El escritor Jorge Cuesta fundó de la crítica literaria mexicana

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México, 12 Ago (Notimex).- Jorge Cuesta, hombre polifacético, dedicado a las letras y a la vez a la ciencia, el periodismo y la edición, a 73 años de su muerte, ocurrida el 13 de agosto de 1942, es considerado fundador de la crítica literaria mexicana.

Uno de sus poemas más destacados fue “Canto a un dios mineral”, mismo que lo colocó en recopilaciones de géneros a lado de obras de Sor Juana Inés de la Cruz (165-1695), José Gorostiza (1901-1973) y Octavio Paz (1914-1998), entre otros.

De acuerdo con el portal “los-poetas.com”, Jorge Mateo Cuesta Porte Petit, nació en Córdoba, Veracruz, el 21 de septiembre de 1903. Su padre apasionado por la ciencia, era un agricultor de caña, café y naranja, mientras que su madre, hija de inmigrantes franceses, vivió atemorizada bajo el yugo de su marido.

Al año de edad, mientras estaba bajo el cuidado de la niñera se cayó, golpeándose la cabeza, cerca del ojo izquierdo dejándole el párpado caído.

En 1921 a la edad de 18 años, se trasladó a la Ciudad de México para ingresar primeramente al Conservatorio Nacional y ser violinista, idea que abandonó para asistir a la Facultad de Ciencias Químicas, dónde cuatro años más tarde concluyó sus estudios.

Durante este periodo se dedicó a escribir ensayos y se relacionó con algunos miembros del grupo literario “Los Contemporáneos”, jóvenes intelectuales mexicanos que se encargaron de difundir las innovaciones en el campo del arte y la cultura de la sociedad mexicana durante el siglo XX.

Dicho grupo estaba integrado por Xavier Villaurrutia (1903-1950), Jaime Torres Bodet (1902-1974), Gilberto Owen (1904-1952) y Salvador Novo (1904-1974), quienes impulsaron la publicación de una revista en 1928 con el mismo nombre del colectivo.

Ese mismo año, Cuesta publicó la “Antología de la poesía mexicana moderna”, estuvo dos meses en París y conoció a Lupe Marín, con quien se casó más tarde y permaneció hasta 1930 en la ciudad francesa.

En 1932 al terminó de su matrimonio comenzó el éxito de su carrera literaria. Luego de la colaboración en la revista “Los Contemporáneos”, fundó la revista “Examen”, que cerró más tarde por su evidente participación en la crítica de la ideología nacionalista, que estaba en boga por aquellos años en México.

Cuesta fue muy reconocido con su revista “Examen” ya que marcó el camino de las publicaciones futuras en el país, además de abordar temas culturales, tuvo cabida la política, la crítica social y la filosofía.

De acuerdo con su biografía publicada en el portal “conaculta.gob.mx”, el autor colaboró en otras publicaciones como en “El Universal”, y publicó dos ensayos de corte político: “El plan contra Calles” y “Crítica de la reforma al artículo tercero”, ambos en 1934.

Tiempo después, en 1938, dio un giro a sus actividades y se enroló en la industria de azúcares y de alcoholes, siendo jefe del departamento de laboratorio en una industria del ramo.

Allí, revivieron sus inclinaciones científicas y experimentó con algunas enzimas y sustancias de diversa índole. Apuntan sus biógrafos, que fue por esos años que el poeta comenzó con su etapa de locura.

Según el portal “horizonte.unam”, luego de diversos males que aquejaron a su cuerpo, Cuesta visitó al psiquiatra, quien le diagnosticó disturbios mentales supuestamente derivados de tendencias homosexuales reprimidas.

El escritor reaccionó ante este diagnóstico y redactó una carta en la que se negó a atribuir sus males a su sistema nervioso sin un examen físico, oponiendo resistencia a la posibilidad de que hubiera algo reprimido y oscuro que pudiera vencer a su prolífica inteligencia.

Cuesta al sufrir crisis de paranoia y estando en diferentes centros clínicos, a los 38 años de edad se suicidó el 13 de agosto de 1942, cuando se encontraba internado en el Sanatorio del doctor Lavista, ubicado en Tlalpan.

El hecho lo consagró como un escritor misterioso, oscuro y ambivalente, que supo plasmar en su obra emociones como la ansiedad, la vejez, el pesimismo, la muerte y el equilibrio.

Su poesía fue recopilada de manera póstuma por Alí Chumacero (1918-2010), Elías Nandino (1900-1993) y Rubén Salazar (1928-1970). Más tarde la Universidad Nacional Autónoma de México (UNMA) publicó sus sonetos, su “Canto mineral” y sus ensayos.