Lento el avance en lucha contra plaguicidas en Latinoamérica

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Villahermosa, 28 Oct. (Notimex).- El investigador colombiano Gustavo Peñuela estimó que la reducción o eliminación del uso de plaguicidas en los cultivos de América Latina es un proceso lento que cambiará conforme los compradores exijan menor residualidad de pesticidas.

“Desafortunadamente cambiar estas prácticas en los cultivadores no es fácil, una (manera) es hacerlo con leyes y otra vemos que países compradores exigen nula o poca residualidad de plaguicidas”, indicó.

En entrevista en el VII Simposio Internacional de Ciencia y Tecnología de Alimentos, refirió que en países europeos, como Francia, los restaurantes y hoteles sólo compran hortalizas o frutos si provienen de cultivos orgánicos.

Asimismo, continuó, en Latinoamérica está prohibido el uso de plaguicidas órgano clorados, entre otros que han sido descontinuados por el peligro que pueden causar a la población por estar presentes en los alimentos.

“Muchos son un peligro porque pueden ir desde intoxicaciones, daños al organismo como cambios hormonales, cáncer y demás”, advirtió.

El analista en contaminantes peligrosos de agua, suelo y alimentos de la Universidad Antioquia en Medellín, Colombia, planteó la necesidad de cambiar de prácticas a protecciones naturales o combinadas.

En ese sentido, afirmó que la naturaleza ofrece prácticas culturales más seguras, pues hay cultivos que atraen plagas de insectos, roedores, bacterias u hongos, pero hay otros cultivos que las repelen.

“Si hay un cultivo que las atrae, se colocan alrededor las que repelen las plagas. Puede que así se proteja en 40 o 50 por ciento, pero esa misma cantidad es lo que va a disminuir el uso de plaguicidas”, apuntó.

Otra estrategia para reducir el uso de pesticidas es la rotación de cultivos e incluso la utilización de insectos benéficos que atacan a otras plagas, además de sistemas como es el choque eléctrico, añadió el experto.

Sin embargo, consideró que “cambiar esas prácticas a los cultivadores no es fácil, hay que hacerlo lentamente”.

Peñuela refirió que desde hace unos 60 años comenzó la aplicación de plaguicidas en los cultivos y se convirtió en una práctica extendida.

Las hortalizas y frutas frágiles, dijo, son las más susceptibles de ser atacadas, como son la papa, el tomate, el banano, la mora o la uva, por lo cual se les aplica plaguicidas.

Anotó que a pesar de las recomendaciones sobre el manejo de las dosis, por lo general los productores le agregan más para evitar pérdidas, aunque no sea necesario.

“Eso pasa no sólo en Colombia, en toda Latinoamérica, sobre todo en los países que están en zonas tropicales, porque la temperatura y la humedad favorecen que haya más plagas, por lo tanto falta más control”, estableció.