Atenas, 4 mar (EFE).- La reciente muerte de la ballena Sotiris (Salvador) tras haber aparecido varada en una playa de Atenas y la aparición de otros tres cetáceos desorientados en la costa de la isla de Corfú ha hecho saltar las alarmas sobre la situación de estos mamíferos en el Mediterráneo, un pequeño mar con muchos recursos que ofrecer pero también extremadamente vulnerable.

Sotiris era un ejemplar de la especie de los zifios (Ziphius cavirostris), unos animales que suelen habitar en zonas hondas y que son capaces de sumergirse hasta 3 kilómetros de profundidad, por lo que son muy difíciles de observar.

Su devolución al mar -primero exitosa, pero después letal- acaparó durante días la atención de la opinión pública en Grecia, un país poco dado a prestarle atención a la información medioambiental.

Pocos días después, las alarmas saltaron de nuevo cuando tres zifios más fueron hallados tras encallar en las playas del oeste de la isla griega de Corfú, en el mar Jónico.

Varias ONG se apresuraron a atenderlos y, finalmente, todos fueron devueltos mar adentro en buen estado, pero la principal causa de aquel susto no dejaba lugar a duda para los voluntarios: el barco de investigación sísmica SW COOK.

Esta embarcación, contratada por la empresa Hellenic Petroleum (ELPE) para explorar posibles yacimientos de gas y petróleo en el mar Jónico, llevaba semanas emitiendo potentes ondas acústicas submarinas, posiblemente capaces de alterar la orientación de los zifios, en una amplia zona cercana a Corfú.

Tras el incidente, 15 organizaciones mandaron una carta conjunta al ministerio griego de Medio Ambiente y Energía solicitando el cese inmediato de los estudios sísmicos en la zona, que además está catalogada como Área Importante para Mamíferos Marinos (IMMA).

En un acto que sorprendió a los ecologistas, el ministerio ordenó el cese temporal de las operaciones, y exigió un informe “inmediato y detallado” a ELPE y a la empresa estatal de Gestión de Recursos Hidrocarburos Helenos (EDEY) que corroborase que estaban siguiendo las directrices de medio ambiente establecidas.

Sin embargo, como posteriormente confirmó a Efe la empresa EDEY, las tareas del SW COOK se reanudaron, sin previo aviso, tan solo un día después de haber recibido la petición del informe.

El argumento esgrimido fue que no había ningún vínculo entre exploración de la zona y el incidente con las ballenas.

“Nos dicen que no hay ninguna conexión con los zifios varados a pesar de que no pueden saberlo, no hay ningún informe y no tienen evidencias científicas del impacto real que están causando”, denuncia Kostís Grimanis, activista miembro de Greenpeace, a Efe.

EDEY atribuyó la desorientación de estas ballenas al incendio del Euroferry Olympia, ocurrido dos días antes al norte de Corfú, o al posible uso de sonares durante maniobras militares en la zona, algo que en el pasado se ha demostrado que causa fenómenos similares.

De hecho, el mismo día que se hallaron los tres zifios, la OTAN inició las maniobras militares DYNAMIC MANTA 2022 en el mar Jónico, unos ejercicios antisubmarinos que requieren el uso de potentes sonares.

La hidrobióloga Anastasía Milíu, directora científica del Instituto “Archipélagos” de Conservación Marina, cree que tanto la presencia del SW COOK como las maniobras militares de la OTAN podrían ser la causa de la desorientación de los animales.

“Lo más adecuado sería realizar una investigación para comprobar las verdaderas causas de lo sucedido. Hasta entonces, las exploraciones sísmicas deberían suspenderse como medida de prevención”, comenta Milíu.

“Los animales que aparecen varados son solo la punta del iceberg, no sabemos cuántos más mueren directamente a causa del ruido marino. Lo que está claro es que no estamos preparados para lidiar con este tipo de situaciones, nos hacen falta mejores instalaciones para tratar a estos animales”, añade la hidrobióloga.

El Instituto “Archipélagos” prevé inaugurar pronto un santuario de mamíferos marinos en la isla griega de Lipsi, en el Egeo, que se centrará en el rescate y la rehabilitación de estas especies.

Sin embargo, los expertos coinciden en que siempre es mejor la prevención, y eso pasa por reforzar la protección legal de las zonas en las que se concentran los mamíferos marinos, tanto en aguas territoriales como internacionales.

Por esto, las miradas de muchos biólogos marinos se centran ahora en la cuarta y última ronda de negociaciones del Tratado Global de los Océanos, que dará comienzo el lunes en la sede de las Naciones Unidas y podría contribuir a mejorar la situación legal de esas zonas.