Tucson (EE.UU.), 30 jun (EFE)-. El Charro Café, considerado el restaurante mexicano más antiguo de Estados Unidos operado por la misma familia, cumple este año un siglo bajo el liderazgo de una latina que heredó el tesón de la “Tía Mónica”, que rompió barreras y estereotipos al inaugurarlo en 1922 en Tucson (Arizona).

El icónico restaurante, que forma parte de la historia del estado, se encuentra ubicado en el corazón de uno de los barrios hispanos más antiguos de Tucson.

“Si estas paredes pudieran hablar contarían muchas historias, de tantas familias”, dice a Efe la chef Carlotta Flores, la actual dueña del restaurante.

Relata que su tía abuela Mónica Flin, la fundadora del restaurante, fue una pionera y revolucionaria, una empresaria adelantada a sus tiempos que luchó por sacar adelante el negocio familiar.

“Tienen que entender que en ese entonces el papel de las mujeres en la sociedad era muy limitado, básicamente eran esposas y madres”, subraya Flores.

Sin embargo la “Tía Mónica”, como Flores la llama, manejaba su propio vehículo e inclusive disfrutaba del deporte de la caza.

El restaurante originalmente abrió en la calle Congress, pero en 1962 se mudó a su actual ubicación, en lo que fue un día la casa de la familia Flin.

La vivienda fue diseñada por su bisabuelo, Jules Flin, un famoso arquitecto francés que ayudó a construir la catedral de San Agustín, en Tucson y decidió quedarse en EE.UU.

Flores cuenta que fue muy unida a su tía y pasó parte de su infancia en los pasillos de esa casa.

Recuerda entonces el amor por la comida mexicana de la familia que aumentó aun más con los viajes a Sonora (México) de Flin.

EL ACCIDENTE DE LA CHIMICHANGA

El Charro Café también es conocido como el lugar de nacimiento de la “chimichanga”, un popular platillo del suroeste de Estados Unidos.

Consiste en una tortilla de harina enrollada y rellena de carne, pollo o fríjoles, la cual es sumergida completamente en aceite para darle una textura crujiente.

“Mi tía estaba cocinando y todos los primos estaban corriendo y nos estaba regañando cuando por accidente el burrito de tortilla de harina que estaba haciendo cayó al aceite y por no decir una grosería solo alcanzó a decir “chimichanga”, relata Flores entre risas.

Esta es la historia de la familia sobre el popular platillo del El Charro Café que sirven otros restaurantes a lo largo de la frontera con México, convirtiéndolo en uno de los más simbólicos del suroeste estadounidense.

Cuando su tía falleció en 1971, Flores decidió quedarse al frente del restaurante para evitar que se perdiera su legado y duro trabajo.

La empresaria y su esposo Ray Flores, quien se encarga de la administración, tienen tres hijos que también se han incorporado al negocio familiar.

La chef al igual que su tía se ha convertido en el motor y la matriarca que no solo ha mantenido el restaurante con vida, sino que lo ha expandido y convertido en toda una industria, que emplea a unas 500 personas.

La familia tiene otros dos restaurantes, donde mezclan el tradicional sabor de la comida mexicana con las nuevas tendencias culinarias.

También tienen envían a domicilio sus populares tamales a cualquier punto los Estados Unidos.

Flores ha escrito dos libros de recetas: “El Charro Café, la historia de su pasado” y “El Charro Café, los sabores y tradiciones de Tucson”.

Su éxito como chef y empresaria latina fue reconocido por la revista Forbes en 2021, formando parte de la lista de las cincuenta mujeres de éxito mayores de 50 años.

Flores considera El Charro Café como “otro miembro” de la familia.

“Creo que parte de nuestro éxito es el trabajo en familia, el amor de nuestros trabajadores y el amor de la comunidad hacia nosotros”, señala.

El restaurante está adornado aún con objetos originales de la antigua casa, lo que los hace muy acogedor y traslada a los comensales a un típico hogar mexicano.

Hay sombreros de charro en sus paredes y fotografías de la “Tía Mónica”, la familia Flores y sus primeros trabajadores.

En este lugar hemos tenido de todo, solo la semana pasada un joven le pidió matrimonio a su novia, al igual que lo hizo su padre con su madre aquí mismo, fue algo muy lindo”, relata Flores.

Como anécdota, cuenta que la leyenda de la música mexicoamericana Lalo Guerrero (1916-2005) trabajó como mesero en el restaurante, interpretando sus primeras canciones en el Charro Café.

La empresaria latina asegura que gran parte del éxito del restaurante es el trabajo duro, la dedicación y sobre todo su amor por mantener la tradicional comida mexicana.

Flores personalmente hace las salsas, de esta forma está garantizando que la calidad sea la misma.

Para celebrar tan importante aniversario, el restaurante está pidiendo a todos aquellos que tengan una historia sobre el restaurante la compartan en su página web.

“Estoy segura que la ‘Tía Mónica’ está muy orgullosa de lo que hemos logrado, del reconocimiento nacional e internacional que ha ganado la comida mexicana”, señala la sobrina.