Toman la calle, protestan, gritan, hacen pintas. Tejen redes, escriben manifiestos y demandas, hacen paros y marchas, se organizan. Denuncian arbitrariedades e injusticias, persisten contra el acoso, la brecha salarial, la doble y triple jornada. Algunas llegan a la cima, otras van ocupando puestos intermedios, muchas pueblan la base, todas se mueven.

Caminan por las calles con la cara en alto, vestidas como se les antoja, alertas, vestidas para no llamar la atención, alertas. Aceleran el paso cuando cae la noche, hartas del riesgo de ser mujer, de ser niña que transita por avenidas y veredas. Ante la desaparición, la muerte violenta, la violación de una amiga, de la vecina, de una desconocida, de Jessica, Nayeli, Alondra y siete mujeres más cada día, exigen justicia.

Hartas del acoso en las universidades, indignadas ante el abuso institucional que envía a una estudiante a un penal de alta seguridad y deja intocados a los porros, claman #LibertadParaElis. Cansadas de peregrinar ante funcionarias indiferentes o incapaces, se encadenan a una reja, se atan a una silla, toman esos espacios inútiles para las víctimas, claman “¡verdad!” y “¡justicia!”. Sedientas de verdad, desoyen promesas falsas, se organizan en busca de sus desaparecidos, intercambian saberes, enseñan lo aprendido ante fosas y tribunales. Desenmascaran las falacias de gobernantes de todos los colores, desmontan con frases sencillas discursos plagados de hojarasca. “¡Hasta que la dignidad se haga costumbre!”. “¡NiUnaMenos!”. “¡Estado feminicida!”.

Sin líder, carnet de militancia ni permiso de ningún supremo; sin previa autorización de ninguna “voz autorizada”, ajenas a las pugnas partidistas, inaprehensibles en su diversidad para las mentalidades binarias, irreductibles a una, dos o cien etiquetas, pero unidas contra la desigualdad, la violencia y la injusticia, son las “intrusas”, las “incómodas”, las “disidentes”, las feministas.

Incómodas para un gobierno que quisiera verlas guardadas en casa, felices de cargar con doble y triple jornada, dispuestas a la abnegación por amor a ¿la patria? ¿la familia? ¿el patriarcado?

Incómodas para una sociedad machista que no asume su co-responsabilidad ante la violencia misógina institucional, criminal, social y familiar y sólo protesta, si acaso, ante las dos primeras, cuando le afecta.