Querétaro no parte de cero

La continuidad panista solo será defendible si fortalece la seguridad, atiende el crecimiento urbano y replica en los municipios los programas exitosos impulsados desde la capital.

Retrato del periodista Martín García junto al título “Querétaro no parte de cero”, correspondiente a una columna sobre los resultados del PAN, los retos estatales y el escenario político rumbo a 2027.

La estabilidad de Querétaro deberá acompañarse de nuevas soluciones en seguridad, transporte, servicios e infraestructura urbana, señala Martín García.

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Morena necesita convencer a los queretanos de que todo está mal.

Necesita presentar al estado como un territorio abandonado, inseguro, desigual y detenido en el tiempo, porque solamente así podría justificar que la solución consiste en entregar el gobierno a quienes se presentan como dueños exclusivos de la transformación.


Pero Querétaro no es un terreno baldío.

Tampoco es una hoja en blanco sobre la cual cualquier improvisado pueda comenzar a escribir sus ocurrencias.

Aquí existen instituciones, infraestructura, inversión, empleos, universidades, industria, estabilidad política y un modelo de seguridad que, con fallas y amenazas crecientes, ha logrado evitar que la entidad alcance los niveles de descomposición que padecen otras regiones del país.

Eso también debe decirse.

Porque la oposición tiene derecho a cuestionar al PAN, pero no a borrar los resultados solamente para acomodar la realidad a su discurso electoral.

La estabilidad no llegó por accidente

Gobernar no consiste únicamente en repartir apoyos, organizar concentraciones o pronunciar discursos contra el pasado.

Gobernar significa conservar el orden institucional, generar condiciones para la inversión, garantizar servicios, fortalecer a las policías, mantener abiertas las empresas y evitar que los grupos criminales sustituyan a la autoridad.

Querétaro ha logrado sostener buena parte de esas condiciones.

¿Todo funciona correctamente?

Por supuesto que no.

La seguridad sigue siendo la principal preocupación de miles de familias. Existen robos, fraudes, violencia familiar, narcomenudeo, homicidios y delitos patrimoniales que no pueden esconderse detrás de una estadística favorable.

Pero tampoco puede ignorarse que la confianza reportada en la Policía Estatal se mantiene por encima del promedio nacional.

No es un permiso para presumir que el problema está resuelto.

Es la demostración de que todavía existe una institución que debe fortalecerse antes de que sea demasiado tarde.

Mire, la seguridad se pierde mucho más rápido de lo que se construye.

Basta con relajar los controles, politizar a las corporaciones, permitir la infiltración criminal o nombrar funcionarios por lealtad partidista y no por capacidad para que una entidad pase de la estabilidad a la violencia.

Los queretanos no tienen que mirar demasiado lejos para entenderlo.

Ahí están Guanajuato, Michoacán, Zacatecas, Guerrero, Sinaloa y Tabasco.

Cada estado tiene condiciones distintas, pero todos dejan una lección: cuando el gobierno pierde el control de la seguridad, recuperarlo cuesta vidas, inversiones, empleos y generaciones enteras.

Morena también debe rendir cuentas

Morena pretende competir en Querétaro como si llegara sin antecedentes.

Como si no hubiera gobernado el país durante años.

Como si sus administraciones estatales no tuvieran resultados, escándalos, funcionarios cuestionados y decisiones que también deben someterse al juicio ciudadano.

No sería serio afirmar que todos los gobiernos de Morena son criminales o que todos sus funcionarios son corruptos.

Pero sería igualmente irresponsable fingir que los casos documentados no existen.

La Auditoría Superior de la Federación detectó irregularidades, documentación insuficiente y fallas graves de control en operaciones relacionadas con Segalmex y Diconsa.

La institución creada bajo el discurso de ayudar a los productores y garantizar alimentos terminó convertida en uno de los mayores símbolos de contradicción entre la supuesta honestidad del movimiento y el manejo real de los recursos públicos.

¿Dónde quedó entonces la superioridad moral?

¿Desaparece la corrupción simplemente porque el funcionario utiliza un chaleco guinda?

Claro que no.

La corrupción no cambia de naturaleza por cambiar de partido.

Y todavía más delicado es lo ocurrido en Tabasco, donde quien ocupó la responsabilidad de combatir al crimen terminó enfrentando acusaciones por presuntamente encabezar una organización delictiva.

Hernán Bermúdez Requena no era un policía menor ni un funcionario perdido dentro del organigrama.

Fue secretario de Seguridad.

El hombre que debía proteger a los ciudadanos es acusado de haber operado del otro lado de la ley.

Ese caso no permite condenar automáticamente a todo Morena, pero sí obliga a formular una pregunta que la oposición preferiría evitar:

¿Cómo puede una estructura criminal crecer dentro de las instituciones sin que nadie en el gobierno advierta lo que ocurre?

Eso es lo verdaderamente grave.

La palabra narcopolítica no debe utilizarse como insulto ni como consigna electoral. Debe emplearse con responsabilidad y pruebas.

Pero cuando un responsable de la seguridad pública es acusado de dirigir actividades criminales, la advertencia deja de ser retórica.

Se convierte en un riesgo real.

Santiago Nieto no puede presentarse como espectador

Santiago Nieto conoce las instituciones federales, posee experiencia jurídica y ha construido buena parte de su carrera alrededor del combate a la corrupción.

Eso le proporciona reconocimiento y una narrativa política poderosa.

Pero no le concede inmunidad frente a las contradicciones de su partido.

Si pretende gobernar Querétaro, tendrá que explicar cómo evitaría que los grupos internos de Morena se repartan las instituciones, las posiciones y los presupuestos.

Tendrá que aclarar qué autonomía tendría frente al Gobierno Federal y frente a las corrientes que disputan el control del partido en el estado.

También deberá responder cómo garantizaría que la seguridad no sea sometida a compromisos políticos.

¿Quién dirigiría las corporaciones?

¿Qué controles establecería?

¿Cómo impediría la infiltración de grupos criminales?

¿Qué haría diferente de aquellos gobiernos morenistas donde las instituciones de seguridad terminaron bajo sospecha?

No basta con señalar al PAN.

No basta con repetir que llegará la transformación.

Y mucho menos basta con suponer que el prestigio personal de un aspirante puede borrar los antecedentes de la organización que lo respalda.

Quien solicita el gobierno también debe presentar cuentas.

Incluso antes de recibirlo.

El PAN tiene resultados, pero también deudas

Acción Nacional cometería un error si interpreta esta defensa como un aplauso incondicional.

No lo es.

El PAN ha construido estabilidad, pero también ha permitido que numerosos problemas se acumulen.

La movilidad sigue siendo insuficiente.

Los servicios públicos enfrentan una presión creciente.

El transporte no responde de la misma manera en todos los municipios.

La infraestructura urbana avanza detrás del crecimiento poblacional.

La seguridad conserva instituciones fuertes, pero está sometida diariamente a la presión de grupos que operan en entidades vecinas y a los propios opositores que le apuesta al fracaso para poder sustentar su ingreso al poder en Querétaro.

El gobierno estatal y los municipios panistas no pueden pedir continuidad únicamente porque Morena representa un riesgo.

Tienen que demostrar que son capaces de corregir sus propias deficiencias.

El peor favor que podrían hacerle al PAN sería afirmar que en Querétaro no pasa nada.

Sí pasa.

Las familias padecen congestionamientos cada vez mayores. Existen colonias que esperan obras, comunidades con problemas de agua, rutas de transporte insuficientes, desarrollos habitacionales construidos sin vialidades adecuadas y ciudadanos que no siempre reciben una respuesta oportuna de la autoridad.

Reconocerlo no debilita al gobierno.

Lo obliga a trabajar.

Y ahí está la diferencia entre defender un proyecto y proteger una burocracia.

San Juan del Río ya no puede administrarse como antes

San Juan del Río merece una atención especial.

Su crecimiento industrial, habitacional y comercial ha superado durante años la velocidad con la que se construyen calles, drenajes, vialidades, redes de agua, infraestructura pluvial y alternativas de transporte.

No es un problema que haya comenzado en la administración actual.

Es una deuda acumulada.

Pero las deudas acumuladas también deben pagarse.

El municipio ya no puede administrarse como una ciudad pequeña a la que le bastan reparaciones aisladas, pavimentaciones ocasionales y cambios menores en la circulación.

San Juan del Río necesita planeación de largo plazo.

Necesita nuevas vialidades, infraestructura hidráulica, transporte eficiente, ordenamiento territorial, mejor conectividad entre la zona industrial y las áreas habitacionales, recuperación de espacios públicos y un modelo de seguridad capaz de acompañar el crecimiento económico.

¿De qué sirve atraer empresas si los trabajadores tardan cada vez más en llegar?

¿De qué sirve autorizar vivienda si no existen calles, agua, drenaje y transporte suficientes?

¿De qué sirve presumir crecimiento cuando la infraestructura siempre llega varios años después?

Ese es uno de los grandes retos para quien aspire a gobernar Querétaro.

La capital concentra atención, recursos y proyectos, pero el desarrollo estatal no puede detenerse en sus límites municipales.

San Juan del Río, la Sierra, el Semidesierto y los municipios que forman parte de la expansión metropolitana también necesitan soluciones diseñadas de acuerdo con sus propias condiciones.

Felifer ha colocado un modelo sobre la mesa

Felifer Macías ha entendido algo que otros aspirantes todavía tratan de resolver: una candidatura estatal no se construye solamente con fotografías, declaraciones o acuerdos internos.

Se construye gobernando.

Desde la capital ha impulsado programas identificables como Alcalde en Acción, El Extra, la Guardia Cívica y distintas modalidades de transporte municipal.

Pueden discutirse sus alcances.

Deben revisarse sus padrones, costos, resultados y mecanismos de evaluación.

Ningún programa público debe quedar fuera de la fiscalización solamente porque resulte políticamente atractivo.

Pero existe una diferencia entre cuestionar una política para mejorarla y descalificarla porque fue creada por un adversario.

Alcalde en Acción tiene una virtud: concentra distintas áreas del gobierno en colonias donde los problemas no pueden resolverse mediante una sola dependencia.

No se trata únicamente de pintar una cancha o reparar una luminaria.

El planteamiento consiste en entrar a una zona, identificar necesidades de seguridad, movilidad, servicios y mantenimiento, y coordinar respuestas.

Ese modelo puede perfeccionarse y replicarse.

En San Juan del Río podría aplicarse por polígonos urbanos, atendiendo de manera conjunta calles, drenaje, alumbrado, seguridad, espacios públicos y transporte.

En municipios rurales podría adaptarse para acercar servicios de salud, trámites, apoyos productivos y atención social.

El Extra también representa una forma distinta de intervenir frente a las necesidades económicas de determinados sectores.

¿Debe vigilarse que no se convierta en una herramienta electoral?

Por supuesto.

¿Debe comprobarse que los beneficiarios cumplen con los requisitos?

Sin duda.

Pero la fiscalización no elimina el valor de una política pública cuando ésta atiende una necesidad real.

La Guardia Cívica, por su parte, intenta intervenir en conflictos comunitarios y conductas que deterioran el orden antes de que escalen a delitos más graves.

No sustituye a la Policía Municipal.

Tampoco resolverá por sí sola la inseguridad.

Pero plantea una estrategia preventiva que puede fortalecer la convivencia y recuperar la autoridad en espacios cotidianos.

Eso es gobernar con un modelo.

No solamente con un discurso.

Liderazgo no significa ausencia de crítica

Felifer Macías tiene visibilidad, iniciativa y una capacidad evidente para colocar temas en la agenda pública.

También tiene riesgos.

Gobernar la capital significa estar expuesto diariamente a errores, decisiones controvertidas, reclamos ciudadanos y resultados que no siempre coinciden con la narrativa oficial.

Su liderazgo solamente podrá convertirse en una propuesta estatal si acepta que las políticas públicas no deben medirse por el número de boletines publicados, sino por los problemas que efectivamente resuelven.

Tendrá que demostrar que los programas de la capital son financieramente sostenibles.

Que pueden mantenerse sin sacrificar servicios básicos.

Que no dependen de una promoción personal.

Y, sobre todo, que pueden adaptarse a municipios con presupuestos, necesidades y capacidades institucionales distintas.

No se gobierna San Juan del Río como se gobierna la capital.

Mucho menos se gobierna Jalpan, Pinal de Amoles, Amealco o Peñamiller de la misma manera.

Un proyecto estatal exige comprender esas diferencias.

Felifer parece tener una visión de gobierno activa y replicable.

Ahora necesita convertirla en una visión territorial.

Ahí estará su verdadera prueba.

La continuidad tampoco se hereda

El PAN no puede asumir que los queretanos votarán nuevamente por sus candidatos solamente porque el partido ha gobernado durante años.

La continuidad no es una propiedad registrada.

Se gana.

Luis Nava aporta experiencia administrativa y conocimiento del gobierno estatal. Agustín Dorantes posee estructura partidista, trayectoria legislativa y presencia territorial. Felifer Macías presenta una administración con programas visibles y una narrativa de renovación.

Los tres tienen argumentos.

Pero el PAN deberá escoger no solamente a quien gane una encuesta interna, sino a quien pueda mantener la estabilidad, corregir los rezagos, unir al partido y enfrentar a una oposición que utilizará cada error como prueba de agotamiento.

Si Acción Nacional se divide, Morena tendrá una oportunidad.

Si intenta esconder sus fallas, Morena tendrá un argumento.

Y si el candidato panista confunde continuidad con impunidad o comodidad, la ciudadanía tendrá razones legítimas para buscar otra opción.

La defensa del PAN no puede construirse sobre el miedo.

Debe construirse sobre resultados, correcciones y una propuesta de futuro.

No se sustituye lo que funciona sin explicar qué vendrá después

Querétaro no parte de cero.

Tiene instituciones que deben protegerse, policías que necesitan fortalecerse, inversión que debe conservarse, infraestructura que requiere ampliarse y municipios cuyo crecimiento exige una nueva etapa de planeación.

El PAN puede defender lo construido.

Pero también está obligado a reconocer lo que dejó pendiente.

Morena puede ofrecer alternancia.

Pero antes deberá explicar por qué sus gobiernos, sus contradicciones y los casos que han golpeado su discurso no representan un riesgo para Querétaro.

Santiago Nieto tendrá que demostrar que su proyecto está por encima de las disputas internas y de los intereses nacionales de su partido.

Felifer Macías, por su parte, tiene la oportunidad de probar que los programas de la capital pueden transformarse en soluciones para todo el estado, especialmente para municipios que han quedado rezagados frente a su propio crecimiento.

La elección de 2027 no debería decidirse mediante colores, consignas o resentimientos.

Deberá decidirse comparando resultados, riesgos y capacidades.

Porque cambiar puede ser necesario cuando un gobierno ha dejado de funcionar.

Pero sustituir un modelo estable sin demostrar que existe uno mejor también puede convertirse en un error irreversible.

La alternancia es un derecho democrático.

La amnesia no debería convertirse en programa de gobierno. Los leo en los comentarios.