Europa, 6 de noviembre de 2026.- El tráfico aéreo europeo sufrió por tercer día consecutivo las consecuencias de falsas amenazas de bomba, que han perturbado más de 20 vuelos en el continente y, en algunos casos, obligaron a movilizar aviones de combate.
La policía de Dinamarca y la de República Checa informaron que recibieron nuevas amenazas dirigidas al tráfico aéreo en los aeropuertos de Copenhague y Praga, respectivamente. La danesa señaló que no existía peligro para los pasajeros; la checa indicó que se adoptaron las medidas de seguridad necesarias, con un «impacto mínimo en el funcionamiento habitual del aeropuerto».
El jueves, más de una docena de vuelos resultaron afectados, entre ellos cuatro desvíos en República Checa y dos en Italia. Al menos 14 aviones vieron alterada su operación: un vuelo de Aer Lingus con destino a Roma terminó en Francia, y otros dos, procedentes de España y Dinamarca, aterrizaron en Sofía, la capital de Bulgaria.
El martes, al menos siete vuelos y un crucero habían recibido amenazas de bomba, y al menos siete vuelos fueron desviados.
Las autoridades checas e italianas señalan que las amenazas llegaron por correo electrónico, aunque no está del todo claro cómo se realizaron. Un representante del aeropuerto Václav Havel de Praga explicó que el mensaje, que advertía sobre bombas en cuatro vuelos, procedía de una cuenta anónima.
Un portavoz de la policía checa precisó que iba dirigido al aeropuerto y que se enviaron correos similares a otras terminales aéreas de Europa.
En Italia, el correo llegó a una empresa de logística que trabaja con el aeropuerto de Roma-Fiumicino y lo envió un grupo antifeminista que se autodenomina «The Male State». Afirmaba falsamente que se habían colocado artefactos explosivos en dos vuelos, uno procedente de Helsinki y otro de Dublín.
Un portavoz del aeropuerto confirmó que la captura de pantalla difundida es auténtica.
El Centro Internacional para la Lucha contra el Terrorismo, un centro de estudios con sede en los Países Bajos, indicó que ese grupo surgió en Rusia en 2016 como movimiento misógino y después se manifestó como partidario de la guerra en Ucrania. En 2021, un tribunal ruso lo prohibió y lo calificó de organización extremista.
Ningún país europeo ha identificado a un grupo o a un Estado responsable, y la Unión Europea señaló que es demasiado pronto para determinar si los incidentes están relacionados entre sí. Analistas de seguridad plantean que podría tratarse de una campaña híbrida más amplia o de una serie de falsas alarmas malintencionadas.
Eric Schouten, director del grupo de seguridad aérea Dyami, planteó la posibilidad de que los responsables sean saboteadores que actúan en nombre del Estado ruso, y subrayó que muchos de los países afectados han apoyado a Ucrania en su guerra contra Rusia.
El Ministerio de Asuntos Exteriores de Alemania afirmó que la seguridad de Europa «está siendo puesta a prueba mucho más allá del frente ucraniano», y citó como ejemplos los avisos de bomba, los ciberataques contra los sistemas de refrigeración de supermercados y la incursión de drones en el espacio aéreo de varios países europeos.
La ministra de Transporte del Reino Unido, Heidi Alexander, calificó las amenazas de «falsas alarmas malintencionadas» y explicó que las interrupciones activaron protocolos establecidos para gestionarlas.
Hasta ahora, todas las amenazas han resultado falsas y las autoridades competentes confirmaron que no se halló ningún artefacto explosivo. Keith Jeffries, exdirector federal de seguridad del aeropuerto de Los Ángeles, recordó que los aeropuertos cuentan con planes de gestión de amenazas de bomba y entrenan con ellos, lo que les permite decidir en cuestión de segundos; concluyó que ninguna autoridad aeronáutica ignorará jamás una amenaza de este tipo.
Eliran Almog, director ejecutivo de la firma de ciberseguridad aérea Cyviation, señaló que las amenazas coinciden en el tiempo con los ciberataques contra los sistemas de refrigeración de supermercados en Europa.
Advirtió que diversos servicios esenciales sufren interrupciones con costos económicos que pueden socavar la confianza pública. Otros analistas apuntan que el objetivo podría ser tanto causar perturbaciones como observar la capacidad de respuesta de aerolíneas y autoridades.




