La delgada línea entre trabajar duro y trabajar de más

25 de Abril de 2023
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La delgada línea entre trabajar duro y trabajar de más.
La delgada línea entre trabajar duro y trabajar de más.

El término «adicto al trabajo» (del inglés, «workaholic») suele usarse, a menudo de forma humorística, para describir a una persona ambiciosa, comprometida y entregada a su carrera profesional.

Sin embargo, este concepto puede referirse también a aquellas personas que sienten la necesidad de trabajar excesivamente, que trabajan más de lo que su cuerpo y mente pueden soportar y que están siempre al borde del agotamiento.

En el mundo actual, la mayoría de las empresas esperan que sus empleados estén disponibles las 24 horas por el simple hecho de que la tecnología lo permite. La cultura de oficina moderna fomenta la creencia de que cuanto más tiempo pasen los empleados en el trabajo, más valiosos, ambiciosos y exitosos son. Es como si se considerase que estar muy ocupado merece una medalla de honor.

Se ha investigado mucho acerca de las adicciones más comunes, como el abuso del alcohol o los peligros de la ludopatía. Sin embargo, no se habla tanto de la adicción al trabajo.

A pesar de que los expertos en la materia afirman que se trata de una adicción real, el hecho de que la última edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales (conocido como DSM-5) no incluya la adicción al trabajo entre sus páginas dificulta alcanzar un diagnóstico oficial de la enfermedad.

Aunque a veces cuesta distinguir al adicto al trabajo del trabajador ambicioso, existen diferencias entre ellos. La adicción al trabajo comparte patrones de comportamiento con otras formas de adicción y, por tanto, puede destruir la vida de una persona.

Uno de estos patrones es la imposibilidad de detener el comportamiento adictivo a pesar del impacto negativo que tiene sobre la salud física y mental, así como en las relaciones sociales y familiares. Las personas adictas al trabajo pueden acabar siendo poco productivas e incapaces de gestionar la carga de trabajo que asumen, lo que no les permite disfrutar del éxito y el dinero que ganan.

Indicios de adicción al trabajo

En 2014, un estudio de la Universidad de Bergen arrojó que el 8,3 % de los trabajadores noruegos eran adictos al trabajo, hasta el punto de que se había convertido en un problema de salud pública. Schou Andreassen, responsable de la investigación, desarrolló un instrumento para medir la adicción al trabajo, que bautizó con el nombre de Escala de Adicción al Trabajo de Bergen (BWAS, por sus siglas en inglés), a partir de los síntomas básicos que encontramos en la adicción a las sustancias, como la prominencia, los cambios de humor y el síndrome de abstinencia. Andreassen y su equipo establecieron siete criterios para medir la adicción al trabajo:

  1. Intentar liberar tiempo para trabajar más.
  2. Pasar mucho más tiempo trabajando del previsto inicialmente.
  3. Sentir que trabajar nos ayuda a reducir el sentimiento de culpabilidad, la ansiedad, la indefensión o la depresión.
  4. Desoír a quienes intentan decirnos que reduzcamos las horas de trabajo.
  5. Mostrar signos de estrés si no podemos o nos prohíben trabajar.
  6. Sustituir las aficiones, las actividades de ocio o el ejercicio por el trabajo, al que se le ofrece prioridad absoluta.
  7. Sufrir problemas de salud por culpa de tanto trabajo.

Cómo recuperar el equilibrio entre la vida personal y laboral

Si sufres algunos de estos síntomas y crees que puedes sufrir un problema de adicción al trabajo, puede que haya llegado la hora de introducir cambios en tu vida. Empieza hablando con tu superior y explícale cómo te sientes: un buen jefe debería querer disipar la sensación de estrés y agotamiento antes de que ello afecte a tu rendimiento.

Algunos expertos consideran que el tiempo es uno de los recursos más valiosos de que disponemos, por lo que dedicar mucho tiempo a las actividades equivocadas puede hacer que nos sintamos abrumados y superados.

Resulta indispensable mantener los niveles de productividad y establecer el horario de trabajo acordemente. Ello puede lograrse identificando qué parte del trabajo es más importante y con cuál ofrecemos un mejor rendimiento según el tiempo invertido.

En este sentido, saber delegar desempeña un papel clave; si lo hacemos bien, podremos disfrutar de más tiempo libre. Aunque nos pueda parecer que cediendo parte de nuestra carga de trabajo estamos haciendo mal las cosas, lo cierto es que conocer los puntos fuertes del equipo y saber explotarlos es un síntoma de buena gestión laboral.

Debemos ser siempre honestos con el trabajo que podemos asumir: si la carga de trabajo nos supera, la productividad cae; por lo tanto, resulta imprescindible saber decir que no, pedir ayuda o delegar.

Mantener el equilibrio entre la vida personal y laboral supone trabajar para vivir, y no vivir para trabajar. Para ello, es importante establecer límites claros y saber organizarnos para dedicar tiempo a descansar, pasar tiempo con la familia y los amigos o disfrutar de nuestras aficiones. También es positivo trazar una línea entre el trabajo y el hogar.

Si trabajas desde casa, intenta mantener una rutina, crea un espacio de trabajo específico y trata de desconectar al final de la jornada, lo cual implica no consultar el correo electrónico o no responder a llamadas de trabajo fuera del horario laboral.

El trabajo es necesario para asegurarnos alimento y cobijo. Si trabajamos manteniendo un estilo de vida saludable puede resultar hasta divertido e intelectualmente estimulante, lo que nos procura un sentimiento de orgullo, éxito y realización. Ahora bien, si el trabajo nos supera y nos mantiene al borde del agotamiento, quizá sea hora de replantearnos la vida y recuperar el equilibrio perdido. Imagen de Josefa nDiaz en Unsplash