Redacción Ciencia, 23 may (EFE).- Los sistemas planetarios de estrellas binarias se forman de manera muy diferente a los de las individuales, como el Sol, y puesto que casi la mitad de la estrellas del tamaño de la nuestra es del primer tipo, se abren nuevos objetivos en la búsqueda de vida.

Un estudio que publica hoy Nature encabezado por la Universidad de Copehague analizó, gracias al telescopio ALMA en Chile, un joven sistema estelar binario NGC 1333-IRAS2A, a unos mil años luz, para entender las características de su formación.

“El resultado es emocionante, ya que la búsqueda de vida extraterrestre contará con varios instrumentos nuevos y extremadamente potentes en los próximos años. Esto aumenta la importancia de comprender cómo se forman los planetas alrededor de diferentes tipos de estrellas”, indicó el autor principal de la investigación Jes Kristian Jorgensen.

Estos resultados “pueden señalar lugares que serían especialmente interesantes para sondear la existencia de vida”, agregó el profesor de la Universidad de Copenhague.

El equipo analizó el citado sistema estelar binario, que está rodeado por un disco formado por gas y polvo, y completó las observaciones con simulaciones por ordenador, para ver no solo su actual momento de evolución, sino también hacia adelante y hacia atrás en el tiempo.

En los sistemas estelares binarios, el movimiento de gas y polvo no sigue un patrón continuo, pues en algunos momentos se vuelve muy fuerte, lo que hace que sea de diez a cien veces más brillante hasta volver a su estado normal.

Ese patrón cíclico puede explicarse por la dualidad del sistema. Las dos estrellas se rodean mutuamente y, en determinados intervalos, su gravedad conjunta afectará al disco de gas y polvo de tal forma que hará que caigan enormes cantidades de material hacia la estrella.

Esta circunstancia desgarrará el disco de gas y polvo y, aunque el disco volverá a formarse, los estallidos podrían influir en la estructura del sistema planetario posterior, explicó Rajika Kuruwita, otra de las autoras del estudio.

El sistema estelar observado es todavía demasiado joven para que se hayan formado planetas, por lo que el equipo espera obtener más tiempo de observación en ALMA, lo que permitirá investigar la formación de sistemas planetarios.

El equipo también destacó la importancia de los cometas, que es “probable que desempeñen un papel clave en la creación de posibilidades para la evolución de la vida”, recordó Jorgensen.

Los cometas suelen tener un alto contenido de hielo con presencia de moléculas orgánicas que pueden ser introducidas en la superficie de un planeta si choca con el asteroide.

En los próximos años, nuevos instrumentos se unirán a la búsqueda de vida extraterrestre, como el telescopio espacial James Webb, que en breve estará operativo, y hacia final de esta década se incorporará el Telescopio Extremadamente Grande (ELT) y el radiotelescopio SKA.

La combinación de todos ellos, junto con ALMA, proporcionará, según Jorgensen, “una gran cantidad de resultados interesantes”.