El español Rafael Nadal y el estadounidense Taylor Fritz en una imagen de archivo correspondiente a la final del abierto de Tenis de Acapulco de 2020. EFE/David Guzmán.

Londres, 5 jul (EFE).- “No sé si alguien se ha roto una costilla aquí, pero es un dolor complicado”, aseveró Rafael Nadal en rueda de prensa al recordar la final de Indian Wells contra Taylor Fritz. El balear llegó a aquel encuentro tras 20 triunfos consecutivos y perdió en un partido marcado por una lesión de costilla que le frenó a la hora de sacar.

Nadal se lesionó en semifinales. Sufrió, en palabras de su médico, el doctor Ángel Ruiz Cotorro, una fisura de estrés del tercer arco costal izquierdo que le dejó fuera de juego durante seis semanas. Jugó aquella final visiblemente tocado y aun así obligó al estadounidense a dar su mejor nivel y a batirle en dos apretados sets (6-4 y 7-6).

“Claro que se puede tener en cuenta ese partido, porque perdí”, dijo Nadal, sin excusarse en el problema físico que terminó con el mejor inicio de temporada de su vida, ese que le llevó a ganar Melbourne, el Abierto de Australia y Acapulco y le dejó a las puertas de su cuarto Indian Wells.

El Fritz que se encontró aquel día era un jugador mucho más hecho que al que derrotó en su primer enfrentamiento en la final de Acapulco 2020, uno de los últimos torneos que se disputó antes de la pandemia.

Fritz, que rompió una maldición de 21 años sin un campeón estadounidense en Indian Wells (desde Andre Agassi en 2001), tuvo una irrupción muy temprana en el circuito y ganó su primer partido con 17 años en Nottingham 2015. Su ránking se encontraba fuera de los 700 mejores del mundo y por entonces combinaba los torneos júnior, donde era el número uno, con el circuito profesional. Como júnior, se llevó el US Open en 2015 y fue finalista de Roland Garros el mismo año (perdió con Tommy Paul).

Para la temporada 2016 ya estaba asentado en el circuito de los mayores. Jugó su primer partido de Grand Slam en Australia 2016 y alcanzó su primera final en Memphis, en febrero de ese año, donde perdió con Kei Nishikori. Se convirtió en el finalista estadounidense más joven desde 1990.

Pese a su talento innato, Fritz, que venció en su etapa júnior a los Andrey Rublev, Denis Shapovalov y Stefanos Tsitsipas, ha sufrido varios altibajos en los últimos años y ha tenido que bajar a los Challengers para recuperar sensaciones.

Su primer gran triunfo llegó en hierba, cuando venció en Eastbourne 2019, y desde aquello sumó cuatro finales perdidas, hasta que pudo abrochar su segundo trofeo, en Indian Wells ante Nadal. El estadounidense volvió a ganar en Eastbourne esta temporada y en Wimbledon ha logrado su mejor resultado en un Grand Slam. Hasta Londres, su tope eran los octavos de final que hizo este año en Australia.

“Es un jugador que saca muy bien, especialmente el primer saque”, analizó Nadal.

“Es un jugador completo. Llegó muy joven, tuvo un pequeño parón y después ha dado un empujón hacia delante muy grande. Está jugando muy bien en todas las superficies. Soy realista y estamos en cuartos de final, no puedo esperar que tenga un rival fácil en un torneo como Wimbledon. Estamos en una ronda en la que tengo que jugar bien para ganar”.

Fuera de las pistas, Fritz también ha sido muy precoz y tuvo a su primer hijo en enero de 2017, cuando el americano apenas tenía 18 años.