ONUMujeres publicó el pasado jueves un plan feminista para la transformación y la recuperación económica que se nutre de lo aprendido durante la pandemia de Covid-19 y las crisis anteriores. FOTO: SEM MÉXICO.

México, septiembre (SEMlac/NoticiasONU).- ONUMujeres publicó el pasado jueves un plan feminista para la transformación y la recuperación económica que se nutre de lo aprendido durante la pandemia de Covid-19 y las crisis anteriores.


Ahora que el mundo debe decidir si perseverar en los errores del pasado o aprovechar la oportunidad para hacer las cosas de un modo distinto, el nuevo informe principal, enmarcado en el primer plan de las Naciones Unidas de este tipo, utiliza los datos, análisis y aportaciones más recientes proporcionados por más de 100 especialistas internacionales para plantear una visión y estrategias concretas que permitan situar la igualdad de género, la sostenibilidad medioambiental y la justicia social en el centro de los esfuerzos mundiales de desarrollo.


El informe, denominado “Después de la Covid-19: Un plan feminista para la sostenibilidad y la justicia social”, detalla el modo en que la pandemia ha exacerbado las desigualdades de género previas y ha puesto de manifiesto las debilidades de la ya frágil economía del cuidado a escala mundial.


En 2019 y 2020, las mujeres perdieron 54 millones de empleos en todo el mundo, una situación que se suma al hecho de que, incluso antes de la pandemia, asumían el triple de trabajo de cuidados no remunerado que los hombres. La degradación medioambiental afecta de forma desproporcionada a las mujeres, a quienes se deja fuera de la toma de decisiones sobre las políticas y la financiación para luchar contra el cambio climático.


El empleo masculino se habrá recuperado para finales de 2021, pero todavía habrá 13 millones menos de mujeres con un trabajo.


Esta terna de crisis interconectadas -la laboral, la de los cuidados y la climática-, socava sistemáticamente la igualdad de género y amenaza la supervivencia de los seres humanos y del planeta, pero también representa una oportunidad para cambiar de rumbo.


“Nunca antes había estado tan clara la necesidad de un nuevo contrato social que aporte sostenibilidad y justicia social para toda la población. Tenemos una oportunidad única de romper el ciclo vicioso de la inseguridad económica, la destrucción medioambiental y las políticas excluyentes y de crear un mundo mejor, más igualitario con las mujeres y más sostenible.


El Plan establece una hoja de ruta para hacer frente a estos desafíos y recuperar el terreno perdido en materia de igualdad de género y derechos de las mujeres”, afirmó Pramila Patten, directora ejecutiva interina.


“Después de la Covid-19: Un plan feminista para la sostenibilidad y la justicia social” presenta una visión surgida del aprendizaje de los errores del pasado para abordar las crisis interrelacionadas del clima, los cuidados y el trabajo.


Para abordar estas crisis transversales, ONUMujeres reclama mejores políticas, acciones e inversiones, que incluyen:
Invertir en la economía del cuidado y la infraestructura social, por ejemplo, con la ampliación de los servicios de cuidados de calidad para crear empleo e incrementar el apoyo a las personas cuidadoras no remuneradas, como han hecho países como Canadá y Argentina. La inversión pública en servicios de cuidados podría crear un 40-60 por ciento más de puestos de trabajo que la misma inversión en el sector de la construcción. En países como Brasil y Sudáfrica, se han implementado tras la pandemia transferencias en efectivo para personas que trabajan en la economía informal, dirigidas específicamente a las mujeres.


Aprovechar el potencial de la transición a la sostenibilidad medioambiental, que podría crear hasta 24 millones de empleos verdes en ámbitos como la energía renovable. Las mujeres han de tener la posibilidad de acceder a la parte que les corresponde de esas oportunidades, incluida la adquisición de las aptitudes y la capacitación necesarias.


Promover el liderazgo de las mujeres en todos los espacios institucionales: desde las esferas gubernamentales a la sociedad civil y el sector privado, especialmente en la respuesta a las crisis.


A pesar de haber estado en la primera línea de batalla frente a la Covid-19, ya que constituyen el 70 por ciento de las personas que trabajan en la atención sanitaria en todo el mundo, en la actualidad las mujeres ocupan tan sólo el 24 por ciento de los puestos en los grupos de trabajo sobre la Covid-19 que coordinan la respuesta normativa en todo el mundo.


Aumentar la financiación a las organizaciones de mujeres. A pesar de su función esencial como organismos de protección que aportan una red de seguridad social en las comunidades, lamentablemente las organizaciones de mujeres están infra financiadas.

En 2018-2019, las organizaciones dedicadas a la defensa de los derechos de las mujeres recibieron solamente el uno por ciento de la ayuda que los países miembros del Comité de Asistencia para el Desarrollo de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (CAD-OCDE) destinaron a la igualdad de género, que de por sí representa una ínfima fracción de la cuantía total.


Para financiar estas medidas, es urgente poner en marcha políticas macroeconómicas transformadoras, incluidos impuestos progresivos y, especialmente para los países de ingreso bajo, cooperación internacional y alivio de la deuda. También será fundamental lograr un cambio en las relaciones de poder para amplificar las voces de los grupos históricamente excluidos y garantizar la incorporación eficaz de la perspectiva de género en todos los ámbitos.