La nulidad del yo femenino / II parte

04 de Septiembre de 2018
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La nulidad del yo femenino es algo concreto cuando miramos a una mujer sobreviviente a la violencia familiar, una persona cuya condición física evidencia los maltratos, pero también que evade la mirada, habla en voz baja, su cuerpo revela que ha estado silenciada y que casi prefiere pasar inadvertida, evita confrontar con cualquier situación que pueda desencadenar la violencia.

En los discursos sociales es también evidente ese silenciamiento al yo femenino. Encontramos sustitución de la asignación del reconocimiento de la condición de persona cuando se narra en los medios de comunicación el hallazgo de un cuerpo femenino. Incluso en la condición pasiva frente a la muerte y no como un ser con vida que ha sido asesinada.



Me refiero a esos titulares que vemos en los diarios que designan un adjetivo al hallazgo del cuerpo femenino, desde el decir “encajuelada”, “embolsada”, “emparedada”, o cosas similares que desproveen de la condición de persona y que en cambio pasa a ser lo que se hizo con el cuerpo.




No es una persona en una cajuela, sino es una situación en la cajuela, en la bolsa, en la pared, y así se presentan y exponen los títulos de los medios que implícitamente nos llevan a pensar que es lo que se nombra y no una persona con características específicas del género femenino.

Por eso las mujeres son encontradas muertas, así como si cayeran por efecto del clima, muertas en cualquier lugar y se invisibiliza el hecho de que se ha cometido un asesinato y que ocurrió contra una persona.

Se halla muerto un animal, se halla muerto una planta, y a los hombres se les asesina y se comete homicidio, en un sentido discursivo en el que se reconoce condición de persona a la que se le priva de la vida por un agente externo.

Nulificar no solo es negar la condición de persona a la mujer cuando se encuentra con vida, como resultado de la violencia que vulnera la propia percepción que ella tiene de sí misma y de sus alcances y capacidades, sino que va más allá. Transgrede y pretende borrar la condición de persona aun cuando ya ha sido privada de la vida.

La tortura fue definida como el hecho que pretender fragmentar la identidad de la persona hasta tal punto que no se reconozca a sí misma, y eso es precisamente lo que logra la violencia contra las mujeres tras años de ser ejercida en el ámbito familiar y laboral.
Se requiere romper con las manifestaciones de la violencia es cierto, pero también se necesita que la persona sea capaz de tomar esos fragmentos y aprender a vivir con esas fracturas.

Revertir el efecto de la nulificación del yo femenino tiene el mismo sentido que el de las personas que se sobreponen a hechos victimizantes graves que fragmentan su identidad a tal punto que volver a enfrentar la vida les exige aprender a seguir desde esa nueva forma de ser y acostumbrándose a mirarse a sí mismas con otros ojos, valorar lo que se es, como esas vasijas que son rotas y cuyas fracturas al ser enmendadas les dan un toque diferente y un nueva valor.



Entender el efecto y las características de la “nulidad del yo femenino”, permitirá que operadores de justicia comprendan el alcance de la violencia en la capacidad de las mujeres para enfrentar a sus agresores, entender porqué razón está descartada la conciliación y la mediación en situaciones de violencia familiar.




Quizá solo así entenderán que una persona que se encuentra en tal condición de sometimiento que su identidad ha sido fragmentada a tal punto que no puede encontrar elementos de resiliencia ni de resistencia frente a su agresor no puede confrontar a una pareja que la maltrata ni cuestionarle o reclamarle la custodia de los hijos e hijas.

También nos da claridad acerca del por qué especialistas en tortura han reconocido que es la violencia contra las mujeres es equivalente a la tortura, porque el efecto que produce sobre la identidad es la misma y el proceso de recuperación puede implicar lo mismo, muchos años para revertir el daño sobre la sique de las personas que la han vivido.

La nulidad del yo femenino tiene un alcance no solo en lo físico que es posible observar a simple vista, tiene también un efecto sobre la sociedad que prácticamente quitó la condición de persona a las mujeres convirtiéndolas en menos que objetos y solo así podemos entender el abordaje que se le da en los medios de comunicación a los feminicidios, así como permisividad social a la violencia contra las mujeres.

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