La diversidad sexual tuvo nueva cita en el Teatro de la Ciudad

Dorian Wood y La Bruja de Texcoco derramaron pasión, recuerdos y emociones

Ni la lluvia, ni el tráfico, ni las multitudes, pudieron con la fuerza de la Diversidad Sexual que tuvo una nueva cita en el Teatro de la Ciudad. Foto: Twitter.

México, 16 Jun (Notimex).- Ni la lluvia, ni el tráfico, ni las multitudes que se congregan en el Centro Histórico, sobre todo los fines de semana que caen en quincena, pudieron con la fuerza de la Diversidad Sexual que tuvo una nueva cita en el Teatro de la Ciudad “Esperanza Iris”.

El recinto de Donceles, con el que la cantante, actriz y vedette tabasqueña Esperanza Iris vio coronado su éxito artístico y empresarial, cobijó a cientos de dignos representantes de esa comunidad que acudió a ver, escuchar y celebrar a la dupla de artistas que con arte y sentimiento dieron un concierto memorable.

Dorian Wood y La Bruja de Texcoco se adueñaron del escenario con su estilo único, de fuerte arraigo, con temas que inmortalizaron íconos de la música popular y folclórica, como Juan Gabriel (“Se me olvidó otra vez”), Alberto Cortez (“No soy de aquí ni soy de allá”), y Chavela Vargas (“Macorina”).

La dupla unió su voz con “La Llorona”, una de las páginas más hermosas del cancionero popular mexicano, con músicos de Dorian y el arpa ejecutada por La Bruja; sin embargo, más allá de las interpretaciones de temas famosos, la médula del concierto se concentró en las historias personales.

Wood con su portentosa voz que evoca a la recia Chavela Vargas, y la de Texcoco con una tersura que arrebata, dieron lo mejor de sí. Del primero se celebraron las canciones “Cara infinita”, “O”, “Corpulenxia”, “Glassellalia” y “Círculos”, de la segunda, “Té de Malvón”, “Laabe Muxe”, “Balajú” y “Nahual Papalotl”.

La cita se dio en el marco del ciclo “Entre lenchas, vestidas y musculocas”, organizado por la Secretaría de Cultura local, en el que ambas comulgaron musicalmente; Wood con la lírica latina con la que enriquece su proyecto, y La Bruja con la música tradicional huasteca, con la que enarbola la bandera afeminada.

Vestidos de telas coloridas y vistosas, voces fuertes y sedosas, historias amorosas de la juventud, intimidades, virtudes públicas y recuerdos de romances que fueron, pudieron ser o nunca se imaginaron, completaron la velada musical cuyo distintivo fue la unión, la camaradería y la buena voluntad de la diversidad sexual.