Cd. de México (SEMlac).-. El Instituto Nacional Electoral (INE) cambió su imagen institucional un día antes del comienzo del proceso electoral de 2027. Sorprendió que ha decidido que las distintas tonalidades del lila al violeta, será el color oficial.
¿Influencia del momento, llegamos todas, segundo año del gobierno de la primera presidenta de la República Mexicana? ¿Sabe el INE que es el color del partido más grande del mundo, el del feminismo?
El origen
Del lila al violeta y el morado son los colores insignia del movimiento feminista internacional. Fueron utilizados por primera vez en 1908 gracias a la iniciativa de la activista británica Emmeline Pethick.
Las movilizaciones se multiplicaron en Londres y las sufragistas empezaron a utilizar un lazo morado, luego pañoletas; pintaron y escribieron en tinta morada sus carteles. Las tonalidades del magenta al morado poblaron las manifestaciones feministas en todo el mundo a partir de esta iniciativa, hasta nuestros días.
Pethick explicó el significado del color: violeta es el color de los soberanos, simboliza la sangre real que corre por las venas de cada luchadora por el derecho al voto, simboliza su conciencia de libertad y la dignidad. Así, las sufragistas inglesas utilizaron en su larga campaña el color morado, junto con el verde y el blanco.
El morado como color, además, fue tomado por la mezcla de rosa, asignado históricamente al sexo femenino, y azul, al masculino; por ende, la combinación da como resultado tonalidades que conducen a la idea de igualdad, un mutualismo entre ambos géneros.
El movimiento de sufragistas inglesas demandó el reconocimiento del voto femenino. Gracias a sus acciones de protesta, siempre portando lazos violetas, el derecho al voto para las mujeres mayores de treinta años fue reconocido en 1917.
Desde 1908 las movilizaciones callejeras usaron las distintas tonalidades de lila a morado y, como colores complementarios, el blanco y el verde, éste último utilizado para la lucha internacional por el aborto.
Las mujeres socialistas adoptaron el lazo violeta –también utilizado en la segunda ola feminista (1970)–, como símbolo para demandar la igualdad entre mujeres y hombres. Mientras, las sufragistas norteamericanas lo portaron durante la manifestación de 1978 a favor de la Enmienda por la Igualdad de Derechos.
Otro origen
Existe también otra hipótesis sobre el color de la protesta feminista: el violeta como color del feminismo proviene de Estados Unidos y tiene su origen en la huelga declarada por las trabajadoras de la fábrica textil Triangle Shirtwaist, de Nueva York. Estas hicieron un largo paro laboral ante las lamentables condiciones en las que trabajaban, con jornadas de más de diez horas que dificultaban amamantar a sus bebés y atender su doble jornada.
Las trabajadoras, en su mayoría migrantes de Europa del Este e Italia, de entre 14 y 23 años, se encontraban en la fábrica cuando se produjo un incendio. No está claro cuántas murieron, pero se dijo que el humo que salía por las chimeneas era morado, debido al color de las telas de las camisas que confeccionaban. A partir de ese momento, el violeta simboliza la lucha de las mujeres en huelga y subraya la crítica de la represión sufrida por los movimientos de emancipación femenina.
Sea cual sea la hipótesis (todas son tan válidas y verdaderas como cualquier otra), el morado —o violeta— es la insignia perfecta de la lucha por la igualdad de género: resplandece con una fuerza propia innegable, engendrada por los millones de voces que lleva detrás. Un coro universal que se opone a la injusticia y que trasciende, especialmente en las movilizaciones que se realizan en todo el mundo cada 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, como consignó en 2024 la Gaceta Universitaria de la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam).
Más allá de su origen exacto, el morado se consolidó con fuerza durante la segunda ola del feminismo, en las décadas de 1960 y 1970. Hoy en día, inundar las calles de violeta cada 8 de marzo es un recordatorio de la dignidad, la resistencia y la constante lucha por erradicar la desigualdad entre hombres y mujeres.
El color violeta quedó sellado como símbolo de apoyo a la lucha feminista internacional como se escribe en “El diario violeta de Carlota”, de Gemma Lienas, reflexión de la situación actual de la mujer que propone el uso de las gafas violeta.
Hoy está en toda la iconografía, en libros, carteles, botones, propaganda, flores usadas en las marchas; en la vestimenta, en las aplicaciones digitales, en fotografías de la IA y hasta en las pintadas y muestras artísticas.
Cada año, alrededor del mundo y sin importar barreras geográficas o sociales, las calles se convierten en testigos de olas violetas que encarnan un homenaje vivo en un mar de esperanza.
2027
Al arrancar la jornada electoral en México, llamó la atención el acuerdo del Consejo General, en el que no está incluida la asamblea, es decir, los consejeros y consejeras. La presidenta del INE anunció que, del lila al violeta, será la paleta de colores dominante para la identidad visual y gráfica, así como para las ilustraciones del Instituto Nacional Electoral.
La Junta General Ejecutiva lo acordó el 9 de septiembre, en sesión extraordinaria y urgente: los nuevos colores están mandatados por el nuevo Manual de Identidad Institucional del INE, que sustituye al vigente desde 2014.
El manual señala que el cambio más visible es la nueva paleta institucional en tonos lilas, que reemplaza al esquema de colores anterior: LILA INSTITUCIONAL será el color dominante en las aplicaciones de mayor jerarquía; LILA OSCURO se utilizará como acento, en textos y elementos secundarios. También se incorporan azul, lila claro, gris, negro y blanco como colores complementarios.
Los nuevos colores podrán utilizarse en tipografías, plecas, degradados, ilustraciones y demás elementos gráficos, siempre garantizando contraste, legibilidad y accesibilidad. Para textos se emplearán principalmente azul y lila institucional.
El Manual también regula la imagen de oficinas, módulos de atención ciudadana, señalización, vehículos y uniformes. Es indicativo, no obligatorio, para los Órganos Electorales en las entidades de la República, conocidos como OPLES.




