San Francisco, 4 ago (EFE News).- El viento fuerte y seco que sopla este miércoles está dificultando las tareas de extinción del mayor de los incendios activos en California, declarado hace tres semanas y que sólo está contenido en un 35 %.

En su último informe publicado este miércoles, el Departamento Forestal y de Protección contra Incendios de California (Cal Fire) informó que el viento que sopla en los angostos cañones de la zona “está dificultando el control”.

El incendio, bautizado como Dixie por las autoridades, ya lleva arrasadas más de 110.000 hectáreas y ha forzado el desalojo de los en torno a 1.000 vecinos de Greenville, en la ladera de la Sierra Nevada, en el noreste californiano.

El fuego es el undécimo mayor jamás registrado en la historia del estado y trabajan en él más de 5.000 bomberos.

Aunque la investigación sobre la causa del incendio todavía sigue abierta, la principal hipótesis con la que se trabaja es la de un fallo en la red eléctrica.

El fuego trae los peores recuerdos a los vecinos de la cercana Paradise, una ciudad que fue arrasada en 2018 por el incendio más mortífero de la historia de California.

Ese incendio, en el que fallecieron 85 personas, también se inició por un fallo en una línea de transmisión de electricidad.

Fuera de California, en el vecino estado de Oregón sigue activo el que actualmente es el mayor de todos los incendios de EE.UU., el conocido como Bootleg, que fue declarado tras la caída de un rayo el pasado 6 de julio en la zona boscosa de Winema-Fremont.

Las llamas ya han calcinado más de 167.000 hectáreas, pero los bomberos han logrado importantes avances en las últimas jornadas y lo tienen contenido en un 84 %.

Con la excepción del fuego de Dixie, la situación en cuanto a incendios forestales en EE.UU. se ha calmado significativamente en los últimos días con respecto a mediados de julio, pero las autoridades alertan de que el intenso calor y la sequía extrema obligan a no bajar la guardia.

En California, por ejemplo, el pico de la temporada de incendios se produce habitualmente entre septiembre y noviembre, por lo que todavía quedan varios meses de mucho peligro.