ONU: Los derechos no disminuyen con la edad, asegura experta

Reem Alsalem, relatora especial de la ONU, advierte que viudas, migrantes, mujeres rurales y con discapacidad están especialmente en riesgo.

Mujer mayor se cubre un ojo con un oclusor durante un examen de la vista, mientras una enfermera con libreta verde la acompaña, imagen que ilustra el informe de la ONU sobre violencia contra mujeres mayores.

Las mujeres mayores pueden enfrentar la denegación de atención sanitaria o de dispositivos de asistencia, advierte el informe de la relatora especial de la ONU, Reem Alsalem.

Foto: Ilustrativa/ (depositphotos)
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Nueva York, (SEMlac / ONU Noticias).- Se estima que en 2025 había 664 millones de mujeres de 60 años o más, y que esa cifra alcanzará los 1.130 millones en 2050. Pese a ello, las mujeres mayores siguen siendo “invisibles” en las leyes, los datos y los servicios contra la violencia. Ellas sufren explotación de sus pensiones y propiedades, exclusión digital, denegación de atención sanitaria y barreras para denunciar. Las viudas, las migrantes, las rurales y las mujeres con discapacidad están especialmente en riesgo.

Reem Alsalem, relatora especial de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) sobre la violencia contra las mujeres y las niñas, denunció el 8 de octubre que las mujeres mayores de todo el mundo sufren violencia, explotación y abandono, pero siguen siendo “en gran medida invisibles” en las leyes, las políticas, los datos y los servicios diseñados para protegerlas.


“Las mujeres no deberían perder su derecho a vivir libres de violencia porque envejezcan”, afirmó Alsalem en su último informe a la Asamblea General de la ONU. “Con demasiada frecuencia, el edadismo y el sexismo se combinan para hacer invisible la violencia contra las mujeres mayores, tolerarla o tratarla como una parte inevitable del envejecimiento”.

El informe examina la violencia contra las mujeres mayores como una forma “distinta e interseccional” de violencia, surgida de la interacción de la discriminación por razón de sexo, el edadismo y las desigualdades acumuladas a lo largo de la vida de las mujeres.

“Las mujeres mayores son titulares de derechos, portadoras de conocimiento y miembros activos de la sociedad. Su edad nunca debe usarse para disminuir su dignidad, su autonomía o su protección”, subrayó la experta.

Violencia física, económica y digital

El informe identifica violencia física, psicológica, sexual y económica, así como control coercitivo, negligencia, abandono y violencia facilitada por la tecnología.

Señala que las mujeres mayores pueden enfrentarse a la explotación de sus pensiones y propiedades, la exclusión digital, la denegación de atención sanitaria o dispositivos de asistencia y barreras para denunciar y acceder a la justicia.

La violencia puede ocurrir en los hogares, las comunidades, las instituciones de cuidado, las prisiones y los entornos de crisis y conflicto. El informe subraya que las mujeres mayores pueden quedar excluidas de los servicios y los datos, mientras que la violencia sexual contra ellas sigue estando infrarreconocida.

Alsalem encontró que las viudas, las mujeres migrantes y apátridas, las mujeres rurales, las mujeres con discapacidad, las mujeres en instituciones de cuidado y las mujeres afectadas por conflictos y crisis humanitarias están particularmente en riesgo.

Decisiones sobre el final de la vida

La relatora especial destacó las decisiones relativas al tratamiento médico y el final de la vida.

“Cuando una mujer mayor vive en la pobreza, la discapacidad, el aislamiento o la dependencia de otros para su cuidado, debemos estar atentos a las presiones que pueden condicionar las opciones disponibles para ella. Ninguna mujer debería sentirse una carga por haber alcanzado una edad avanzada o necesitar apoyo”, declaró.

Alsalem instó a los Estados a reconocer y abordar explícitamente la violencia contra las mujeres mayores en las leyes, las estrategias nacionales y los programas de prevención y respuesta, a recopilar datos desagregados por edad y sexo, a reforzar los mecanismos accesibles de denuncia, protección, justicia y reparación y a garantizar la formación de los profesionales de las fuerzas del orden, la judicatura, la salud y los servicios sociales.

Pidió además una protección social más sólida, pensiones, vivienda, atención sanitaria, servicios paliativos y de cuidado, y medidas para prevenir la explotación económica y el aislamiento.