justamente eso, una herramienta para escribir. “Empero, muchos poetas se interesaron en ver cómo ese artefacto cambió su relación con la escritura, y escribieron poemas sobre la máquina de escribir y sobre el hecho de hacer poesía con esa máquina”.
De acuerdo con el autor, el arte y la literatura sostienen relaciones complejas, diversas, jamás lineales, de circulación e influencias recíprocas con la tecnología: “Los poemas, cuentos, pinturas y esculturas transmiten al lector y al observador todos los deseos, las ansiedades y las fantasías más recónditas de cada época histórica que ha existido”.
Informó que todos los escritores y artistas que cultivaron otras disciplinas que desfilan en su libro fueron mexicanos, entre ellos, Octavio Paz, Diego Rivera, Tina Modotti, Mariano Azuela, Martín Luis Guzmán, Manuel Maples Arce, Kyn Taniya y José Vasconcelos. “Todos ellos nacieron en México, pero los archivos están en todo el mundo”, aseguró.
Subrayó que “Máquinas de vanguardia”, coedición de Sexto Piso y el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) a través de su Dirección General de Publicaciones (DGP), es un ensayo que tiene la virtud de interesar sin distingo a los lectores locos por los temas literarios y artísticos y a los que aman a las nuevas máquinas y herramientas.
Una vez terminado el amplio ensayo, Gallo vio que como casi siempre todavía había datos e información valiosa en su tintero.
“Siempre hay para más, pero eso será material para otros libros que van a surgir en el futuro”, dijo, y adelantó que dentro de un año publicará “Los latinoamericanos de Marcel Proust”, sobre los amigos de don Marcel.
El dato curioso, indiscreto o jocoso emergió de entre sus pesquisas, por ejemplo, “el pintor y muralista mexicano Diego Rivera, quien entre 1932 y 1933 realizó en Detroit una serie de frescos, en 27 páneles, sobre la industria de la Ford Motor Company, obra que le fue comisionada por el magnate Henry Ford… ¡No sabía manejar automóviles!”.
Entrevistado por Notimex en ocasión de la presentación “Máquinas de vanguardia”, libro de su autoría que ya está en México con traducción de Valeria Luiselli (Ediciones Sexto Piso), el catedrático de la Universidad de Princeton y miembro de la junta directiva del Museo Sigmund Freud de Viena, explicó las motivaciones que tuvo para este ensayo.
“Comencé a investigar y al cabo de cinco años ya tenía varias historias, todas ellas muy divertidas, sobre cómo la radio tuvo sus primeros fans en México, cómo el cine y la cámara fotográfica y otros inventos como la máquina de escribir, generaron obras de arte visual, poemas, textos y pinturas”, explicó.
Mucha investigación en archivos del país, como el de la Secretaría de Educación Pública (SEP) y de distintas ciudades del mundo, como Nueva York, donde están los materiales relacionados con el campo de su investigación, redundó en el ensayo que en su versión para México es presentado en una bien cuidada edición de mediano formato y pasta dura.
Autor de los libros “Freud en México: Historia de un delirio” (2014), “Las artes de la Ciudad” (2012), y compilador de “México, D.F., lecturas para paseantes” (2004), además de haber sido profesor visitante en las universidades de Viena y Jerusalén, Gallo dirige el Programa de Estudios Latinoamericanos de Princeton desde 2008. Con ello, elevó la voz:
Por ejemplo, citó Rubén Gallo sonriente al evocar el hecho, cuando se inventó la máquina de escribir, era justamente eso, una herramienta para escribir. “Empero, muchos poetas se interesaron en ver cómo ese artefacto cambió su relación con la escritura, y escribieron poemas sobre la máquina de escribir y sobre el hecho de hacer poesía con esa máquina”.
De acuerdo con el autor, el arte y la literatura sostienen relaciones complejas, diversas, jamás lineales, de circulación e influencias recíprocas con la tecnología: “Los poemas, cuentos, pinturas y esculturas transmiten al lector y al observador todos los deseos, las ansiedades y las fantasías más recónditas de cada época histórica que ha existido”.
Informó que todos los escritores y artistas que cultivaron otras disciplinas que desfilan en su libro fueron mexicanos, entre ellos, Octavio Paz, Diego Rivera, Tina Modotti, Mariano Azuela, Martín Luis Guzmán, Manuel Maples Arce, Kyn Taniya y José Vasconcelos. “Todos ellos nacieron en México, pero los archivos están en todo el mundo”, aseguró.
Subrayó que “Máquinas de vanguardia”, coedición de Sexto Piso y el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) a través de su Dirección General de Publicaciones (DGP), es un ensayo que tiene la virtud de interesar sin distingo a los lectores locos por los temas literarios y artísticos y a los que aman a las nuevas máquinas y herramientas.
Una vez terminado el amplio ensayo, Gallo vio que como casi siempre todavía había datos e información valiosa en su tintero.
“Siempre hay para más, pero eso será material para otros libros que van a surgir en el futuro”, dijo, y adelantó que dentro de un año publicará “Los latinoamericanos de Marcel Proust”, sobre los amigos de don Marcel.




