México, 27 Sep (Notimex).- El especialista en sismotectónica, Raúl Valenzuela Wong, afirmó que el sismo del 19 de septiembre fue 30 veces menor que el ocurrido en 1985 y aunque la percepción de daños y afectaciones se pueden emparentar hay notorias diferencias entre ambos movimientos telúricos.
El investigador del Instituto de Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México detalló que no existe relación causal entre
ambos sismos, y las características son desiguales.
Señaló que la diferencia y magnitud se debió a la cercanía del epicentro: hace 32 años fue a 350 kilómetros, y hace unos días a 120.
En la videoconferencia “Sismos. 19 septiembre 1985, 2017. Sus características”, realizada en las instalaciones del Servicio Sismológico Nacional (SSN), el especialista dijo que los movimientos con frecuencias más altas tienden a afectar estructuras más bajas, mientras que las bajas dañan estructuras de mayor altura.
Valenzuela Wong descartó variaciones dramáticas en la actividad sísmica; “de manera anual se presentan alrededor de 150 sismos en el mundo de magnitud seis a 6.9, perceptibles o no; de siete a 7.9, aproximadamente 15; y sólo uno o ninguno de hasta ocho grados”.
Respecto a un gran terremoto, que se rumora podría ocurrir en la Brecha de Guerrero, ubicada entre Acapulco y Zihuatanejo, detalló que primero tiene que establecerse el denominado intervalo de recurrencia.
“Sabemos que nada ni nadie puede predecir un sismo, pero también sabemos que desde diciembre de 1911 no ha ocurrido un movimiento de gran magnitud en esa zona. Aunque han pasado 106 años, no tenemos datos de cuándo fue el movimiento anterior a 1911, así que no podemos establecer el intervalo de recurrencia. Pero lo que es un hecho es que no se ha liberado energía ahí”, destacó.
A su vez, Leonardo Ramírez, de la Unidad de Instrumentación Sísmica del Instituto de Ingeniería (II), los colapsos o derrumbes se concentraron ahora en inmuebles de cuatro a ocho pisos, mientras que hace 32 años fueron en estructuras más altas, de hasta 20 niveles.
“En 1985 la ubicación de los daños fue en el área que corresponde a lo que fue el Lago de Texcoco (delegaciones Cuauhtémoc, Venustiano Carranza, sur de Coyoacán, Benito Juárez e Iztacalco), mientras que en 2017 fueron en la denominada zona de transición, al sur de la ciudad (Tlalpan, Coyoacán), lo que coincide con la orilla de lo que fue el mencionado lago”.
Al referirse a los daños en inmuebles de la Ciudad de México, indicó que el 90 por ciento de las estructuras que tuvieron menoscabos o que colapsaron fueron levantadas con el código de construcción anterior a 1985.
“La mayoría fueron edificadas bajo el reglamento previo y no se reforzaron con las modificaciones a la normativa de 2004”, remarcó.
Asimismo, los especialistas descartaron con todo rigor que la actividad sísmica reciente tenga que ver con los ensayos nucleares de Corea del Norte, realizados el pasado 3 de septiembre.
También rechazaron que la sismicidad tenga un vínculo con las tormentas solares, como dictan mensajes que proliferan en redes sociales, ni fin del mundo.
“No hay alineación de planetas, no hay fechas fatales ni círculos que se cierran, lo que sí debe haber es atención sobre el diseño de los lugares que habitamos y laboramos, pero sobre todo prevención”, puntualizaron.
La videoconferencia, transmitida por Facebook tuvo una asistencia virtual pico de mil 300 personas, y en la hora de duración se realizaron aproximadamente 400 preguntas y comentarios.
El investigador del Instituto de Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México detalló que no existe relación causal entre
ambos sismos, y las características son desiguales.
Señaló que la diferencia y magnitud se debió a la cercanía del epicentro: hace 32 años fue a 350 kilómetros, y hace unos días a 120.
En la videoconferencia “Sismos. 19 septiembre 1985, 2017. Sus características”, realizada en las instalaciones del Servicio Sismológico Nacional (SSN), el especialista dijo que los movimientos con frecuencias más altas tienden a afectar estructuras más bajas, mientras que las bajas dañan estructuras de mayor altura.
Valenzuela Wong descartó variaciones dramáticas en la actividad sísmica; “de manera anual se presentan alrededor de 150 sismos en el mundo de magnitud seis a 6.9, perceptibles o no; de siete a 7.9, aproximadamente 15; y sólo uno o ninguno de hasta ocho grados”.
Respecto a un gran terremoto, que se rumora podría ocurrir en la Brecha de Guerrero, ubicada entre Acapulco y Zihuatanejo, detalló que primero tiene que establecerse el denominado intervalo de recurrencia.
“Sabemos que nada ni nadie puede predecir un sismo, pero también sabemos que desde diciembre de 1911 no ha ocurrido un movimiento de gran magnitud en esa zona. Aunque han pasado 106 años, no tenemos datos de cuándo fue el movimiento anterior a 1911, así que no podemos establecer el intervalo de recurrencia. Pero lo que es un hecho es que no se ha liberado energía ahí”, destacó.
A su vez, Leonardo Ramírez, de la Unidad de Instrumentación Sísmica del Instituto de Ingeniería (II), los colapsos o derrumbes se concentraron ahora en inmuebles de cuatro a ocho pisos, mientras que hace 32 años fueron en estructuras más altas, de hasta 20 niveles.
“En 1985 la ubicación de los daños fue en el área que corresponde a lo que fue el Lago de Texcoco (delegaciones Cuauhtémoc, Venustiano Carranza, sur de Coyoacán, Benito Juárez e Iztacalco), mientras que en 2017 fueron en la denominada zona de transición, al sur de la ciudad (Tlalpan, Coyoacán), lo que coincide con la orilla de lo que fue el mencionado lago”.
Al referirse a los daños en inmuebles de la Ciudad de México, indicó que el 90 por ciento de las estructuras que tuvieron menoscabos o que colapsaron fueron levantadas con el código de construcción anterior a 1985.
“La mayoría fueron edificadas bajo el reglamento previo y no se reforzaron con las modificaciones a la normativa de 2004”, remarcó.
Asimismo, los especialistas descartaron con todo rigor que la actividad sísmica reciente tenga que ver con los ensayos nucleares de Corea del Norte, realizados el pasado 3 de septiembre.
También rechazaron que la sismicidad tenga un vínculo con las tormentas solares, como dictan mensajes que proliferan en redes sociales, ni fin del mundo.
“No hay alineación de planetas, no hay fechas fatales ni círculos que se cierran, lo que sí debe haber es atención sobre el diseño de los lugares que habitamos y laboramos, pero sobre todo prevención”, puntualizaron.
La videoconferencia, transmitida por Facebook tuvo una asistencia virtual pico de mil 300 personas, y en la hora de duración se realizaron aproximadamente 400 preguntas y comentarios.












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