La reclusión misógina de la exsecretaria Rosario Robles Berlanga, quien pronto cumplirá 870 días privada de su libertad. FOTO: SEM MÉXICO.

México, mayo (SEMlac).- El ominoso caso de Laura Morán y Alejandra Cuevas, acusadas fuera de la Constitución por el procurador Alejandro Gertz Manero, con cárcel de más de 500 días; la reclusión misógina de la exsecretaria Rosario Robles Berlanga, quien pronto cumplirá 870 días privada de su libertad; y la denuncia de 163 mujeres sobre sus condiciones de vida en reclusión detonaron respuestas políticas y anuncios rimbombantes en favor de la justicia para las mujeres, palabras acumuladas que cobraron presencia pública.

Hechos, los de las mujeres con alta voz, han movilizado respuestas políticas. Han sacado a la luz la crisis de la aprehensión femenina en México, estudiada pacientemente por la agrupación Justicia para las Mujeres y Documenta Asociación Civil.

Solo en Santa Martha Acatitla hay 1.400 mujeres. Ahora el jefe de Morena en el Senado, Ricardo Monreal Ávila, anuncia nuevas leyes para acelerar resoluciones a la prisión injusta y sin sentencias y en ese órgano legislativo comenzaron una serie de conferencias sobre “Maternidad acompañada”. Siguen las palabras.

Ellas en reclusión
Las mujeres representan el cinco por ciento de la población penitenciaria en México, y al ser un porcentaje menor, en contraste con los hombres, ha sido un sector invisibilizado. Gran parte de los reclusorios femeniles en el país son mixtos y no cuentan con una correcta separación, lo que llega a causar muchos problemas como prostitución y extorsión, indica la organización Documenta.

Y acusa: en el Centro de Readaptación Social Santa Martha Acatitla existe una red de trata de personas, de ahí llevan a mujeres a la Penitenciaría para prostituirlas. En esta red de trata de personas participa tanto el personal penitenciario, como internas e internos. Los y las periodistas que han intentado investigar sobre el caso han recibido amenazas de muerte por parte de los custodios, es por eso que no es un tema muy conocido por la opinión pública.

Fuera de los centros penitenciarios, se exige la justicia, la seguridad y el fin a la violencia en contra de las mujeres; pero nos olvidamos de las mujeres privadas de libertad que se encuentran en un estado muy vulnerable. Si se quiere erradicar la trata de personas, se debe empezar por las prisiones, desmantelando las organizaciones que llevan a cabo esta práctica y que operan por medio de la corrupción.

Luego relata la visita a la Torre Médica de Tepepan, otro de los centros penitenciarios de población femenina. Allí hay seis camas y también privados para las internas con un estado de salud más delicado o con alguna enfermedad altamente contagiosa. Las principales enfermedades que se atienden en la Torre Médica son diabetes, VIH, fracturas y lesiones. Además, se practican cesáreas y partos. Hay vidas que comienzan detrás de las rejas sin haber cometido ningún delito.

Las mujeres privadas de su libertad tienen derecho a embarazarse y a tener a su hijo o hija con ellas, dentro de la prisión.

Estos son “niños invisibles”, así se les llaman a los menores que nacen en prisión y no son considerados en ningún presupuesto. Anteriormente, no existía una ley que determinara hasta qué edad los niños podían permanecer en prisión con sus madres, ni cuál era la responsabilidad del sistema penitenciario con ellos.

Desde 2016 entró en vigor la Ley Nacional de Ejecución Penal que regula la maternidad detrás de las rejas y la situación de los “niños invisibles”. En este texto se busca reconocer a los niños y niñas que se encuentran viviendo en las cárceles del país. La Ley Nacional de Ejecución Penal establece que los infantes podrán permanecer con sus madres hasta los tres años. Sin embargo, varios centros penitenciarios no cuentan con la infraestructura para otorgarles una vida digna ni siquiera durante este período de tiempo.

Lo cierto es que no existe un conteo oficial sobre el número de menores que están viviendo con sus madres dentro de prisión. El no tener idea de esa cantidad que integra la población de las prisiones, hace imposible la tarea de cubrir sus necesidades. Los niños y niñas detrás de las rejas siguen permaneciendo invisibles para el gobierno y la sociedad.

Los casos
Marta, por ejemplo, a pesar de haber cumplido su condena hace un año, continúa viniendo a la prisión. Ella fue una de las mujeres que llamó la atención desde el primer filtro, fue con una sonrisa en el rostro y en un tono familiar se dirigió a todos los custodios. Marta no se olvida de las hermanas que hizo en la cárcel y tampoco de lo difícil que puede llegar a ser no tener visitas, por eso ella asiste, para que sepan que no están solas.

De estas mujeres habló Alejandra Cuevas. De ellas habla la carta de 163 mujeres al presidente de la Suprema Corte, de ellas habla Rosario Robles y de ellas documenta XJusticia para las mujeres. De muchas que han llegado, dice X, porque transportaron casualmente droga y son ellas a las que hace tres años este gobierno ofreció amnistía, sin que sea cierto.

La vida de una mujer privada de su libertad no es fácil. En situaciones de abandono es difícil que logren ver más allá de las cuatro paredes en las que están encerradas. La hermandad que se crea entre las reclusas es lo que les ayuda a sobrevivir en la cárcel. Por eso se juntaron ahora.

Las demandas
En las organizaciones civiles, tanto como en los estudios del Centro de Investigaciones y Estudios de Género (CIEG), se ha llegado a la conclusión que es impostergable que los casos se juzguen desde una perspectiva de género, de la que también se ha llenado la boca, durante casi una década, la hoy senadora Olga Sánchez Cordero.

Otras cosas que se deberían tomar en cuenta al dictar sentencia, hay mujeres inocentes, cuyo delito fue amar a un hombre que delinquía, hay otras que son culpables, porque decidieron matar antes de permitir que alguien les hiciera daño a sus hijos o hijas, hay otras que, al verse en esta situación, tendrán que aprender a compartir su maternidad, porque se tiene que repartir la responsabilidad cuando sabes que tienes 200 años de condena y solo tendrás a tu hijo por tiempo completo los primeros tres años.

Varias clases de mujeres se pueden encontrar en prisión; sin embargo, la mayoría han sido olvidadas por aquellos que las amaban y se enfrentan a la privación de su libertad solas, olvidadas, porque ser mujer y cometer un crimen no llega ser perdonado tan fácilmente por esas personas que creías que se quedarían contigo toda la vida.

El coordinador parlamentario de Morena, Ricardo Monreal Ávila, dijo el pasado martes que en el Senado se buscará modificar el sistema normativo para garantizar el acceso a la justicia a las mujeres, mejorar las condiciones en las que se encuentran quienes son reclusas y puedan obtener su libertad las que purguen una condena injustamente.

El Presidente de la Junta de Coordinación Política destacó que 87 por ciento de las mujeres que están procesadas o sentenciadas, son madres de hijos o hijas, y “es terrible la soledad y la condición” en la que se encuentran.

Y habló de la “Fundación Rebeca Lan”, otro grupo que las acompaña, asesora y mitiga los momentos de silencio y de dolor al que se enfrentan.

El Senado, ahora, dice: las mujeres en prisión además de sufrir, son invisibilizadas y no se acuerdan de ellas; “es terrible la soledad y la condición en la que están”, expresó Monreal Ávila.

“Maternidad acompañada”
El 10 de mayo, en 2022, se convirtió en arena pública y refrenda, de paso, el papel histórico de la maternidad.

Al inaugurar estas conferencias, las senadoras aprovecharon para narrar lo que, desde su punto de vista, ha sido la experiencia de la maternidad. Un poco ideal y con lenguaje emocional, el de todos los tiempos, el que oculta lo que Marcela Lagarde y de los Ríos llama el cautiverio de la madre-esposa.

Mientras Monreal Ávila lanzaba la propuesta por reglamentar y asomarse a la condición injusta de la reclusión, la ex ministra de la Corte, Olga Sánchez Cordero, inflamada dijo algunas letras que vale la pena rescatar:

El 24 de marzo de 2016 se publicó por en el Diario Oficial de la Federación (DOF) el Decreto Presidencial, por lo cual se estableció el 9 de mayo como Día Nacional de la Salud Materna y Perinatal, por lo cual Sánchez Cordero dijo que, a un día conmemorativo, y el 10 de mayo, las mexicanas y mexicanos celebramos con mayor cariño y convicción a las Madres.

Si dijo que la pandemia por covid-19 aumentó la tasa de mortalidad materna, que venía ya en franca disminución en el país y reconoció que son las madres quienes enfrentan la discriminación en los empleos, y eso se hizo más patente durante la pandemia; quienes tienen una doble o triple jornada.

Y agregó, como sin nada “¿Pero saben qué? Esa doble o triple jornada, yo no he visto a ninguna madre que no la haga con gusto, que no la haga con placer de servir a sus hijos y a su familia”.

Luego, como acostumbra, se auto refirió: “Muchas de nosotras somos madres, abuelas, somos hijas, aunque nuestras madres se nos hayan adelantado; pero finalmente esta relación materno filial es una de las relaciones más estrechas, más profundas, más intensas, ¿por qué? Porque llevamos a nuestro hijo, a nuestra hija en nuestro vientre muchos meses”.

Y agregó: “Al final, lo vimos nacer, estamos pendientes de sus preocupaciones, de sus anhelos. Mi madre un día me dijo, y lo compartía yo hoy en la mañana; cuando nació mi primera hija, ya no quiero decir hacer cuántos años, porque me dice “mamá, tú todo el tiempo me balconeas por la edad”.

“Me dijo mi mamá, hace más de 50 años: “hijita, a partir de este momento no vas a dormir tranquila”. Y fue todo un decreto, el decreto de que efectivamente, nuestras preocupaciones, las preocupaciones de nuestros hijos, son nuestras preocupaciones. Sus éxitos, son nuestros éxitos. Y, después, ya cuando los nietos y nietas vienen, se nos quintuplican las preocupaciones y seguimos pendientes de ellos.”

“Yo quiero compartirles dos cosas: Una, mi madre estudiaba derecho, se quedó en tercer año, pero era verdaderamente un estigma que una mujer casada continuara sus estudios. Tenía que abandonar los estudios y ella tuvo que hacerlo así apenas contrajo matrimonio.

“Y otra cosa que quiero compartirles, ya en esta inspiración, porque ella fue la que me llenó de cariño y de ternura, misma que posteriormente yo compartiría con mi familia; y ella me dijo: `Mira, hijita -era muy sabia y me dijo- Tú puedes tener, como lo tienes, un marido que te entienda, que te apoye, -a propósito de maternidad acompañada- que te acompañe, -y de hecho le agradezco y lo he tenido siempre- pero tus hijos y tus hijas nunca van a entender de chiquitos y también de grandes, pero sobre todo de pequeños, nunca van a entender que una mamá que trabaja no los puede ver todo el día. No pueden entender que su madre no esté presente´”.

Intentó una crítica: “Tú puedes tener un marido que te acompañe, que te deje ser, que te apoye profesionalmente, pero ellos no van a entender que eres una mujer profesionista. Ellos saben lo que quieren: quieren una mamá; quieren una mamá cerca, quieren una mamá que les dé cariño, quieren una mamá que les dé ternura, quieren una mamá que tenga el contacto físico de la piel contigo, y eso no se los van a dar más que tú”.

La maternidad no es fácil, menos en la cárcel
Sánchez Cordero, que acaba de dejar la presidencia de la mesa directiva del Senado, dijo, también, en su pensamiento contradictorio: la maternidad no es fácil, no es fácil; está acompañada de muchos y grandes retos, particularmente si se viven en condiciones extremas de violencias sociales y de violencia intrafamiliar.

De acuerdo con el Fondo de Población de las Naciones Unidas, la mortalidad materna es la principal causa de muerte entre mujeres en edad reproductiva en el mundo. Más de 1.500 mujeres y niñas mueren cada día a causa de complicaciones relacionadas con el embarazo y con el parto.

En México, la muerte materna, para Sánchez Cordero, lamentablemente sigue ocurriendo y afecta desproporcionadamente a las poblaciones de menores ingresos y a las mujeres, sobre todo indígenas. No habló del aborto inducido y en la clandestinidad.

El otro escenario
Mientras las reclusas tuvieron mesas de trabajo con el presidente de la Suprema Corte de Justicia, es Monreal Ávila quien presentó, en el 10 de mayo, una carta.

Es la misiva de María del Carmen, una mujer que asegura estar en prisión por un delito que no cometió, en la cual narra la tristeza por la que pasa al estar alejada de su familia.

“Tengo 47 años de sentencia, y apenas van tres. Estoy aquí por el delito de homicidio. Eso es todo lo que sé. La razón por la que me encuentro aquí es porque todo ocurrió en una riña, en unos bailes del pueblo donde vivía”, relató Ricardo Monreal.

La carta: “Me acuerdo que cuando era una niña, no sufrí con mis papás, ellos ya eran grandes de edad, pero aun así trabajaban muy duro para darnos lo que necesitábamos.

“Desgraciadamente éramos muy humildes; ellos no tenían muchos recursos para darnos y yo me fui a la escuela como podía. Salíamos en la madrugada, y de ahí caminábamos kilómetros hasta la escuela.

“Mi papá trabajaba en el campo, en la leña, y mi mamá tallaba pencas de maguey y de ahí sale el estropajo que se vende en las calles, y así salimos adelante.

“Terminé mi primaria y me puse a trabajar, una vez que pude ayudarles. Años después me casé, tuve a mis hijos, a mi esposo y siempre intenté platicarles cómo fue mi niñez, aunque no teníamos muchas cosas que decir; cosas materiales. Teníamos salud, voluntad de salir adelante y sobre todo a nuestra familia.

“Desgraciadamente ya no tengo a mis papás, y no saben cuánta falta me hacen. Ahora estoy en la cárcel por un delito que no cometí. Es más, ni siquiera conozco a la persona por la cual me acusan.

“Lo más triste es que dejé a mi familia, que son mis hijos, hermanos y esposo. Estoy pasando por una increíble tristeza, porque cuando vienen a verme, llegan llorando y se van llorando.

“Yo no puedo hacer nada, no sé cómo ayudarlos, tengo las manos atadas. A veces sueño despierta mientras se van, e imagino que cuando camine hacia ellos nada me va a detener. Después pienso que soy afortunada porque yo tengo visitas, hay compañeras que no han visto a sus familiares en 10 años o más.

“Ahora tengo nietos, que ni siquiera conozco, y eso es muy triste. Le pido mucho a Dios que me dé fuerza y que me dé fortaleza para poder seguir adelante. Quiero salir para estar con mi familia, disfrutarlos, como yo solo sé hacerlo. Hemos estado mucho tiempo separados, sin poderles dar abrazos. Cuando vienen, trato de mostrarme positiva, pero realmente no quiero ni puedo platicarles cómo me siento.

“Tengo 47 años de sentencia, y apenas van tres. Estoy aquí por el delito de homicidio. Eso es todo lo que sé. La razón por la que me encuentro aquí es porque todo ocurrió en una riña, en unos bailes del pueblo donde vivía. “Cuando me metieron aquí, les preguntamos la policía la razón de nuestra detención, pero no tenían un motivo. Ellos solamente llegaron a la casa y nos dijeron que nosotros habíamos sido los responsables de un homicidio.

“A mis hijos les quiero decir que son los mejores hijos del mundo. Estoy muy orgullosa de lo valiente que han sido, porque cada vez que alguien les pregunta sobre mí, no les da vergüenza decir que su madre está en prisión, porque saben que soy una buena persona.

“A mi esposo, muchas gracias por cuidar de nuestros hijos y seguir al pie del cañón. Les digo que los amo con todo mi corazón. Pero así sea solo por un milagro, volveremos a estar juntos. María del Carmen”.